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FIRMAS

Esforzarse y sacrificarse

LA ÁRBITRA CATALANA CECILIA MUÑOZ NOS CUENTA EN PRIMERA PERSONA UN FIN DE SEMANA EN "SU OFICINA"
Esforzarse y sacrificarse
La árbitra catalana Cecilia Muñoz
19 Dic 2019 20:12

7:30 h. Suena la alarma del móvil. Piensas que tienes suerte porque hoy te toca arbitrar en un campo cerquita de casa y no «madrugas». Llegas al campo a las ocho y cuarto de la mañana. El partido empieza a las 9:00. Ya ves a los peques correteando por el pasillo, entrando y saliendo del vestuario.

-¿Eres nuestra arbit?, me pregunta uno.

-Sí, hoy vengo yo. Corre al vestuario a cambiarte que si no el míster se enfada.

El peque entra al vestuario «¡¡¡¡Eeeeeeeyyyyy, el árbitro de hoy es una chicaaaaaaa, qué guaaaaay!!!!!». Sonríes. La cara de sueño se te va de golpe.

Te entregan las fichas y haces el acta, revisión y a hacer la salida oficial según el protocolo de la Federación Catalana de Fútbol. Inicias el partido. Lo acabas con un promedio de 5 botas atadas durante el partido. «Normal», pienso. Tienen 5 años y son puro amor. Sobre todo esa cara que se les queda de ternura cuando les preguntas:

¿Y cómo se pideeeee?

-Por favooooooor

-¿Y qué se dice despuéééés?

-¡¡¡Graciaaas!!!

Y entonces les das tu silbato para que no se llene de caucho mientras les atas las botas. Los padres que le dicen al pobrecillo que pite penalti ahora que tiene el silbato en la mano.

Un jugador de categorías inferiores golpea el balón | WangConnection

Un jugador de categorías inferiores golpea el balón | WangConnection

Termina el partido. Viene otro más en el mismo campo. Terminas todo y te duchas rápido, mirando el reloj y pensando cuánto tiempo tienes para comer. Por la tarde tocan los grandes: cadetes, juveniles… estos dan más guerra.

Comes rápido, quizá tienes media hora para cambiar las toallas, comer y vuelta al coche. Te viene un poco de sueño. Llevas toda la semana levantándote temprano para estudiar o trabajar y te viene el momento de siesta. «No importa, café y seguimos. Descansaré luego».

Llegas al campo. Los jugadores ya están en el vestuario con el altavoz a todo trapo bailoteando. No te queda otra cosa que seguir el ritmo. Y de nuevo: fichas, acta, revisión y partido. Estos ya te hacen correr, pero no importa: estás bien preparado físicamente.

Terminas el cadete y ya tienes la mente puesta en el partido de categoría de mañana. Si te pilla cerca, puedes dormir un poquito más. Te levantas a las 8:30, quedas con tus asistentes a las 9:15 para tomar un café y a las 9:30 ya en ruta. Llegas con tiempo suficiente al campo, por si aparcar es complicado, pero, como siempre, hay un hueco para ti delante de la entrada.

Los jugadores ven entrar a 3 personas y ya os reconocen. «Buenos días colegiados, os acompaño al vestuario».

Revisión del campo: redes, cuántos asientos hay en el banquillo: «¿Entran todos o ponemos un banco al lado? ¿Y los banderines de esquina dónde están?»

Vuelves al vestuario. Elegimos qué camiseta ponernos. «La que os guste más chicos, a mí me da igual. ¿Azul o Amarilla?», «a mí la amarilla no me gusta». Solucionado.

Acta, charla con los asistentes y salir a calentar. Se empiezan a notar los nervios. Intentas estar tranquila, que no se note. Bromeas un poco con tus compañeros para despejarte y relajarte. Los miras. El hecho de que ellos estén tranquilos te tranquiliza a ti también.

Cecilia Muñoz habla con varios jugadores | Cedida

Últimos progresivos y pa’dentro a ponerse la camiseta de partido. Banderines, bipper, silbato, moneda, tarjetas, tarjeta de reserva, boli, parche de orgullosa. Está todo. Mientras ellos hacen la revisión, tu apuras un último pipí. Coges el balón y ya estás más serio que «yo qué sé». Prefieres no saber qué cara tienes.

Todos en fila para pisar el césped. Respiras hondo. Escuchas los gritos de guerra de cada equipo. Piel de gallina. Miras a los tuyos «vamos a ser el mejor equipo hoy». Silbato de salida. No sabes cómo será este partido. Lo único que sabes son las sanciones que lleva cada equipo, pero siempre puede ser distinto hoy.

Estás atento a todo lo que pueda pasar. Contacto visual con tus compañeros de la banda, que hacen mucho trabajo por ti. Coordinación máxima. Compañerismo. Equipo.

No estamos los tres solos en el campo. Quizá tengamos informe, quizás no. Pero ves que tu profesor, delegado, amigo, pareja vino a verte, vino a apoyarte y, sobre todo, a ayudarte a mejorar. Siempre hay cosas para mejorar.

Media parte. Coges aire, te sientas y bebes agua. Me pregunta uno de los liniers sobre una falta o posible fuera de juego. «Olvídate de eso ya. Si no viste fuera de juego es que no es. Quedan 45 minutos y van a ir al 100 % hasta el minuto 48. Nosotros estaremos al 200 %».

Regreso al campo. Nos espera una segunda parte completamente distinta, pero terminamos contentos: hemos dado el máximo.

Llegas a casa con las piernas destrozadas. Termina una jornada y la semana que viene más.

No has podido quedar con tus amigos; pero no importa, porque recuerdas la ternura de los peques de ayer que te alegraron la mañana. Recuerdas que gracias al arbitraje has conocido a dos amigos que te han acompañado en la banda hoy. Recuerdas que estás en una oficina al aire libre, que practicas un deporte exigente. Y a ti te gusta lo difícil. Llevas tantos años trabajando bajo presión y tomando decisiones trascendentales en medio segundo (o menos) que el trabajo que tienes de lunes a viernes te resulta fácil, y para nada estresante.

Y sí, te has esforzado y sacrificado. Algunos se quejarán a veces, pero yo creo que de eso va la vida. Esforzarse y sacrificarse. Creedme que merece la pena.

Cecilia Muñoz, como árbitra de fútbol | Cedida

Cecilia Muñoz

Árbitra de fútbol y estudiante de Administración y Dirección de Empresas.


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