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Canción de Hielo y Fuego, episodio 5

Canción de Hielo y Fuego, episodio 5
06 Mar 2013 16:03

Marta Fernández se dispone a anotar una canasta | TWC

Bienvenidos al universo de la épica en el siglo XXI. Nuestras generaciones no están acostumbradas a escuchar juglares en las plazas públicas, pero seguimos teniendo devoción absoluta por las historias en las que un desvalido héroe, o heroína, va creciendo paulatinamente, sobreponiéndose a enemigos y destinos injustos para terminar triunfando en giros de guión tan esperados como enrevesados. Este triunfo final nos emociona, toca algo de esa fibra sentimental que reservamos para los domingos por la tarde; cerramos el libro o apagamos la televisión y nos quedamos callados, con la mirada perdida, pensando si alguna vez nosotros podríamos protagonizar toda la magia que encierran esas historias.

La épica se nutre de una aparente sencillez, que, al mismo tiempo, es su principal valor. Es la simpleza lo que la acerca a toda clase de públicos, lo que hace que niños salgan de la sala del cine luchando con espadas de papel contra dragones invisibles y los mayores cierren los ojos anhelando el beso que llega al escalar la torre. El último adalid de este género es el norteamericano George RR Martin, con su Canción de Hielo y Fuego, en la que una telaraña inabarcable de reyes, héroes y villanos, que nunca son lo que parecen, confluyen jugando al Juego de Tronos en guerras de sangre sin piedad, todo con el objetivo de conseguir la supremacía sobre los Siete Reinos de la Tierra de Poniente.

Bienvenidos al universo de la épica en el siglo XXI, donde los héroes y heroínas ya no luchan con espadas y a caballo, sino sobre zapatillas aladas y con un balón. Hay un Trono de parqué en juego, y los cuatro contendientes de la Copa de la Reina no van a reservar para conseguirlo ni un ápice de fuerza, destreza y magia, cualidades que adornan habitualmente a los protagonistas de estas historias.

En tanto no se permitan dragones para conquistar el triunfo final, son las alas de Marta Fernández las que han sostenido gran parte de la presente temporada del Perfumerías Avenida y las que, presumiblemente, darán empuje al equipo durante la disputa de la Copa. Una auténtica representante del hielo y el fuego, capaz de hacer arder canchas a base de relámpagos de juego, con penetraciones en extensión y fintas eléctricas dignas de la cámara lenta. Pero también de congelar el tiempo en el perímetro, haciendo largos los partidos mientras los ojos siguen la parábola que describe la pelota.

Lejos del ruido mediático, se muestra cercana; espontánea en la intimidad de un pasillo de vestuarios, delante de una grabadora, una cámara o un cuaderno de autógrafos, humanizando al personaje que cruzó
el Atlántico para formar parte del equipo rookie del año 2007 en la WNBA con Los Ángeles Sparks. Parte de esas chispas las sigue guardando en forma de sonrisas por las calles de Salamanca, si cualquiera la
reconoce, detiene o saluda, y sonríe del mismo modo al cruzar el parqué para volver al banco después de destrozar equipos y defensas planeadas milimétricamente; como la niña que forma parte de una saga
familiar de baloncesto y que siguiera jugando en una cancha de barrio de Badalona o Palma de Mallorca. Así, familiar y cálida, se reconocen en ella los valores que actualmente imperan en el deporte, por encima de las victorias a cualquier precio.

Sin embargo, ninguno de sus rivales espera ver aparecer dichas cualidades en Zamora, sino más bien la letal rapidez y visión de juego que ya la convirtieron en MVP de la Copa de la Reina hace 10 temporadas. Una jugadora decisiva en sí misma y que, al mismo tiempo, parte de un puzzle con el que Lapeña intentará mantener la condición de vigentes campeonas con la que las perfumeras llegan a este evento.

Bienvenidos a la épica del siglo XXI. Este género actualmente se nutre de heroínas como Marta Fernández, que volará a hielo y fuego tratando de escribir una nueva página para añadir a todas las exitosas entregas
anteriores. Avisad a vuestros libreros, porque si Marta saca a relucir la sonrisa, quizá el lunes después de la Copa podáis haceros con un nuevo capítulo de su canción, o quizá veáis a niñas con el número 5 a
la espalda practicando penetraciones en extensión por las canchas de vuestro barrio. Entonces, podéis dejar la mirada perdida a través de vuestra ventana y pensar, mientras suena una banal canción en la radio, que con el básket merecen la pena los mediocres días de lluvia, porque, en él, la magia aparece tan cerca que uno puede sentir que camina al lado de los protagonistas de las grandes historias.

Marta Fernández inicia el movimiento con sus alas | TWC


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Marta FernándezPerfumerías AvenidaSalamanca

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