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Con todo lo que la marcha nos ha dado

Con todo lo que la marcha nos ha dado
23 Abr 2014 18:04

Jordi Llopart, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de MOscú 1980

Jordi Llopart, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de MOscú 1980

Desde que en el año 1917 Alberto Charlot, un atleta español de padres franceses, compitiera por primera vez en la modalidad de marcha atlética, esta disciplina no ha hecho más que aumentar el número de atletas que lo practican. Gracias a ellos se enriqueció (y sigue hoy en día) ¡y de qué manera! el medallero del atletismo español en las grandes citas internacionales.

La marcha atlética, a la que muchos incultos y desconocedores de la misma denominan como rara, es la máxima expresión del andar. Un andar llevado con elegancia y rapidez, situado en el límite del ‘quiero-y-no-puedo-correr’, pero que si se ejecuta como se debe y se mira con ojos conocedores, llega a ser maravilloso, abrumador… extraordinario.

Tan extraordinario como el sendero de medallas que nos han ido dejando nuestros valientes marchadores a lo largo de la historia. Alrededor de ¡140! (sí, estás leyendo bien) son los metales que se han colgado en los distintos campeonatos internacionales, entre los que destacan los Juegos Olímpicos y los Campeonatos de Europa y del Mundo. Tanto es así, que desde el año 1983 casi la mitad de las medallas conseguidas por el equipo español en los mundiales al aire libre pertenecen a marchadores, como si fuera tarea fácil. 

Pioneros en prácticamente todo, son la luz que despierta el atletismo muy a menudo. Fue Jordi Llopart quien se subió al podio de unos Juegos Olímpicos por primera vez en toda la historia de nuestro atletismo. Lo hizo en el años 1980 en Moscú, en la prueba más larga de todas, los 50 km marcha y con una plata en el cuello. 20 años después María Vasco, también marchadora, daba otra alegría a este deporte siendo la primera mujer (y única por el momento) en colgarse una medalla en los Juegos, esta vez de bronce.

Apenas hay una gran competición sin que la marcha española se lleve su galardón en forma de metal bañado en oro, plata o bronce. Porque nunca defraudan. Con esto no quiero decir que otras disciplinas sí lo hagan, sino que ellos siempre están ahí, en la cima o muy cerca de ella, luchando como nadie contra los kilómetros. Ellos pueden y consiguen tambalear el imperio ruso, chino o lo que se les ponga por delante, sobre todo cuando actúan en conjunto. Ahí su poder es brutal.

Tenemos una grandísima y potentísima cantera en España que quizá no sea tan numerosa como la del fútbol, pero pone la nota de color y alegría cada vez que defienden la roja. Y no me estoy refiriendo a que lo hagan cada cuatro años, sino cada temporada. La marcha ha sido en diversas ocasiones la gran salvadora del equipo nacional de atletismo y eso es algo innegable.

Ante todo esto, no deberíamos hacer otra cosa más que mimar y cuidar a nuestros marchadores, deseosos de que sigan dibujándonos la más grande de las sonrisas cuando los vemos competir y entrar en meta, cuando sueñan y nosotros con ellos. Cuando nos hacen creer y sentir que el atletismo está muy vivo, que lo hacen revivir. Y sin embargo todavía muchos se empecinan en maltratar, desmerecer y (des)calificar de ‘rara y forzada’ a esta disciplina que tanto nos ha dado. Es triste ver la cantidad ingente de premios y medallas que han conseguido los marchadores y lo poco que se valoran. A ver cuándo nos enteramos de que en esta vida hay algo más que correr detrás de una pelota, o lo que es peor, ver el espectáculo sentado en el sofá, cerveza en mano y criticando lo que muchos son incapaces de hacer.

La marcha, como la vida misma, no sabes lo que implica hasta que no te sumerges ella o por lo menos realizas el esfuerzo de intentar entender todo lo que hay detrás, de empaparte de su esencia. Cuando se conoce toda la historia y todo lo que la marcha ha supuesto y supone hoy en día en el atletismo, sólo entonces, estaremos capacitados para criticar. De lo contrario, ‘mejor parecer tonto por callar que abrir la boca y demostrarlo’


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Marcha

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