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FIRMAS

Los cinco sentidos

“El arte quizás sea un deporte, pero el deporte es un arte”, Pierre de Coubertin
20 Ago 2018 06:08

El arte y el deporte están más relacionados de lo que realmente pensamos, a través de los sentimientos y las sensaciones que nos provocan. Tal y como expresó Pierre de Coubertin (fundador de los Juegos Olímpicos modernos, para mas inri), el deporte es un arte o puede entenderse como tal, puesto que todo depende de la perspectiva con la que lo miremos.

¿No lo crees?

A propósito de este hilo, te proponemos un juego… ¿Qué crees que intentan representar estos cuadros?

Vista, 1617, Jean Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens | Museo del Prado

“Vista”, 1617, Jean Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens

La sensación que nos provoca un cuadro al mirarlo, observar el juego de colores y luces que hay en él, admirar la habilidad del artista para retratar, como si de una fotografía se tratase, un paisaje, una figura o un sentimiento…

Para algunas personas esta es una de las maravillas del arte, la explosión de sensaciones que provoca en el interior de quien lo observa; sin embargo, ¿solo un cuadro o imagen puede transmitir dicho sentimiento? Creemos que la respuesta es No.

¿Si no, cómo explicaríamos la sensación que tiene un deportista, (por ejemplo, un atleta) al salir a pista y ver a la gente animando? ¿Qué siente al comprobar lo grande que es la pista o el estadio donde compite, frente a lo pequeño/a que se puede sentir el deportista al observar todo eso?

Esa visión puede hacerte sentir que formas parte de algo mucho más grande, una fuerza colectiva donde muchas personas, algunas de ellas desconocidas, te están apoyando o animando desde las gradas.

(“Oído”, 1617 – 1618, ibidem)

La música, sin duda, es la gran aliada de este sentido; óperas, conciertos, musicales, teatro; música pop, rock, clásica, soul, jazz, blues… notas musicales y cuerdas vocales que se unen para provocarte escalofríos en la piel, para hacerte llorar, animarte, motivarte, tranquilizarte, alterarte.

¿Y cómo unes eso al deporte?

Tranquilizarte, como la voz de tu entrenador/a, padres, madres, fisioterapeutas, cuando te aseguran que todo saldrá bien, que esa lesión se va a curar.

Motivarte, cuando estás a punto de desfallecer en una carrera, de intentar saltar más alto, de lanzar afinando la técnica y con más fuerza… y te animan con ganas para que no decaigas, para que logres tu objetivo.

Alterarte, como el silencio que se siente en la pista segundos antes de que den la salida, y que en ocasiones hace más ruido que el propio ruido…

(“Olfato”, 1617 – 1618, ibidem)

El olfato y sus olores ligados a los recuerdos, a la cocina, a los postres, comidas familiares; a lugares, viajes exóticos, a la playa, al mar, a paseos por la ciudad y el olor de sus mil calles…

O también… el olor del ambiente cuando llueve y estás corriendo en la pista, entrenando; el olor de un abrazo (bien sea de consuelo tras una derrota o de alegría tras una victoria); el olor de esas zapatillas nuevas que llevabas tiempo buscando; de la crema solar en tu piel para no quemarte mientras entrenas; el olor de la cena que compartes con tu equipo tras un entrenamiento… porque, ante todo, el deporte forma amistades y numerosos recuerdos.

(“Gusto”, 1618, ibidem)

El gusto parece encontrarse reservado únicamente a los alimentos (¿a quién no se le hace la boca agua pensando en esa hamburguesa/ pizza/ antojo dulce o salado que a veces nos metemos entre pecho y espalda porque tu cuerpo parece que lo está pidiendo a gritos?); pero también puede relacionarse con situaciones de la vida, y entenderse de manera más metafórica, menos literal.

Porque… ¿no dicen acaso que el sabor de la derrota es amargo? Sensación que indigesta, que revuelve el estómago, el corazón y la cabeza, frente al sabor dulce de la victoria, que inunda el cuerpo y te hace sentir que flotas entre las nubes…

(“Tacto”, 1618, ibidem)

Y, por último, el quinto sentido… ¿qué decir de él? El tacto de tus manos cuando te apoyas en el tartán y sientes la dureza de la pista en las yemas de tus dedos; el golpe de tu rodilla al chocar con una valla, el sudor de tu piel tras un entrenamiento intenso; la sensación de volar justo antes de caer en la arena; notar como rozas con tu espalda el listón y mientras caes, piensas si se mantendrá en su sitio o no…

Todas estas sensaciones, compitiendo, entrenando, pensándolo en casa, en la cama antes de una competición importante, mientras te atas los clavos, los desatas, visualizas tu carrera, tu salto, tu lanzamiento… Todo esto acelera el corazón de nervios, de ganas, de incertidumbre, de miedo, de ilusión. Sensaciones tan profundas y duraderas en nuestra mente como las que podría provocarnos observar un cuadro de Rubens, escuchar una partitura de Beethoven, recordar olores de tu infancia, saborear tu plato favorito, o recibir el abrazo de alguien a quien quieres.

Solo hay que aprender a ver la magia en los pequeños detalles…

¿Y tú, sigues diciendo que el deporte no es un arte?

Adriana Barroso

Adriana Barroso. Graduada en Filología Hispánica. Atleta y soñadora.


Etiqueta asignada a este artículo
Arte

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