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El mejor… en todo

20 Oct 2015 15:10

Hay atletas que además de buenos deportistas parecen buena gente. Amables con los rivales y pacientes con los niños caza-autógrafos. Como Frederiks. Otros son simpáticos, como Bolt o Kemboi. A veces demasiado. Después están los exhibicionistas cargantes, como Drummond, y los del postureo macarra, como Greene. Luego vienen los macarras verdaderos, como Menkisshi, capaz de pegarse hasta con la entrañable mascota del campeonato de turno. Y en este descenso a los infiernos encontramos, en una categoría aparte, la más baja, a Skah.

“¡Horrible mascota, fuera de mi vista!”

“¡Horrible mascota, fuera de mi vista!”

Khalid Skah fue un magnífico fondista en los años noventa. Vaya por delante el halago, pues lo merece. Sus marcas y títulos lo avalan. Recogió con mucha solvencia el relevo marroquí del campeón olímpico de 10.000 en Seúl ‘88, Brahim Boutayeb, y sobre todo del gran Said Aouita. No fue tan prolífico como este, que se manejaba desde el 800 al 10.000, incluidos los obstáculos, ni alcanzó sus marcas, pero en el currículo de Skah encontramos logros como un oro olímpico (Barcelona ’92) y una plata y un bronce mundiales (Goteborg ’95 y Tokio ’91), todo en 10.000. Además, dos títulos de cross (1990 y 1991) y un oro y un bronce mundiales en medio maratón (Oslo ’94 y Uster ’98). Algunos no hemos llegado ni a la mitad.

Sin embargo, a Skah se le recuerda más… por lo otro. En primer lugar, era un tipo antipático. Caía mal a los rivales, a los que freía a codazos en las carreras. Caía mal a la prensa, con la que no era nada condescendiente. Caía mal a los aficionados, a los que criticaba constantemente y dedicaba impertinentes gestos. De su carácter dan buena cuenta sus declaraciones al diario Marca:

Se confirma: modesto no era

Se confirma: modesto no era

Una vez retirado siguió generando polémica. En una investigación de 2007 fue acusado no solo de doparse, sino de traficar con productos dopantes. Casado con una noruega, el matrimonio se rompió a lo grande y la custodia de los hijos provocó un conflicto diplomático entre los dos países. Skah acusó a su mujer de, utilizando las fuerzas secretas noruegas, secuestrar a sus hijos en Marruecos y llevárselos a su país en 2009. En 2014 fue retenido en el aeropuerto de París por una petición de extradición de Noruega, finalmente no atendida, por denuncias de su mujer de retención ilegal y malos tratos.

Rueda de prensa en la que Skah ofrecía recompensa a quien le devolviera a sus hijos

Rueda de prensa en la que Skah ofrecía recompensa a quien le devolviera a sus hijos

Su controversia más recordada ocurrió en la pista, en Barcelona ‘92. La final de 10.000 se presentaba con un cartel apasionante y la previsión, confirmada en la carrera, de un duelo marroquí-keniata por las medallas, reeditando lo ocurrido un año antes en Tokio (Moses Tanui, oro; Richard Chelimo, plata; Skah, bronce). Además se encontraban en la línea de salida el entonces recordman mundial (y último no africano), el mexicano Arturo Barrios; la plata en Seúl, el italiano Salvatore Antibo; el WL del año, el etíope Fita Bayisa (27:14.26)… y otro marroquí con el que nadie contaba, pero que sería triste protagonista de la carrera: Hammou Boutayeb (no confundir con el campeón de Seúl). Se esperaba una gran fiesta deportiva, pero lo ocurrido en esa carrera entró en los anales del atletismo miserable.

Chelimo y Skah, tras dejar a todos los contrincantes atrás, marchaban destacados hacia la meta. El keniata sabía que el marroquí era más rápido al final, por lo que debía acelerar el ritmo para agotarlo antes de la última vuelta. Doblaban constantemente a otros atletas y a falta de 1.300 metros alcanzaron a Boutayeb, que en vez de apartarse para ver cómo le pasaban los primeros, como se procede en estos casos, decidió unirse al dúo. No solo les cogió la estela, sino que ocasionalmente se ponía en cabeza, lo que provocó una gran bronca del público que consideró, lógicamente, que el segundo marroquí se había dejado doblar para poner en práctica una oscura táctica de equipo que desgastara al keniata. Boutayeb no hizo caso a los silbidos del público, ni a los gestos de Chelimo, ni a los requerimientos de los jueces, y continuó en cabeza de carrera molestando ocasionalmente al keniata, que en uno de los adelantamientos a Boutayeb incluso llegó a tropezar. El final fue el previsto: en la última vuelta el dúo de cabeza se quedó por fin solo y Skah venció claramente al sprint (27:46.70 por 27:47.72), ante una gran bronca (“rechifla”, como dice el locutor mexicano) del público:

Skah fue inicialmente descalificado, pero se le concedió el oro tras la reclamación de su delegación. La normativa no contemplaba una sanción por comportamientos de ese tipo, algo que se incluyó a partir de entonces. Mientras tenía lugar la deliberación, el marroquí cargó contra todos: contra el COI, contra los jueces, contra los keniatas, contra el público… Incluso contra Boutayeb, de quien dijo que no era más que un pobre ignorante que había actuado por su cuenta a pesar de sus recriminaciones. No recuerdo una carrera más conflictiva, ni una bronca mayor para un atleta como la que recibió Skah al subir al podio, desde donde mandó besos retadores a los asistentes.

Skah muestra la medalla

Skah muestra la medalla

Chelimo, por su parte, fue largamente ovacionado en Montjuïc al recibir su plata. El atleta keniata no ganó ningún campeonato importante, pero tuvo una gran presencia esos años, llegando incluso a batir el récord del mundo en 1993.

EVOLUCION RÉCORD DEL MUNDO 10.000 DESDE 1984

Evolución

Evolución

Tristemente, Chelimo murió de cáncer en 2001, a los 39 años, después de unos años complicados tras dejar el atletismo. De él y otros atletas que nos abandonaron antes de tiempo nos acordamos al escribir estos artículos.

Obituario del New York Times, 17 de agosto de 2001

Obituario del New York Times, 17 de agosto de 2001

Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.


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Zancadas para el recuerdo

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