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Experiencia marroquí: Engrandeciendo el espíritu

Experiencia marroquí: Engrandeciendo el espíritu
06 Jun 2014 18:06

SOBRE UN MANTO DE LILAS | FOTO PROPIA

MINUTOS ANTES DE LA COMPETICIÓN | FOTO PROPIA

Tal como ya adelantamos, el pasado sábado se celebró en Casablanca (Marruecos) el Gran Premio Internacional de marcha. Hoy hace justo una semana que comenzaba una aventura de las que hacen historia, de esas que aún no han terminado y ya quieres volver a vivir. A las nueve de la noche del viernes aterrizamos en el aeropuerto de Rabat, donde nos esperaban el atleta Rachid Nadij y su amigo Khalid, conocido entre nosotros como “no problem”, pues era lo único que sabía decirnos en inglés. Es increíble, pero ya desde que pisas tierra marroquí te sientes acogido de una manera especial. Esa misma noche cenamos en un lugar cercano al hotel donde nos alojábamos. El trato fue excelente y muy cercano tanto por parte de Rachid como de su mujer, la gran atleta Malika Asahssah, varias veces campeona del mundo. Sin saberlo, había comenzado un fin de semana en el que las risas y las sonrisas iban a ser mis mejores amigas y casi mi seña de identidad.

Al día siguiente, nos reunimos temprano para desayunar y acto seguido dimos un breve paseo por Casablanca. Visitamos el mercado y después fuimos a tomar té, el primero de muchos… ¡Y cuánto nos enganchamos a ellos! Después de comer con la expedición francesa (con la que compartíamos hotel) y los jueces, pusimos rumbo todos juntos al circuito. Desde el momento en el que llegamos, comenzó una tarde que mi compañero Luis Javier Casas calificó como “surrealista”, y no es para menos. Nuestras pruebas estaban programadas para las 16:30 horas, tanto la de 10 km (donde competía yo) como la de 20 km (donde tomaban parte Luis Cambronero y Luis Javier Casas). Nos pusimos a calentar en torno a las 16 horas, porque las pruebas al parecer llevaban media hora de retraso. A las cinco sonó el pistoletazo de salida y los tres españoles comenzamos a tantear la carrera. Debíamos mantener la cabeza fría, había un largo camino por delante y muchas vueltas que recorrer.

Pero lo “mejor” vino sin duda cuando restaban sólo dos kilómetros. Y os preguntaréis,  ¿dos kilómetros para quién? Para todos. A falta de dos vueltas, Rachid avisó a mis compañeros de que apretasen, pues sólo quedaban 2000 metros: “Ya os lo cuento luego”– dijo. Imaginaos sus caras, y más aún la mía cuando llego a meta y me los encuentro sentados. No daba crédito.  Al parecer, la organización cambió el horario a última hora y no avisaron correctamente. La prueba más larga la trasladaron a las seis de la tarde y nosotros lo desconocíamos. En cualquier caso, tanto mis compañeros como yo subimos al podio y aunque no se pueda evitar sentir rabia, lo mejor que hicimos fue reírnos sin parar de la anécdota, pensando cómo la contaríamos al llegar.

CONTENTOS A PESAR DE TODO | FOTO PROPIA

Una vez terminada la competición, cenamos y descansamos unas pocas horas en el hotel, pues a las 4 de la mañana abandonamos Casablanca. Rachid nos había preparado una sorpresa, pasaríamos todo el día atravesando el Atlas con una caminata de la mano de la Asociación de Kiko y Valle de montaña Turismo Betimhadit. Además la gente de la sierra nos hicieron un recibimiento con leche y dátiles digno de reyes (al menos así nos hicieron sentir). En cuanto al Atlas… no os podéis hacer una idea de lo hermoso que es ese paisaje. Atravesamos un río saltando de roca en roca y nos sacamos fotos con toda la flora y fauna que encontrábamos al paso, como si no hubiéramos visto en la vida un burro o una vaca. Pero lo cierto es que allí, a 2.100 metros de altura, todo era mejor, más intenso si cabe. Tras varias horas de caminata llegamos a nuestro destino, Timahdite, donde había preparada una jaima y una carpa para comer algo “ligerito”. La hospitalidad marroquí es asombrosa y nos sirvieron una buena cantidad de cordero. Personalmente no lo pude probar, pero a más de uno le apretaba bien el pantalón después de comer. Menos mal que antes de la comida pudimos bailar al ritmo de los bereberes. Como podéis ver en este vídeo, Luis Javier se integró totalmente, parecía uno más y así fue acogido:

Una vez terminado el evento, donde pudimos disfrutar de un concierto de la mano de los mejores artistas, emprendimos viaje hasta Khenifra, muy cerca de Ifrane, el lugar donde se entrenan grandes atletas de élite. Allí nos alojamos en casa de unos familiares de Rachid y Malika, ¡imaginaos cómo nos recibieron! Nada más llegar nos pusieron una merienda que parecía la cena, pero es que ésta fue más copiosa aún. Ellos estaban encantados de tenernos allí y nosotros más. No podía haber mejores anfitriones.

TIMAHDITE, CON LA JAIMA AL FONDO | FOTO PROPIA

La luz se fue dejando entrever poco a poco por la ventana de la sala donde nos quedamos durmiendo: ya era lunes y tocaba volver a Rabat. Sin duda, esta parte fue la más desagradable del viaje, es duro volver a la rutina cuando te has acostumbrado tan rápido a estar allí, pero hay que hacerlo.

Al final de todo, del viaje a Marruecos no sólo me llevo una mejor marca personal e increíbles sensaciones. Me llevo una grandísima experiencia que estoy dispuesta a repetir (espero que sea pronto) y por encima de todo, muy buenos amigos. Hay una frase que se repite mucho y que algunos acostumbran a pronunciar muy a la ligera: “Son grandes atletas pero mejores personas”. Pues con Rubén, Luis, Luis Javier, Rachid y Malika os puedo prometer que esa máxima se cumple plenamente. Son buenos en la pista, pero fuera de ella son excelentes. Sólo me queda agradecer a Rachid que hiciera posible nuestra presencia y especialmente a Rubén Castrillo, nuestro boss particular, al que además volvimos loco con el avituallamiento en carrera (unos más que otros).

Gracias, gracias y gracias a los cinco, por haber hecho de este viaje una vivencia imposible de olvidar, donde además de conocer a personas extraordinarias he podido abrir horizontes y desterrar algún que otro mito (urbano e infundado) sobre la comunidad marroquí. ¡Volveremos!

«Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas. Hipólito Taine«

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Coral Aja

Periodista por vocación y atleta por devoción. Marchadora y comunicadora a jornada completa a caballo entre el mundo aeronáutico y el deportivo. "No hay mejor manera de medir el grado de libertad de un país que consultando su prensa"


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