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Zancadas para el recuerdo

El pajarillo y la urata

El pajarillo y la urata
Las rumanas Violeta Szekely y Gabriela Szabo, rivales dentro y fuera de la pista | IAAF
02 Jul 2016 05:07

¿Luis Suárez es un salvaje, por dar un bocadito de nada a un rival en el hombro? Quien así piensa no vio aquel combate entre Mike Tyson y Evander Holyfield, cuando el primero no solo mordió a su contrincante, sino que le arrancó un trozo de oreja y lo escupió con rabia al suelo del ring. Cuenta la leyenda que por debajo de la mesa, entre Karpov y el traidor Korchnoi, tuvieron que poner una tabla para que dejasen de patearse durante la final del mundial de ajedrez. La patinadora Tonya Harding contrató a un matón para que lesionara a su rival Nancy Kerrigan, cosa que hizo con una profesionalidad admirable: arreó un golpe en la rodilla de Kerrigan con una barra de hierro. ¡Ay, la rivalidad deportiva, qué bonita! Sin llegar a tanto recuerdo otra también muy sonada entre dos atletas: las rumanas Violeta Szekely y Gabriela Szabo.

"Si no puedo a puñetazos, lo tumbaré a bocados"

«Si no puedo a puñetazos, lo tumbaré a bocados»

La pugna personal entre estas atletas fue reñida; la deportiva, sin embargo, estuvo mucho más desigualada: Szekely era muy buena, Szabo mucho mejor. La primera era diez años mayor, pero la segunda fue muy precoz y pronto se encontraron en las pistas de su país, en los campeonatos nacionales. Después, en las reuniones internacionales, en las grandes competiciones… y tanta tensión traspasó la pista. La rivalidad se intensificó por el positivo por esteroides de Szekely: Szabo siempre se mostró beligerante con ese asunto y muy crítica con las atletas ultravitaminadas. En una ocasión, Szekely se lamentó de que a pesar de su gran calidad no la contrataban en muchos de los mítines de prestigio. Preguntada al respecto, Szabo respondió que seguramente no lo hacían porque Szekely era “foarte urata” (“muy fea” en rumano). Así, sin anestesia. Las declaraciones de Szabo provocaron el comprensible enfado de Szekely y una posterior demanda por injurias, y las dos atletas tuvieron que verse en los tribunales. El triunfo, esta vez, cayó del lado de Szekely. Szabo fue condenada a pagar el equivalente a unos 4.500 euros por daños morales.

No, no parecen llevarse muy bien

No, no parecen llevarse muy bien

Violeta Szekely, Beclea de soltera, fue una estupenda atleta, especialista en 1.500, digna sucesora de las grandes mediofondistas rumanas, como Puica, Melinte o Ivan, protagonistas de Zancadas para el recuerdo anteriores. En su recorrido por las pistas obtuvo muchas medallas bajo techo y un par de platas al aire libre: en el mundial de Edmonton ’01, tras Szabo, y en los juegos de Sydney ’00, en este caso precediendo a su gran rival. Además, venció en la Golden League de 2001 tras imponerte en los siete mítines del circuito.

Szekely corre tras Hamilton en la final de Sydney

Szekely corre tras Hamilton en la final de Sydney

Gabriela Szabo, rumana a pesar de su apellido húngaro, fue algo más que una digna sucesora de sus compatriotas: se la considera, acertadamente, una de las grandes de su tiempo. A pesar de su aspecto frágil (pesaba poco más de 40 kilos) y su correr liviano, lo que le supuso apodos como “el pajarillo”, “el gorrión” y cosas así, tenía una resistencia descomunal, una capacidad táctica privilegiada, un carácter muy competitivo, unos codos hábiles y un final demoledor. Su primer gran éxito llegó en los juegos de Atlanta ’96, cuando con tan solo 20 años consiguió la plata en 1.500 tras la rusa Svetlana Masterkova. Szabo era subcampeona olímpica, pero también una cría, algo de lo que se dio cuenta Masterkova. Fíjense en su actitud en la vuelta de honor, parecen más una madre con su hija que rivales deportivas:

Tras esa medalla llegaron muchas más, en distancias entre 1.500 y 5.000, tanto en pista cubierta como al aire libre. Son especialmente destacables sus tres oros consecutivos en los mundiales de verano de Atenas, Sevilla y Edmonton. Su gran logro fue, por descontado, la medalla de oro en 5.000 en los juegos de Sydney, donde tras una recta final memorable se impuso a la irlandesa Sonia O’Sullivan, dejando el bronce para la etíope Wete Wami. ¡Vaya podio!

Szabo lo celebra, O’Sullivan lo lamenta

Szabo lo celebra, O’Sullivan lo lamenta

No era (ni es) mujer de fácil trato, dicen quienes la conocen, y no hizo muchas amigas en el tartán. El exceso verbal con Szekely, aunque excepcional, es un buen reflejo de su carácter poco diplomático, lo que no le impidió medrar en política tras su retirada. Incluso llego a ser ministra de deportes. Su objetivo, así lo declaró al acceder al cargo, era convertir a Rumanía en una gran potencia deportiva y olímpica. No cumplió, aunque en su descargo debemos decir que el reto era de aúpa. Rumanía tiene mucha tradición en atletismo, en mediofondo y fondo, y en otros deportes como la gimnasia y el remo. Pero para ser una de las grandes potencias mundiales necesitaría muchas Szabos. Y en cualquier país, no solo en el suyo, es muy difícil encontrarlas. La pequeña y faltona rumana fue una atleta excepcional que nos hizo disfrutar mucho a los aficionados.

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¿Seguro que la fea era Szekely?

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Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.


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