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A la última será la vencida

La finalísima de los 5.000 metros, a ojos de Mario Torrecillas
A la última será la vencida
Mo Farah, perseguido por los etíopes | Uri Roura-WangConnection
12 Ago 2017 23:08

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La vida es así de rara y de especial.

Habría que remontarse a los Mundiales de Daegu 2011 cuando un etíope de poco pelo llamado Ibrahim Jeilan, ganaba con el saliente de su nuez al inglés Mohamed Mo Farah en la última vuelta.

Entonces, al terminar la carrera, el emperador Haile Gebrselassie, que estaba allí, dijo todo ufano y orgulloso: “Mo nunca ganará a los atletas africanos.”

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Y Farah le dijo: “De acuerdo, Haile.”

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Han pasado 6 años de aquello.Y la película, más o menos ya la sabemos ahora. Una película cuya trama parece de lo más inverosímil, pero del todo cierta.

Mo, de no ganar a los africanos, ha pasado a que los africanos no encuentren la manera de ganarle. Y este giro de guión tan inesperado, seguramente, es el misterio más grande que haya ocurrido en este deporte en todos estos últimos años, junto la incógnita de conocer el verdadero sexo de Caster Semenya.

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Hoy, Haile ya no es aquel Dios que se vestía de verde, sino el flamante presidente de la Federación Etíope de Atletismo. Y paradojas del destino, en sus manos ha estado confeccionar la elección de este equipo fantasía de 3 dinamiteros, que se han presentado hoy a la cacerola inglesa para intentar aguarle la fiesta al Sir inglés en su última gran cita mundial. Y vaya si lo han conseguido.

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Y a estos tres dinamiteros conviene situarlos en uno de los puntos del mapa de mayor complejidad que hay en el mundo, Etiopía.

Un país que más del 97 por ciento de la población vive con 2 dólares al día, con un índice de más de 300.000 niños con desnutrición. 100.000 de ellos mueren de inanición al año.

Hoy, Muktar Edris, Yomif Kejelcha, y Selemon Barega representaban a gran parte de esos niños supervivientes, cuya genética se ha hecho fuerte a fuerza de las cornadas del hambre.

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Conviene, pues, señalar esos avatares para entender que hoy uno de esos niños, Selemon Barega, con solo 17 años, se presentara a tutear a los gallos con la segunda mejor marca del año, 12:55. Algo que parece harto impensable que pueda suceder en cualquier país desarrollado. Y eso nos lleva a entender que en el atletismo se deben interpretar las marcas en función del lugar donde se suceden.

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Y ya en carrera, lo que esperábamos: Etiopía no es Kenia. Ni sabe hacer de Kenia, ni tenía por qué, sabiendo las características atléticas de sus tres chicos. Rápidos como aviones. Además, Etiopía nunca tira de saque porque su tradición atlética nunca ha sido esa: sería como cambiar el mecanismo de un reloj que funciona bien hace un siglo y hoy, Gebre, precisamente, no lo iba a cambiar. Su estrategia iba a ser otra. Y tanto que iba a ser otra.

Tampoco los etíopes tienen el estilo de Chelimo, afortunadamente. Dio mucho miedo en la salida ver a este keniano nacionalizado americano hacer el gesto de degollar sabiendo, además, que es un militar de alto rango del ejercito americano. Un fantasma, un juali (lo voy a borrar de mi Facebook).

Y viéndole así de encendido al militar a nadie le extrañaría que saliera como salió, disparado como un obús. Marcó el paso de la primera vuelta: 61 segundos. Luego arrrugó el morro de sargento chusquero y se tiró para atrás a esperar que otro con más galones hiciera todo el trabajo.

Los etíopes, educados y serviciales, parecían que daban las gracias al público Inglés por estar al final del grupo y disfrutar del gran ambiente que se respiraba. Aquello no parecía ir con ellos. Los pasos no eran nada del otro mundo, lentos y esperados, 2:45. A nadie se le quemaba nada.

Lo mas destacable era el forcejeo de Mo con el keniano Cyrus Rutto, que, inexperto, entró al trapo con el ingles y este le rugió y se amilanó, aprovechándose descaradamente de su inexperiencia.

En el kilometro 2, apareció un convidado de piedra, el australiano Patrick Tiernan, que se avanzó unos metros del grupo. Hizo también en cabeza el kilometro 3, a 8:32, mientras atrás el grupo se movía inquieto como el garbanzo en la boca de un viejo.

Justo en el paso del tercer kilómetro se pudo ver qué tipo de persona es Mo Farah, justo cuando se colocó el chaval etíope Barega a su lado y le metió un empujón lo suficientemente sucio como para quitarle la plata obtenida esta noche. Mientras tanto, Tiernan, el feliciano, alcanzó el kilometro 4 que lo clavó en 11:09.67 y ahí fue cuando se lo tragó el grupo como si fuera el tornado Twister.

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Y del 4 al 5 apareció la táctica que Gebre y sus chicos habían pactado en el hotel. Una auténtica emboscada. Todo estaba conchabado y estudiado para que Kejelcha tirara en el último kilómetro a 2:21 (el mas rápido en una final), y encerrara clarísimanente a Mo, con el fin de que Muktar Edris tuviera un pasillo de pétalo de flores sobre el tartán inglés para que pudiera progresar con facilidad y darle la estocada.

Y les salió de perlas. Sacrificaron a Kejelcha para llevarse el oro. Plata, Mo Farah. Bronce, el sargento chusquero, Paul Chelimo.

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A Mo le han dado esta noche donde más duele: en todo el morro y en su propia casa. Y más que eso, le han dado doblemente porque hoy ha perdido con las armas que le han hecho indestructible e imperturbable durante todos estos años: en la última vuelta y en su casa.

Si hubiera perdido de un ataque muy largo, seguramente lo toleraría mejor, pero, perder así le ha hecho que se revolviera de rabia aun más en el tartán. Por supuesto, no se esperaba menos del estúpido de Mo, y no ha ido a felicitar a Edris, como en su día tampoco lo hizo con Jeilan cuando le ganó. Ha sido Edris quien lo ha consolado igual que se consuela a un niño mimado que le han roto su juguete, aun teniendo la habitación llena de ellos.

Mo Farah saluda al público tras hacerse con la plata | Getty Images for IAAF

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Y le ha ganado Muktar Edris, un atleta que, en su época de júnior se le comparó con el gran Kenenisa Bekele, porque sus marcas de juventud eran parecidas al gran Kenenisa. Y esa sombra de Bekele le pesó durante algunos años. Y tanto que le pesó.

Hoy ha conseguido ser él, Edris, un muchacho libre de ataduras, el que ha conseguido destronar al gigante inglés, tal y como el inglés, en su día, destronara al genio etíope. La vida es así de rara y de especial.

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Y sí, Gebre, a la última fue la vencida.

Mario Torrecillas

Mario Torrecillas, escritor y guionista.  
Fue campeón de Taekwondo en la categoría de Peso Mosca. Estuvo en la selección española en el CAR de Sant Cugat, junto a compañeros que luego han sido campeones olímpicos de esa disciplina deportiva. Más tarde pasó por mil oficios (realizador de publicidad, guionista de cine y cómic). Durante cuatro años fue columnista de El Periódico y colaboró en RNE. Ha publicado dos novelas gráficas en Ediciones Glénat -Santo Cristo (2009) y El hijo (2010)- y una en la Ed. Penguin Random House (Mondadori), Dream Team (2015), actualmente pendiente de adaptación cinematográfica. En 2008 fundó PDA (Pequeños Dibujos Animados) pda-films, un proyecto que consiste en pasarlo bomba realizando películas de animación, con el que ha ganado premios en certámenes internacionales.  

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