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Echo de menos a … Manolo Preciado

Echo de menos a … Manolo Preciado
03 Nov 2013 00:11

Estatua de Manolo Preciado en Giju00f3n

Paula Martín junto a la estatua de Manolo Preciado en Gijón

Paula Martín junto a la estatua de Manolo Preciado en Gijón

Paula Martín junto a la estatua de Manolo Preciado en Gijón

Paula Martín junto a la estatua de Manolo Preciado en Gijón

¡Bienvenidos! A partir de ahora, escribiré aquí los jueves, eso sí, dos veces al mes. En este espacio hablaré de esos deportistas a los que echo de menos ver jugar/entrenar o que me hubiera gustado ver jugar/entrenar relacionados con el fútbol, el rugby y el baloncesto. ¡Espero que os guste!

No podría empezar con otro que no fuera Manolo Preciado, por todo lo que supuso para el Sporting, pero también para el fútbol nacional e incluso para nuestra propia vida. Tuve la suerte de conocerle y de entrevistarle y era una de esas personas que dejan huella. Pero bien, me centraré primero en el plano deportivo.

Llegó al Sporting en 2006, en una época difícil para el conjunto asturiano. Llevaban diez años en Segunda, pese a que el Sporting es uno de los equipos históricos del fútbol español, con grandes victorias y eternamente recordadas recogidas en su particular historia. Manolo tenía enfrente un duro reto, pero quizá eso fue lo que más le motivó. Tenía un más que visible don de gentes especial, así que pronto se metió a la gente en el bolsillo, ayudado de los resultados, y empezaron a navegar juntos hacia la misma dirección: el ascenso.

En su segunda temporada al frente de los asturianos consiguió el ascenso a Primera. La ciudad se tiñó –aun más- de rojiblanco y la imagen que identifica ese ascenso, al menos para mí, es la cara de Manolo que revela una felicidad infinita y sus puños hacia arriba en señal de victoria. Es decir, la misma imagen que se tomó para hacer su estatua, que está al lado del Molinón, en la arboleda “Manolo Preciado”.

El equipo militó durante tres campañas en Primera. La última no fue fácil, a finales de enero decidieron que el puesto de Preciado fuese ocupado por Iñaki Tejada y, posteriormente por Clemente, pero ninguno pudo evitar el descenso. Son muchos los sportinguistas que afirman que con Manolo se podría haber obrado el milagro y que si no hubiera sido así, preferían haberse hundido con Preciado en el timón antes que con un extraño –además de un anti-fútbol para la gran mayoría-, como era Javier Clemente.

Pese a que ‘Manolín’, como se le llamaba cariñosamente, es más recordado por su etapa en el Sporting, no fue el único equipo al que llevó a lo alto. Consiguió cinco ascensos, algo de lo que pocos pueden presumir. Cuando le entrevisté me dijo: “me siento muy feliz de haber podido entrenar al equipo de mi tierra, el Racing, dos veces en Primera División”. Estaba orgulloso de lo que había conseguido en los equipos que entrenó, pero aun mantenía esa esperanza de entrenar en Inglaterra. Ojalá nos hubiera dado tiempo a disfrutarle allí. Y digo disfrutarle porque con Manolo al frente de un equipo eso estaba garantizado. Además, transmitía y contagiaba la tremenda pasión que sentía por el fútbol.

Y lo que es más, si ya tenía a gran parte de la afición del fútbol con simpatía hacia él, esta aumento más cuando se atrevió –y con razón- a bajar de esa nube permanente en la que vivía José Mourinho, en la que él es el bueno y el resto los villanos. Sus palabras –muy acertadas, por cierto-, fueron respaldadas por la victoria que el equipo cosechó en el Santiago Bernabéu con gol de Miguel de las Cuevas. Qué gran partido, cuántos recuerdos…

Y ahora… les hablaré más de cómo era.

Positivismo, fortaleza, valentía, coraje, pasión por la vida… Son solo algunos aspectos que personificaba Manolo. Su vida no fue fácil. Es por esto que calaba muy hondo dentro de todo aquel que le conocía. No pisaba, pero tampoco permitía que le pisaran. No se creía más que nadie, pero tampoco menos. Conocedor en primera persona del sufrimiento, siempre eligió resurgir de lo más profundo en los momentos difíciles, pese a que este era el camino más complicado.

La vida apenas le sonrió, sin embargo él sí lo hacía. Y antes de seguir me gustaría introducir aquí un verso de una canción de Violadores del Verso: “¿Por qué los cabrones ríen y los honrados padecen?”. Toda persona que le conocía, terminaba queriéndole. Su bondad y amabilidad era infinita y eso que cualquiera que hubiera vivido la mitad que él, sería todo lo contrario. Perdió a su mujer debido a un cáncer, a su hijo en un accidente, años más tarde su padre murió atropellado y él, falleció de un infarto el día antes de empezar a entrenar al Villarreal.

El mundo del fútbol quedó conmocionado con su fallecimiento, muestra de que no miento en lo dicho anteriormente. Y, personalmente, aun no he sido capaz de terminar de leer los dos libros sobre él y ver los reportajes que le dedicaron. Es oír su voz y llorar. Ya se lo dije: deja huella.

Ojalá hubiera más Manolo(s) Preciado(s) en este ‘mundillo’ y menos Mourinho(s). Sin duda, el fútbol recuperaría esos valores que cada vez están más obsoletos.

¡Eternamente eterno eres, Manolín!


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