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EDITORIAL

Drogas No, Gracias

Drogas No, Gracias
30 Nov 2016 07:11

Quiero comenzar estas letras siendo agradecido. Quiero dar las gracias a todos aquellos deportistas que entrenan y compiten limpios. No me refiero a inmaculados de barro, sudor, tierra, césped. Con limpios quiero decir libres de drogas, de productos prohibidos. A todos ellos, gracias.

De sobra sé que el deporte de alto rendimiento exige unas cualidades físicas y mentales extraordinarias. No soy ajeno a que las cargas de entrenamiento deben ser brutales para ser de los mejores en cualquier deporte. Bueno, en unos más que en otros. Parto desde el punto inicial de que no es fácil entrenar y competir, como dicen mis amigos los ciclistas tramposos, “a pan y agua”. Afortunadamente, en la actualidad existen suplementos y complementos que pueden ayudar al deportista a recuperar y a asimilar mejor las cargas de entrenamiento. Muchos de ellos son legales. Es decir, no están prohibidos. Hay muchos otros que no están permitidos en el deporte. Eso sí, hay algunos deportistas enfermos o con problemas de diversa índole que pueden usarlos bajo prescripción facultativa y una vez obtenida la preceptiva Autorización de Uso Terapeútico por las autoridades competentes.

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Dejando todo ello de lado, quiero dejar mi mensaje, mi carta a los deportistas de alto nivel, alto rendimiento, a los que se juegan los patrocinios, becas, medallas, récords. No lo hago a los deportistas populares que, como yo, deben practicar deporte por salud, ocio o pasión. A esos populares que utilicen productos dopantes para mejora su rendimiento les puede ir dando morcilla de Burgos, con arroz, con cebolla, con lo que más le guste.

Las drogas son malas para la salud. Los productos dopantes, también. Dicen que el deporte de alto nivel es de todo menos saludable y que, visto así, tampoco pasa nada por doparse. Bien. O mal. ¿Recuerdan la morcilla? Pues dos raciones. Los tramposos suelen ir por delante de aquéllos que los buscan, de los controladores, de la normativa, de la federaciones. Si estás en ese grupo no mereces consideración.

Es probable que te sientas muy bien acabando entrenamientos bestiales, con ritmos impensables, con series fuera del alcance de la mayoría de los mortales. Cuando te duches y te pongas delante del espejo para esbozar una sonrisa de orgullo y satisfacción, te pido que te pongas la mano en el corazón y pienses en lo que estás haciendo si estás siguiendo una preparación con el complemento del dopaje. Me gustaría que cierres los ojos y pienses en ti, en tu honor, en tu honestidad, en tu familia, en tu novia o novio, en tus hijos, tus padres, tus patrocinadores. Piensa en esos jóvenes del barrio que te miran con admiración deseando ser algún día como tú. La próxima vez que te los cruces mírales a los ojos y diles: “Chavales, soy una estafa, no me miréis, no me sigáis, soy una piltrafilla de la sociedad”.

Cuando recibas decenas de whatsapps de felicitación, cuando ciertos medios afines (que los hay, compinches de vosotros) te suban a un altar, llora, grita de rabia, de impotencia, de sufrimiento. Así igual expulsas el mal que habita en ti y que te empuja a ser mal deportista y peor persona. Seguramente criticarás a los políticos por ser unos corruptos, por llevarse a Suiza el dinero que debería ir destinado a construir hospitales, escuelas, saneamiento. Si lo haces debes darte cuenta de que tú eres como ellos: un ladrón, un ratero en mallas y camiseta deportiva. Si piensas en representar a tu país en competiciones internacionales, quítate esa idea de la cabeza, pues no te lo mereces.

Si estás compinchado con médicos, jueces, árbitros, federaciones y crees que estás por encima del bien y el mal porque nunca te van a pillar, no te descuides, pues San Martín siempre llega. Es verdad que hay muchos compañeros y compañeras tuyos que van igual como tú, pasan controles y no les pillan. Allá ellos. Una de morcilla a compartir. Si crees que eres más listo que el hambre no puedes estar más equivocado. Eres un iluso, un mal espécimen de ciudadano, exactamente igual que aquéllos que critican a las personas de buena fe.

Si de una u otra manera hay algo de ti en estas letras, corre, aún estás a tiempo. Tira toda esa mierda a la basura, ve a la iglesia de tu barrio o a casa de tus padres y libérate. Háblales de tu yo verdadero, cuéntales lo que haces, cómo eres capaz de correr, saltar, lanzar o jugar con tanta velocidad, resistencia o fuerza. Seguro que te apoyarán y te perdonarán. Y podrás seguir practicando deporte. Igual muchos se olvidan de ti, pero serás mejor persona, mejor deportista. Merecerás la pena. De lo contrario, una de morcillas y a tomar viento.

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Fran Aguilera

Corredor, Diplomado en Educación Física, Monitor de Atletismo, Entrenador Nacional de Ciclismo. Mijas (Málaga)


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