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El dios Teodosić

05 Sep 2015 08:09
Miloš Teodosić |FIBA Europe

Miloš Teodosić |FIBA Europe

Cuando la noche inundaba ya el cielo y mis amigos cenaban en sus casas tras largas horas de fútbol callejero, yo aún seguía tirando a canasta; quería parecerme a Miloš Teodosić, un jugador que aún no había nacido. Porque los hombres y las mujeres son mortales, pero los dioses han vivido siempre, manifestando sus sentimientos de un modo caprichoso, por ejemplo, en una cancha de baloncesto. Parecen seres humanos pero son deidades, que encantan el balón como si estuviera vivo y abandonan sus cuerpos cuando el balón está muerto; cambian de nombre, de país y de religión, pero son seres superiores que “juegan” con nuestros sentimientos, haciéndonos creer que personas de dos metros son capaces de hacer eso. Y no pueden.

En la década de los setenta adoptaron la forma de Mirza Delibasic, el bosnio de 1.97 que asombró al mundo con sus pases imposibles, la magia de sus movimientos y un porcentaje de acierto más allá de los números naturales. Un jugador que medía casi dos metros pensaba y se movía como no podía hacerlo ninguno más pequeño, algo que debió agradar en las alturas viendo quien aparecería después…

Magic Johnson también fue base, es decir, además de divinidad. Otra vez un tipo de 2.06 era capaz de mostrar a la gente el balón con una mano, mientras ya lo había pasado al compañero con la otra; no debemos pretender entenderlo, sólo disfrutar con ello, pues con el paso del tiempo los dioses perduran pero los ídolos caen. El mío era Magic, pero más tarde ellos le pusieron otro nombre, Drazen Petrovic.

El croata no cometía errores, sus ejecuciones eran precisas y su tiro a canasta no asombraba, asustaba; la muñeca perfecta en un cuerpo de 1.96 desafiando las leyes de la física. Ahora han vuelto en forma de Teodosić y esta vez quiero que alguien le pare, porque no juega en mi equipo.

Va con Serbia, la selección marcada con un destino si juega el hombre y con otro si juega el dios. Lo sabremos porque nadie puede dominar los elementos como él si sólo está compuesto de carne y hueso. No desde las alturas, no desde su 1,97, la pista que nos dejaron para reconocerles, la pintura rupestre de su magia; capricho de los dioses.

¿Michael? Podríamos argumentar su ausencia por una simple cuestión de estilo o simplemente porque Larry Bird ya descubrió quién estaba detrás..

Tomás García

Diplomado en Magisterio, AA Salesiano.

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