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Copa de la Reina 2013 – Sede – Zamora

Copa de la Reina 2013 – Sede – Zamora
28 Ene 2013 14:01

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Zamora

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Tras la densa niebla, marcada por el paso de un caudaloso Río Duero, se alza Zamora, la capital peninsular del románico. Cada paso, en esta pequeña ciudad de provincias, es historia. Cada muro, cada esquina del casco antiguo tiene algo que contar. La muralla rodea una urbe en la que destacan, por encima del resto, la Catedral y el Castillo, recientemente reconstruido.

Ciudad de historias y leyendas; de cuentos medievales y refranes; de nostalgia de un tiempo pasado que siempre pareció mejor; de un recuerdo brillante que hace el presente melancólico; capital del orgullo de sus gentes por hacer valer su tierra y por ofrecer al visitante, siempre, lo mejor. La tranquilidad, como virtud para el paseante, hace del recorrido entre la Plaza Mayor y el Castillo; o, el trayecto por la ribera del Duero, un lujo en forma de remanso de paz.

En el sentido más pragmático y, quizá, menos romántico, Zamora es un lugar muy asequible a nivel de precio, tanto para dormir, como para sumergirse en su gastronomía, en la que destacan las sopas de ajo, las mollejas, el arroz a la zamorana, la ternera de aliste y los habones sanabreses, entre otros muchos platos, que pueden ir acompañados, a la perfección, por un buen vino de Toro. En ese sentido, los visitantes podrán elegir entre unas comidas con mesa y mantel y la abundante oferta de bares de tapas, situados en la, comúnmente denominada, zona de los Lobos, entre la Plaza de Alemania y la de La Marina.

En cuanto a la oferta museística, Zamora cuenta con el Museo Etnográfico de Castilla y León, situado en la carismática Plaza de Viriato, zona de paso entre la Plaza Mayor y la Catedral, y espacio reservado para la mítica estatua del pastor lusitano que le da nombre. Además, el Museo Provincial, el de Baltasar Lobo, el Catedralicio, el de las Aceñas y el Centro de Interpretación de las Ciudades Medievales completan una oferta interesante.

Capítulo aparte merece el Museo dedicado a la Semana Santa, el territorio donde descansan las imágenes que, durante diez días, encogen el alma de los zamoranos. La ciudad vive apegada a este evento durante todo al año, su influencia es palpable; el sentimiento, innegable. Los recorridos procesionales por la capital del Duero son un ejercicio de sobriedad, de introspección y de absoluto respeto. Es sobrecogedor. Su interés va mucho más allá del aspecto religioso y su mera existencia es algo intrínseco a una ciudad que se vuelca con la más internacional de sus tradiciones.

Del 8 al 10 de marzo, la Copa de la Reina devolverá a los focos a esta ciudad eternamente olvidada. Zamora tendrá impacto, saldrá en los medios y será relevante de forma efímera, antes de regresar a su vida lenta, al remanso de paz; justo en el momento en el que volverá la vista hacia el pausado discurrir del Duero para adaptarse a su ritmo y volver a vivir como se vive en la capital del Románico.

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