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‘El poder de la palabra en la política’, por Álvaro Martín

15 Dic 2015 15:12
Militares del ISIS o DAESH

Militares del ISIS o DAESH

Decir que el uso de unas determinadas palabras por parte de nuestros políticos no tiene una justificación detrás… es mentira. Todos los discursos de nuestros representantes están estudiados palabra por palabra. La palabra puede designar un reflejo de una realidad u otra. ¿A qué me refiero?

Espero que os hayáis dado cuenta de que los políticos han decidido dejar de utilizar la palabra «ISIS» (Estado Islámico en Siria e Irak en inglés) por la palabra «DAESH» (es una transliteración del acrónimo árabe formada por las mismas palabras que componen ISIS y que significa Al-dawla al-islâmiyya fi l-‘Irâq wa l-shâm) que puede llegar a significar «intolerante» o «discordia». Ahora, en la postura de un yihadista, ¿creéis que es significativo cambiar de palabra para designarles? Pues, aunque parezca mentira, es muy importante y valiosa para combatirlos. Porque, por muy increíble que parezca, designar como DAESH al territorio que controlan los yihadistas es algo muy ofensivo para ellos al restarles legitimidad.

En la lucha política, los diversos actores/grupos de interés buscarán legitimidad para poder mantener su status quo en la comunidad. Esta legitimidad puede venir de tres maneras: carisma, razonamiento y la tradición. Si no dispones de legitimidad, siempre te quedará la fuerza, el poder. Es innegable que diversos actores usan la fuerza para adquirir legitimidad, pero esta estrategia es muy costosa a largo plazo. Los grupos terroristas buscan legitimidad para intentar adquirir un fundamento en sus acciones políticas (la violencia no es más que la continuación de la política por otras maneras maneras). A nadie le gusta decirle que son terroristas. Este término (utilizado por Robespierre) se puede definir como una lucha asimétrica de un grupo contra el Estado. Al ser imposible una victoria por parte de este grupo contra el Estado en un conflicto directo, el grupo utilizará ataques estratégicos para infundir terror y declarar una guerra de desgaste ante el Estado.

Después de esta explicación y con la idea universal de que a nadie le gusta ser calificado como terrorista, los yihadistas –para atraer nuevos combatientes y perpetuar su ideología– definen a Occidente como terroristas. Curioso. Somos terroristas para nuestros terroristas. ¿Quién ganará la batalla por imponer el calificativo? Pues, aunque parezca inverosímiles, ganan los yihadistas. Me explico.

Los yihadistas recrean en su realidad (algo utópica) que el mundo es dividido en los defensores e impulsores de la Sharia (la imposición del Corán en todos los aspectos de nuestras vidas) y los infieles, aquellos que reniegan o no integran en su totalidad el islam. Francia, tras sus atentados, declara la guerra misma contra el DAESH, contra el terrorismo según el presidente de la República francesa. La bipolarización que requieren y necesitan los yihadistas (más que nada para incorporar más combatientes en sus filas) se la damos. Todos son terroristas; y lo peor de todo, tienes dos bandos: terrorista occidente o terrorista yihadista. ¿Quién gana? Aún no sabemos. Pero por ahora, los yihadistas. Achacar la idea de que cualquier musulmán es yihadista es proporcionar mayores argumentos al DAESH. Su estrategia de captar más jóvenes de Occidente choca contra la idea nuestra de que nosotros somos “los buenos” en esta contienda. ¿Cómo puede ser que aun siendo nosotros los buenos, parte de los combatientes yihadistas provengan de nuestras sociedades? Por eso nos están ganando. Nos están llevando a su juego, sus reglas, su guerra.

La guerra que debemos hacer es dialéctica y no con bombas. Si conseguimos frenar a los voluntariados y convencerles de la no existencia de dos bandos, además de integrar las comunidades musulmanas moderadas, estaremos dando un duro golpe de legitimidad a los yihadistas. ¿Para qué combatir si no sientes el respaldo de tu propia comunidad? Esa debe ser nuestra arma. La integración frente el aislamiento. La retórica frente las bombas.

Álvaro Martín Uriol

Caballero andante, es decir, marchador. Extremeño emigrado a Madrid. Playas de Castellón. Olímpico en Londres 2012. Ciencias Políticas. UCM

1 comentario

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  1. Pedro
    Pedro 16 diciembre, 2015, 08:47

    Buenos días Alvaro,

    Aunque estoy de acuerdo con todo lo que dices en articulo, para mi tu conclusión final no es valida (el último parrafo).

    Si, es la guerra que ellos querían, pero las guerras hoy en dia no se ganan con hombres, sino con aviones y tanques (o con dispositivos nucleares…). Y ellos no tienen nada mas que hombres, por lo que no tienen nada que hacer.

    De hecho, para mi se ha llegado hasta este punto por la retorica y la falta de acción. Ya basta.

    Un saludo.

    Pedro Garcia (vallista 110mv)

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