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Campeonatos sin oficio ni beneficio

Algunas competiciones parecen carecer de interés hasta para su organización responsable
Campeonatos sin oficio ni beneficio
Llegada de los 400 metros vallas del Iberoamericano 2016 en el vacío estadio João Havelange de Río de Janeiro | CBAt
Atleta olímpico español, especialista en 1500 metros
18 May 2016 09:05

Este fin de semana han tenido lugar dos campeonatos de atletismo de presunta relevancia, uno de carácter internacional y otro nacional, como son el Campeonato Iberoamericano de atletismo de Río de Janeiro, y el Campeonato de España Universitario celebrado en Murcia. Cada uno en su contexto corresponde a priori a atletas con diferentes objetivos y de distinto rango, si bien ambos son entendidos como campeonatos menores principalmente destinados a “segundos espadas” y no a las principales estrellas del atletismo, con sus lógicas excepciones.

Yo mismo he tenido la oportunidad de participar en uno y otro estos últimos años (Sao Paulo 2014 y Cartagena 2015) y he podido constatar en persona lo que desde la distancia se confirma en cada nueva edición, una característica común a ambos, y es que se trata de dos competiciones organizadas con aparente pereza y cierto desinterés. Parece como si los órganos responsables de los mismos mantuvieran ambas citas por pura inercia, por cumplimentar una especie de expediente, que por un interés real en celebrar una competición atractiva, vistosa y de referencia, cada una en su ámbito.

El Iberoamericano es un campeonato bienal que aglutina a algunos de los mejores atletas del continente sudamericano, junto a los países de la península ibérica y alguna de sus antiguas colonias. No hay marcas mínimas de participación sino que cada país, en función de su potencial y del interés de sus atletas, lleva al mismo una selección de mayor o menor nivel. Precisamente una de las mejores ediciones que se recuerdan fue la celebrada en Huelva en 2004 (y que posteriormente daría lugar al Meeting Iberoamericano) en cuanto a su organización, seguimiento y nivel de participación. A partir de ahí la decadencia a todos los niveles ha sido notable. La coincidencia dentro de la temporada con otros eventos internacionales de mayor trascendencia (Juegos Olímpicos principalmente) marca las fechas de celebración y el nivel de participación, que varía sensiblemente de una edición a otra en función de la conveniencia de los atletas de mayor relevancia de tomar parte en este campeonato sin entorpecer la preparación de sus principales objetivos.

Lo que predomina en la actualidad son estadios de dimensiones desproporcionadas vacíos, casi nula repercusión mediática y pruebas despobladas que, en un deporte tan heterogéneo como el atletismo, hacen de las medallas un éxito cuestionable. Sólo hay que dar un repaso a los resultados de esta última edición para valorar, por poner un ejemplo, el indudable mérito de un bronce como el de Mark Ujakpor en los 400 vallas (49.65) en una final con hasta 7 atletas sub-50”, respecto al bronce en una prueba como los 20 kms marcha masculinos, en la que llegaron a meta 3 atletas de los 4 que participaban. Esa falta de uniformidad entre diferentes eventos dentro de una misma competición no permite premiar debidamente las medallas o puestos de mayor valor por motivos obvios, ni por tanto que progresen las pruebas menos concurridas, en un círculo vicioso que habría que romper en aras de una mayor competitividad.

Dani Mateo, medalla de plata en el Iberoamericano 2016 | Wagner Carmo-CBAT

Prueba de 5.000 metros en el Campeonato Iberoamericano 2016 | Wagner Carmo-CBAT

El Universitario de pista, por su parte, es una competición dependiente del Consejo Superior de Deportes, que se celebra todos los años, junto a su homólogo de campo a través, y que debería ser un campeonato de referencia para los atletas que compaginan su carrera universitaria con su carrera deportiva, adaptado a sus circunstancias y con unos incentivos a su medida que estimulasen su participación y rendimiento en el mismo.

La realidad es que esas facilidades y alicientes para dichos deportistas-estudiantes dependen de la política de cada universidad en lugar de estar reguladas de manera homogénea, y por supuesto, hay de todo: algunas que ofrecen suculentas becas o premios, otras que se limitan a facilitar el viaje o la inscripción, y otras que ya a lo largo del año entorpecen hasta el extremo que sus deportistas compaginen el deporte con los estudios, por lo que no hacen de este campeonato una excepción. La universidad que tira del carro del deporte académico en la actualidad es sin lugar a dudas la Universidad Católica de San Antonio de Murcia (UCAM). Sus recientes acuerdos de colaboración con el Comité Olímpico Español y las becas de las que disfrutan decenas de deportistas de alto nivel suponen una labor encomiable y sin cuya iniciativa lo poco que queda de deporte universitario en España estaría muerto y enterrado. La propia organización de cada nueva edición del CEU acaba recayendo año tras año en la UCAM, no sé bien si por méritos propios o deméritos de otras candidaturas (si las hubiere). La diversidad en cuanto al nivel de participación en cada edición y en cada prueba dificulta el establecimiento de un baremo según el cual premiar debidamente los puestos de honor, tal y como ocurre también en el Iberoamericano.

Creo que ambas competiciones, al igual que otras que ahora no vienen al caso pero que incurren en idénticas circunstancias, merecen una reflexión y ser repensadas, tener claros cuáles son sus objetivos y el ámbito en el que se desarrollan pero sin perder de vista el atractivo y el efectismo del que nuestro deporte en ocasiones tanto adolece. No renunciar a ello, en la medida en que sea posible, por tratarse de competiciones menores. Partir de cero si es necesario o desaparecer del calendario si es que nada más se puede hacer. Pero me niego a creer que sea así.

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Álvaro Rodríguez

Atleta olímpico español, especialista en 1500 metros

1 comentario

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  1. felipemg
    felipemg 18 Mayo, 2016, 17:00

    Creo que estos campeonatos atléticos son como la 2a división B de fútbol. No son mediáticas, ni su organización es perfecta ni vistosa, pero son imprescindibles para la continuidad y promoción del atletismo.

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