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El retorno del 13

El retorno del 13
11 May 2014 06:05

Laura Marcos en partido contra la U. de Rutgers

Laura Marcos penetra hacia la canasta de la Universidad de Rutgers

Laura Marcos penetra hacia la canasta de la Universidad de Rutgers | U. South Florida

Hace aproximadamente 365 días, Laura Marcos Canedo (8-5-1994, Ponferrada) hacía balance de su primer año en Estados Unidos. No fue un camino fácil para una joven que aterrizaba con toda la ilusión del mundo, aunque como bien nos asegura la propia jugadora «estas circunstancias te hacen mucho más fuerte».

Pero echemos la vista atrás, justo antes de comenzar su aventura americana. Laura Marcos ya había debutado con el primer equipo del Perfumerías Avenida, tanto en Liga Femenina como en Euroliga, pero en casa tenían claro que Estados Unidos era una atractiva posiblidad para compaginar sus estudios con el baloncesto. Después de varias propuestas sobre la mesa, ella y sus padres se decantaron por el programa deportivo y académico que les ofrecía la Universidad de South Florida en Tampa, institución pública del ‘Estado del Sol’. La posibilidad de estudiar Químicas, (sus padres son los dos licenciados en esta carrera), junto a la presencia del entrenador José Fernández, de origen portorriqueño, inclinaron la elección, después de rechazar ofertas de universidades como la prestigiosa UCLA, Washington y North Florida, entre otras.

Sin embargo, el primer año no fue el soñado por cualquier deportista. Una fractura por estrés en el pie nada más empezar lastró el desarrollo inicial. A pesar de jugar algún partido previo a la lesión, la recuperación se alargó y desde la Universidad tomaron la decisión de calificarla como redshirt, sin ficha deportiva pero sí con la posibilidad de recuperar esa temporada perdida con el equipo. Es por ello por lo que su segundo año en Estados Unidos lo ha jugado como freshman o jugadora de primer año, deportivamente hablando. Sin embargo Laura lo tiene claro, «entrenar, prepararte a conciencia y ver a tus compañeras jugar desde el banquillo como redshirt te hace ser más mucho más fuerte. Aprendes a valorar el trabajo de los entrenadores, comprendes mejor el scouting y muchos otros aspectos del juego, además del deporte en general«.

En ese período, la jugadora nunca perdió la ilusión y se preparó a conciencia para recuperarse lo mejor posible. Sus horas interminables de gimnasio las pudo digerir mejor gracias a la presencia de otra compañera, Shalethia ‘Lee’ Stringfield, también lesionada. Aunque no podía jugar, sí era una más del equipo en todos los aspectos, entrenamientos, desplazamientos y partidos, logrando vivir un Torneo final de la NCAA: «la experiencia es única, es un acontecimiento a nivel nacional, los pabellones están abarrotados y a nivel televisivo se parece a la cobertura de la NBA con los playoffs, fue increíble«, asegura.

Una vez terminada la temporada, retornó a España para estar con la familia y pasar unos días de vacaciones antes de volver a la universidad, pues «una de las cosas que más echo de menos es estar con mi familia y amigos, además de pasear tranquilamente por las calles de Salamanca«, dice la berciana de nacimiento y salmantina de adopción.

Tras el merecido descanso, regresa a Estados Unidos e inicia el segundo año académico, el primero rindiendo al máximo en el terreno deportivo. Con el número 31 a la espalda, un guiño a su preciado número 13 (que lo poseía Inga Orekova, seleccionada por Atlanta Dream en el draft de la WNBA), comenzó la temporada. Se tuvo que ganar los minutos de juego en los entrenamientos, «muchos más intensos que en España, aunque duren una, dos, tres o cuatro horas, todo el tiempo tienes que estar al 100%, no hay excusas«, uno de los aspectos más diferenciadores respecto a España, además del mayor nivel contacto físico en los partidos, «las jugadoras vamos a muerte, siempre acabamos con golpes y moratones«.

Noviembre y diciembre fueron meses negativos para el equipo en cuanto a resultados. A pesar de esta racha, una conversación a finales de diciembre con José Fernández marcó el punto de inflexión de Laura: “analizamos los partidos del equipo y mi actuación en particular. Me pidió que liderase al equipo en la pista, que pudiera controlar la presión y que repartiera el juego para las aleros”. Charla que fructificó en una titularidad que no perdió en los últimos 20 partidos jugados, «aquí, si te lo curras, tienes tu recompensa«.

La racha negativa de inicio de curso fue la causa principal por la que se quedaron a las puertas del Torneo de la NCAA. A pesar de esta contrariedad, fueron invitados al WNIT -otro torneo a nivel nacional (Women’s National Invitational Tournament) para aquellas universidades (64) no clasificadas con mejor récord de victorias/derrotas-. En este torneo, la Universidad de South Florida llegó a las semifinales, partido disputado ante la Universidad de Rutgers (campeón final del WNIT ante Texas El Paso, donde juega la valenciana Irene Garí) del que Laura, a pesar de la derrota, guarda como «el partido en el que me sentí más cómoda de toda la temporada«.

Ahora, y aprovechando unos días de vacaciones en Salamanca, Laura descansa antes de preparar su vuelta a Florida en donde podrá ya jugar con su número 13 a la espalda, «es con el que siempre he jugado, va a quedar genial con el verde y oro de la camiseta». Además, lo hará con la presencia de otra española en el equipo, Laia Flores, que junto a Ariadna Pujol, conformarán la tripleta de españolas,»allí valoran mucho a las jugadoras que vienen de selecciones nacionales«, comenta. 

Con Florida a la vista, Laura Marcos es rotunda, «tengo muchas ganas de volver y empezar ya a entrenar». Las facilidades con las que cuenta un deportista-estudiante son totalmente diferentes a las de España, “puedes utilizar cualquier instalación deportiva las 24 horas del día. Si quieres, puedes ir a las 5 de la mañana al pabellón de entrenamiento, no hay problema”. Pabellón que bien conoce Laura por sus horas de trabajo y sacrificio para recuperar su estado de forma, pero con la recompensa de la titularidad final, “en esos largos entrenamientos intempestivos me encontraba a veces a Inga Orekova. Se merece jugar en la WNBA, ha trabajado mucho”. 

Su adaptación a una nueva cultura fue fácil, «no tenemos mucho tiempo libre, estudiar, entrenar, partidos…, estoy muy contenta». En la conversación, salen a relucir las contundentes palabras de Obama contra los comentarios racistas de Donald Sterling, el propietario de la franquicia de Los Angeles Clippers: «la reacción de Obama ha tenido mucha repercusión en Estados Unidos, todo el mundo en la universidad hablaba de sus palabras en la televisión nacional».

En el tema académico, Laura no ha tenido ningún problema, sus días en Maristas le han venido como perlas, una bilingüe más que en unas horas comienza el tercer año académico universitario, «ahora sí que viene lo difícil, la carrera se complica, ya estoy ojeando libros porque los términos técnicos de química en inglés son complicados«. 

Así es Laura Marcos Canedo, asequible, natural, con un leve acento yankee, muy trabajadora y muy familiar. Sabe lo que quiere, su mentalidad no deja de sorprender en una persona con 20 años recién cumplidos. Como bien dice, «no caben supersticiones, el trabajo es lo único que vale«.

El número 13 retorna con más fuerza a la NCAA.  


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