Martes, 28 de Marzo 2017 | Actualizado a las 22:18
Síguenos en FacebookSíguenos en TwitterSíguenos en InstagramSíguenos en Youtube
EDITORIAL

Cuestión de todos

Cuestión de todos
19 Dic 2016 08:12
Compartir en Twitter Compartir en Facebook Compartir en Google+ Compartir en LinkedIn

Estos días pasados ha salido de nuevo al escarnio público de los medios de comunicación los abusos sexuales a menores en el deporte. No es un tema nuevo, de vez en cuando te enteras en el telediario de turno que fulanito ha sido acusado de vejaciones a niños y niñas menores de edad bajo su poderosa influencia.

A los que amamos el deporte se nos cae el mundo encima cuando estos abusos nos tocan de lleno. Ya sea porque la noticia relaciona el deporte que practicamos, ya sea porque conocíamos el entorno de la persona denunciada, o ya sea, simplemente, porque este tipo de sucesos chirrían a cualquier persona con dos dedos de frente.

¿Y si le hubiera tocado a alguien de mi propia sangre? Reflexionas, echas una mirada instantánea a tus hijos, sobrinos, nietos, hermanos y… no te quieres ni imaginar que les pueda tocar a ellos.

En esos momentos saltan todos los mecanismos de defensa. Llamas a tu familia, les transmites de forma alarmante lo que has visto, le mandas el enlace de la noticia, y a continuación le fríes a preguntas del tipo: ¿Conoces bien al entrenador? ¿No has notado nada extraño en el comportamiento del peque? ¿Estás seguro? ¿Por qué no llamas a algún padre o alguna madre del equipo? ¿Por qué no llamas al propio club?

Un mar de dudas empiezan a serpentear en tu mente con toda la razón del mundo. Un mar de dudas que, si no hubieras visto o leído la noticia, quizá jamás te habrían pasado por la cabeza. Por esta única razón, cualquier medio estaría cuasi obligado a perseguir y divulgar estos hechos que tan mal hacen a todos.

Por supuesto que la presunción de inocencia es inherente a nuestro derecho penal, y, por supuesto, debemos ser lo más precavidos y cautos posibles cuando nos llegan estas informaciones. El daño que se puede producir es muy grande y sólo la justicia podrá ejercer como tal.

Quizá algún lector no entiende por qué publicamos este tipo noticias sin un juicio de por medio. Nuestra responsabilidad es la de informar con la máxima veracidad y respeto posible. Pero si lo hacemos es porque, a veces, se dispone de más información que no se puede desvelar, pero que sí explica el hecho ocurrido.

Quizá, también, a veces no se entiende por qué los afectados no denuncian con anterioridad estos hechos. ¿Por qué personas tardan tantos años en contar lo ocurrido cuando ya ha prescrito el delito? En este caso, cada ser humano es un mundo, cada hecho es distinto y el daño producido puede ser tan grande que hasta te lo lleves a la tumba.

Por otro lado, es cierto que todos los colectivos poseen ovejas negras (con una sola basta), pero ¿cuántos casos de abusos a menores salen a la luz pública que no pertenecen exclusivamente al mundo del deporte? Por desgracia, aquí no se libra nadie.

Lo que sí debemos hacer todos es vigilar. Vigilar a nuestros pequeños, conocer a los mayores a quienes dejamos con la mayor confianza del mundo, observar cualquier circunstancia o comportamiento extraño, atender cualquier petición por absurda posible que nos parezca y, por supuesto, utilizar a cualquier profesional especializado ante la menor duda posible. La Guardia Civil da, en este enlace, una ayuda con las acciones a realizar cuando se presente un presunto caso de abuso sexual en nuestro entorno.

Los hechos ocurridos esta pasada semana no son los primeros ni serán los últimos, desgraciadamente. Por ello, cada uno de nosotros debemos ser conscientes de la gravedad de este tipo de situaciones, y, por ende, debemos velar todos por el pequeño, al ser la parte menos protegida.


Etiqueta asignada a este artículo
Caso Miguel Ángel MillánEditoriales