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Baloncesto femenino

Estreno amargo para Salvadores

Estreno amargo para Salvadores
Ángela Salvadores defendida por Daria Mieloszynska
16 Oct 2014 01:10

Peto enfundado, calcetines negros altos, a juego con las zapatillas, y un rosario de palmadas de aliento. Quedan quince minutos para el estreno, la música ensordecedora retumba sobre las paredes de un pabellón semivacío y Ángela Salvadores visualiza lo que será su primer partido en la élite. Atrás quedan las categorías inferiores de la selección, también la Blume. El presente es Rivas, el Zamarat espera.

La megafonía pronuncia su nombre. No hay murmullos. Nadie en el Ángel Nieto parece reconocer a la MVP del Mundial U17, una de las grandes promesas del baloncesto femenino español. Juan de Mena sí ha oído hablar de ella. Por eso, sorprende en el quinteto. No juega Durbin de inicio, sí Manzanares. La jugadora riojana es escolta por partida doble; por demarcación y por ocupación. No se separa ni un centímetro de Salvadores.

Aun así, el descaro que confiere la juventud acompañada por el talento provoca que la ‘ocho’ del Rivas Ecópolis lance hacia la canasta cada vez que intuye una posibilidad. Su equipo pierde desde el inicio, y eso no le gusta. Pero, en cada tiro, la respuesta es el hierro. El primer ‘bingo’ no llega hasta el minuto ocho. Es un 2+1. Las madrileñas se ponen por delante y Salvadores toma aire.

Ylenia Manzanares, agotada, le cede el testigo a Mieloszynska en la vigilancia. Más agobio. No hay acierto. Sí tesón y ganas de anotar. A veces, desmedido. Marina Delgado le regala un tapón antes del descanso. Salvadores mira al árbitro y busca con su gesto una explicación que no encuentra. Se va al vestuario con cinco puntos tras once lanzamientos de campo. Antes, bebe agua y tira la botella. Es la última en enfilar la bocana. No parece satisfecha.

La segunda parte es una repetición de la primera. De nuevo Ylenia Manzanares; otra vez el hierro cada vez que arma el brazo. Hasta la lesión de Gaby Ocete. Ahí, la leonesa toma el mando, se pone los galones y le da rienda suelta a su calidad. Ocho puntos en tres minutos. Rivas, uno arriba. Tiempo muerto local. Manos que chocan la suya. Mirada al frente. Concentración.

El Zamarat reacciona, sus pases no alcanzan a las compañeras. En los tiros de tres, el infortunio es palpable. El partido se escapa. Salvadores está exhausta. Se agacha, busca aire, pide explicaciones, se resigna. Termina el encuentro con 36 minutos en las piernas, 15 puntos y un decepcionante 6/23 en tiros de campo. El sábado habrá otra batalla. Solo queda mirar hacia delante. El estreno ya es un recuerdo amargo.

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