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Zancadas para el recuerdo

El gran salto

¿Hay logros imposibles en atletismo?
El gran salto
Yago Lamela ejecuta uno de sus saltos en la final de longitud de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 | RTVE
20 Mar 2016 11:03

Ya hemos tratado en este foro cómo se las gastaba Iván Pedroso en el salto de longitud cuando le apretaban los competidores. En Sydney 2000 ganó el oro olímpico en el sexto intento. El saltador local, Jai Taurima, le había puesto las cosas muy difíciles y solo el mejor Pedroso pudo batirle. Algo similar le había ocurrido un año antes en Maebashi, en el mundial de pista cubierta. Entonces, había sido un desconocido… desconocido para el gran público… quien le había puesto en apuros: Yago Lamela. El atleta avilesino irrumpió en las grandes competiciones internacionales de forma discreta, siendo 8º en el Europeo de Budapest, pero un año después llegó como un ciclón a Maebashi. En la final batió el récord de España, el de Europa, y obligó a Pedroso a emplearse a fondo para ganar el oro: 8,62 del cubano por 8,56 del español. Todo en el último salto. ¡Pedroso y Lamela, vaya par! Aunque fueran rivales encarnizados en algunas competiciones se llevaban muy bien fuera del foso. Una cosa no quita la otra.

Lamela y Pedroso sonríen a la cámara

Lamela y Pedroso sonríen a la cámara

Unos meses después Lamela completó su explosión logrando la medalla de plata en el mundial al aire libre de Sevilla, y se postuló como el gran rival de Pedroso para los próximos años. No estuvo tan cerca como en Maebashi del oro (8,56 y 8,40). Es más, el tercer clasificado, el esloveno Cankar, amenazó su plata con 8,36. Pero Lamela solo tenía 22 años, cinco menos que Pedroso, y apuntaba una progresión magnífica. Rápido, fuerte, calmado, competitivo… Algunos creímos que llegaría a ser, al menos, el blanco que más saltara en la historia de la prueba. Qué gran mundial el de Sevilla, ¿verdad? Era un atletismo plagado de estrellas. Algunos de los vencedores, además de Pedroso, fueron Michael Johnson, Gaby Szabo, Svetlana Masterkova, Wilson Kipketer, Eunice Barber, Marion Jones, Hicham el Guerrouj, Haile Grebrselassie, Colin Jackson, Gail Devers y Tomas Dvorak. Y además, el atletismo español competía a gran nivel.

Lamela, con el resto de medallistas españoles en Sevilla ‘99 | AP Liones Cironneau

Lamela, con el resto de medallistas españoles en Sevilla ‘99 | AP Liones Cironneau

Lamela finalmente no respondió a las expectativas. Nunca saltó más de esos 8,56 de Maebashi y nunca logró una medalla de más valor que la de Sevilla. Concentró sus mejores logros en aquel 1999. A pesar de todo siguió rindiendo a un buen nivel mientras los tendones se lo permitieron y consiguió varios metales más en competiciones internacionales. El último, el bronce en el mundial de París de 2003. Además de problemas físicos, también fueron problemáticos sus cambios de entrenador. Primero, cuando dejó a Juanjo Azpeitia, el técnico que le había impulsado a los ocho metros y medio, para entrenar con Juan Carlos Álvarez, lo que suponía también cambiar Avilés por Madrid. Más tarde abandonó a Álvarez por Rafael Blanquer y a Madrid por Valencia. Las declaraciones del técnico del Valencia Terra y Mar sobre el estado de Lamela disgustaron a Álvarez, pues las creyó una andanada contra la preparación, poco profesional, de Lamela en Madrid. El atleta, además, fue criticado por tomar la decisión de manera precipitada, sin despedirse de su cuadra, atendiendo los consejos de su representante, una mujer que, según Álvarez, mantenía colaboración profesional “estrecha y singular” con Blanquer. Finalmente, volvió a Avilés con Azpeitia, donde concluyó su carrera.

Azpeitia realiza alguna indicación a su pupilo

Azpeitia realiza alguna indicación a su pupilo

Las lesiones impidieron a Lamela desarrollar todo su potencial. Tras varios años de operaciones y recaídas, en 2009, un decenio después del gran salto, anunciaba su retirada: “Me faltaban ganas para arrastrarme por las pistas”. Con el físico y la moral muy tocados, decidió que lo mejor era dejarlo. Después de la retirada las cosas no fueron bien. No pudo concluir su formación como piloto de helicópteros por problemas de la escuela en la que estaba inscrito, no consiguió reengancharse a los estudios de ingeniería informática en la Universidad de Iowa y cayó en una depresión por la que tuvo que ser ingresado. Toda la fortaleza que mostraba en la competición desaparecía en su vida privada.

Lamela posa en su pueblo, Avilés

Lamela posa en su pueblo, Avilés

En mayo de 2014, con 36 años, Lamela murió de un infarto de miocardio. Según sus allegados, no pasaba su peor momento. Se había apuntado al curso de entrenador nacional y se le veía ilusionado, alejado del fantasma de la depresión. Su muerte conmocionó al deporte español. No solo dolía el hecho en sí, sino además que llegase tras unos años en los que Yago sufrió considerablemente. Pedroso declaró al enterarse del fallecimiento de su antiguo rival que Lamela no solo era un atleta excepcional y un ejemplo para los más jóvenes, sino también “una persona extraordinaria, un buen amigo”. Desde aquí nos acordamos de él, de su sencillez expresiva, de las buenas energías que transmitía y, cómo no, de aquel salto que le catapultó a la historia del atletismo español, el de Maebashi. ¿Hay logros imposibles en atletismo? Claro que los hay. Pero que Lamela superara los ocho metros y medio no lo era. A la batida llegó impulsado por su buena preparación, su físico desbordante, su calidad competitiva y su ilusión:

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Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.

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