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Zancadas para el recuerdo

El primer oro

El primer oro
Daniel Plaza entra en meta con los brazos en alto en los Juegos Olímpicos de Barcelona '92 | COE
05 Sep 2016 10:09

Todavía celebrando el triunfo de Ruth Beitia en Río echemos la vista atrás para recordar los otros dos oros obtenidos por el atletismo español en los juegos olímpicos, ambos en Barcelona ’92. Uno de ellos es sumamente conocido, el de Fermín Cacho. Qué carrera, ¿verdad? Recordamos casi cada metro. Ese control del grupo, ese ataque final incontestable, esa entrada en meta con los brazos abiertos, la celebración con las banderas de España y de Castilla-León, el abrazo con sus padres, la estupefacción de Morcelli…

Para llegar al otro oro, sin embargo, debemos ahondar un poco más en el pozo de la memoria. Además, cuando lo logramos, no son tantos los detalles que recordamos. Fue Daniel Plaza, ocho días antes que Cacho, el que ganó el primer oro olímpico, pero al margen de los buenos aficionados al atletismo es difícil encontrar alguien que responda correctamente cuando se le pregunta sobre esta cuestión. Un ejemplo: hoy sigue habiendo una entrada en la página web de TVE con el título: “Cacho, primer oro del atletismo español”. ¿A qué se debe este desequilibrio en la memoria? Sin duda la prueba influye. Mientras que Cacho venció en una de las más populares entre el público no especializado, el 1500, el triunfo de Plaza se produjo en marcha, una modalidad no muy seguida fuera de ámbitos atléticos.

A pesar de que, no lo olvidemos, la marcha cuenta con la suficiente tradición en España como para no pasar desapercibida, con más triunfos y más antiguos que los conseguidos en el 1500. Abascal y González son dos clásicos, cierto, pero también lo son Llopart y Marín. Después aparecieron Cacho y Estévez en el mediofondo, igual que llegaron a la marcha Massana, el propio Plaza, Bragado, Vasco y Paquillo Fernández, todos ellos triunfadores, cada uno a su manera. Incluso hoy la marcha española cuenta con una estrella mundial, Miguel Ángel López, mientras que en el 1500 se celebran como triunfos los pases a semifinales. Es injusto el desigual trato que reciben las distintas disciplinas atléticas, qué duda cabe, pero el gran público y los medios de comunicación de masas son los que mandan.

Hablábamos de Plaza, ¿no es así? Aunque fue el pionero en los oros no lo fue en las medallas. Ese honor recae en otro marchador, Jordi Llopart, que abrió camino al conseguir la plata en los 50 km de los juegos de Moscú, en 1980. El segundo metal fue el bronce de Abascal en el 1500 de Los Ángeles, cuatro años después. En Seúl ’88 no se consiguió ninguno y en Barcelona ’92 se alcanzó la cima: los dos oros referidos más la plata de Peñalver en decatlón y el bronce de García Chico en pértiga.

Jordi Llopart en Moscú

Jordi Llopart abriendo camino en Moscú

En Barcelona Plaza no era el favorito en los 20 km marcha. El mejor situado para el triunfo, según apuntaban los pronósticos, era Valentí Massana, que había batido poco antes el récord de España con 1h19:25. De hecho, Massana fue el único que puso en aprietos a Plaza, en una carrera durísima debido al calor y la humedad del verano barcelonés y a la dificultad del circuito, que incluía la subida a la colina para llegar al estadio de Montjuic. Tras dejar atrás a sus contrincantes, entre los que figuraban el veterano Damilano y el joven Korzeniowski, los dos catalanes, acompañados del canadiense Leblanc, marcharon hacia la meta, y a falta de cuatro kilómetros Plaza dejó atrás a sus compañeros de fuga para lanzarse en solitario a por el oro. Massana se desprendió de Leblanc y aguantó varios kilómetros en el segundo puesto, pero pocos metros antes de entrar al estadio fue descalificado. Aunque los presentes en las gradas de Motjuic esperaban emocionados el doblete, la eliminación de Massana no redujo la euforia, que se desató cuando Plaza pisó el tartán en busca de su vuelta de gloria, la vuelta que le convirtió en el primer campeón olímpico del atletismo español.

Tras la sorpresa de Barcelona, y aunque sin levantar tanto el vuelo, Plaza tuvo algún momento brillante, como el bronce en el mundial de Stuttgart de 1993, en una carrera en la que, esta vez sí, venció Massana. Previamente, en 1990, Plaza había conseguido la plata en el europeo de Split, por lo que en el mundial de Stuttgart se convirtió en el primer español en ganar medallas en los tres grandes campeonatos al aire libre, Europeo, Mundial y Juegos Olímpicos (Cacho logró el triplete en 1994, en el europeo de Helsinki). No obstante, lo más llamativo en su recorrido posterior al oro olímpico, el motivo por el que ocupó más espacio en los medios de comunicación, fue su positivo por nandrolona, detectado tras el campeonato de España de 1996, aunque la suspensión definitiva, tras la habitual pugna judicial, llegó un año después, en octubre de 1997.

Recurso tras recurso, y nueve años más tarde, el positivo fue anulado por cuestiones de forma, y Plaza lo celebró insistiendo en la idea que había manifestado siempre, que era inocente, a pesar de que nadie, él incluido, puso en duda la presencia de la nandrolona en su sangre. Entonces, ¿cómo llegó hasta allí? La explicación del atleta la podemos incluir en esa estrambótica lista que ya hemos expuesto en esta sección. A la carne contaminada, el dentífrico maldito y los traicioneros geles de alargamiento de pene añadamos la teoría de Plaza: la vía de transferencia fue la práctica reiterada de sexo oral con su mujer, embarazada. Las mujeres embarazadas, adujo la defensa, producen de manera natural dicha hormona. Algo, por cierto, que ningún estudio ha demostrado.

Cuidado con dónde se meten, la nandrolona acecha

Cuidado con dónde se meten, la nandrolona acecha

Dani Plaza es un personaje controvertido, sin duda. Tras su retirada del atletismo se dedicó, entre otros menesteres, a la política. En 2003 entró como asesor en el Ayuntamiento de Torrevieja, gobernado por el PP, y ocupó el cargo de concejal de deportes entre 2007 y 2012. El final de su carrera política llegó de manera abrupta, al ser acusado de malversación de fondos públicos. En concreto, de utilizar la línea de teléfono de la concejalía para asuntos privados. Y no asuntos discretos, sino contactos sexuales de variado tipo. Plaza no negó que se hubiera utilizado su teléfono con tal fin, pues las pruebas eran abrumadoras, pero aseguró que no había sido él, sino alguna persona no identificada, sin su consentimiento. Recordando con cariño esa entrada apoteósica en el estadio de Montjuic y el puesto honorífico que ocupa en nuestro deporte, esperemos que a Plaza le vaya todo bien a partir de ahora y, sobre todo, que deje de meterse en líos.

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Plaza en un pleno en su etapa de concejal

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Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.

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