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Cuando unos viajan en Jimbo y otros a pie …

12 Mar 2014 10:03
La lacra del doping

La lacra del doping | soha.vn

En el día de ayer la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta del Cuerpo Nacional de Policía llevó a cabo una operación contra el tráfico de sustancias dopantes. Se efectuó en varias provincias españolas (Córdoba, Cantabria, Valencia, Málaga y Huelva). Al parecer, según fuentes policiales, se han incautado productos como ampollas y jeringuillas cargadas de hormonas del crecimiento, bolsas de sangre preparadas para transfundir, parches de testosterona, anabolizantes y EPO china, entre otros.

Entre los detenidos hay algún que otro atleta de élite, de los que tienen en su casa medallas internacionales, nacionales y que durante años han recibido el reconocimiento social y deportivo.

Probablemente no acertemos a encontrar el origen de todo. Me quiero referir al punto de partida desde el que el ser humano, el más fraudulento y tramposo de todos los seres que habitan nuestro planeta, comenzó a engañar a sus semejantes y a otros seres para conseguir algo, lo que fuera: comida, agua, una cueva calentita, conquistar un lugar, ganarse los honores para hacerse acreedor del cariño de una mujer, vencer en una competición, en una batalla …o en la bolsa, o vendiendo preferentes, o ganando unas elecciones mintiendo a millones de ciudadanos. Se suele decir que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo, pero tal vez se referirá a estos individuos que trafican con sustancias dopantes, más o menos nocivas, en lugar de a las mujeres que practican sexo a cambio de dinero o cualquier otra cosa en especie …

En la Operación Jimbo han cazado a un grupo de gente que vendía y traficaba con productos que se suelen utilizar para mejorar el rendimiento deportivo de forma artificial… y que son considerados prohibidos por las leyes antidopaje que están en vigor hasta el momento. O sea, es como traficar con drogas. Tengo meridianamente claro que alguien que trafica con estos productos es un ser sin escrúpulos, una persona capaz de hacer lo que sea, por pernicioso o negativo que sea, con tal de sacar beneficio o provecho propio. En este caso está claro que el fin es lucrarse a costa de la salud de los demás, sin importar los perjuicios que se les pueda ocasionar ni fomentar que esas personas engañen a sus semejantes ni a ellos mismos.

Cuando una persona decide recurrir a estos medios para mejorar su rendimiento, este salto al vacío se puede deber a diferentes causas, con muchas de las cuales se puede hacer un paralelismo a las que movían a nuestros ancestros de las cavernas a pasar por encima de sus congéneres. Eso sí, todas acaban en el mismo sitio: ganar, ya sea dinero, reconocimiento, medallas, trofeos, becas …

Muchas veces ellos suelen alegar (cuando deciden “confesar” tras haber sido cazados con el carrito del helado) que lo hacen porque, de no hacerlo, estarían en desventaja, ya que la gran mayoría de sus competidores van “hasta el culo” de todo. Cuando un deportista aficionado se dopa, se droga, para verse más fuerte, más guapo, más alto, se engaña a sí mismo y, tal vez, a la gente que le rodea. Allá él. Mientras no compita bajo unas normas y unas leyes el único directamente perjudicado es él, su cuerpo, su mente, su bolsillo, sus valores … Sin embargo, cuando un deportista recurre a sustancias nocivas, prohibidas, y ese deportista está federado y compite bajo unas normas, defendiendo a un club, a una comunidad, a un país …todo cambia. Chutarte hormona del crecimiento, meterte una o varias bolsas de sangre, inyectarte EPO es hacer trampas, es defraudar al resto de deportistas, el saltarse unas normas, es engañar a miles, millones de personas. A ninguno de ellos se le ocurrirá, por ejemplo, en una prueba de 3.000 metros obstáculos no saltar la ría o recortar en una curva …porque si los ven los descalifican. Pues doparse es lo mismo, es hacer trampas, es engañar, es conseguir dinero, premios, medallas, reconocimiento, estafando no sólo a las normas, sino también al sentido común, a los valores más básicos de honestidad, humildad, respeto, juego limpio.

¿Alguna vez se habrán mirado al espejo y habrán pensado “qué estoy haciendo”, “por qué lo hago”? ¿Habrán llegado alguna vez a la conclusión de que si no valen para esto (alguien que recurre a esas prácticas no debería ponerse un dorsal) sería mejor que se dedicaran a ir a la campaña de la fresa o a la de la vendimia en Francia? ¿Acaso cuando están en lo más alto del podio, oyendo el himno de nuestro país, llegan a pensar que somos todos imbéciles? Por la noche, en la oscuridad de su dormitorio, ¿podrán dormir tranquilos?

Fran Aguilera

Corredor, Diplomado en Educación Física, Monitor de Atletismo, Entrenador Nacional de Ciclismo. Mijas (Málaga)

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