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PSICOLOGÍA DEPORTIVA

Cómo convertir los fracasos en oportunidades

Ningún fracaso es eterno, ni ninguna decepción es para siempre
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Cómo convertir los fracasos en oportunidades
Sebas Martos, en el Mundial de Londres 2017 | WangConnection
Mediofondista del Playas de Castellón y estudiante de Psicología en la UCM
17 Ene 2019 22:01

Un grupo de discípulos le preguntó una vez a su maestro: 

–¿De dónde viene el lado negativo de nuestra mente?

El maestro se retiró un momento y enseguida regresó con un gigante lienzo en blanco. Justo en medio del lienzo había un puntito negro.

–¿Qué ven en este lienzo? – preguntó el maestro.

–Un pequeño punto negro – respondieron.

–Pues ése es el origen de la mente negativa. A menudo nos centramos en pequeñeces y somos incapaces de ver la enorme extensión de nuestra conciencia – concluyó.

Cuando competimos y nos sale mal (o al menos eso creemos), con frecuencia nos volvemos como los discípulos del cuento zen, que no son capaces de ver más allá del punto. Nos obcecamos con el resultado, perdemos el control y nos dejamos llevar por la ira siendo incapaces de centrarnos en otra cosa que no sea nuestro “fracaso”. Es en ese momento cuando las emociones se hacen dueñas de nosotros y nuestro pensamiento racional se bloquea. En consecuencia, no reflexionamos sobre nuestros actos y pensamientos y comenzamos a hacer atribuciones externas de nuestro fracaso: “… es que me han dado un codazo”, “¿Pero has visto que hemos pasado la primera vuelta lentísimas?”, “… y en la contrarecta soplaba un viento…”.

Es cierto que en la mayoría de ocasiones solo necesitamos un par de vueltas al césped para calmarnos y bajar nuestras revoluciones, incluso en ocasiones necesitamos hasta un par de horas para poder hablar con tranquilidad y ver con claridad lo que ha sucedido en la prueba. No obstante, hay reveses que no son tan fáciles de superar por la importancia que supone para nosotros ese evento.

Ana Peleteiro, en el Mundial de Londres 2017 | Uri Roura-WangConnection

Todos conocemos casos de atletas que después de una mala competición han encadenado una derrota tras otra, por no haber sido capaces de pasar página a lo sucedido. Otros incluso han llegado a entrenar mal la semana posterior a la competición debido a ese “bloqueo mental”. Y en mi caso puedo decir que sí, yo también he pasado días y días fastidiada por haberme quedado a las puertas de una mínima o haber logrado un bronce, ¡Sí, sí, un bronce en un Campeonato de España!

Pero después de haber pasado por esos baches, siempre he llegado a la misma conclusión: ¿De veras ha merecido la pena pasar esos días derrumbada, cuando todo ha seguido igual? La respuesta es NO. Por el contrario, lo único que he hecho ha sido perder energía y un valioso tiempo en el que podría haber vuelto a la carga más fuerte y con ganas.

Se dice que es imposible llegar al éxito sin antes fracasar, ¡Pero ojo, que no porque no hayamos cumplido con nuestras expectativas significa que hayamos perdido! De hecho, son nuestras expectativas y la forma de interpretar la situación las que determinan si estamos ante un fracaso o no. Somos nosotros los responsables de nuestras derrotas.

Por ello, lo primero que tenemos que entender es que todos podemos fallar alguna vez, que es muy difícil estar al 100% siempre y que valemos exactamente lo mismo que valíamos antes de la competición pese a no haber podido plasmarlo en la misma. No podemos vernos absortos por la sensación de culpabilidad y derrota que viene después de haber apaciguado la ira. Tras ese gran impacto de decepción es importante que aceptemos lo que ha sucedido, lo analicemos considerando diferentes posturas y detectemos los fallos para poder abordar lo sucedido y ponernos a trabajar en ello cuanto antes.

Maria Lasitskene | WangConnection

Una gran ayuda para llevar a cabo esto es reflexionar, escribir o redactar la carrera en primera persona unas horas después de la competición, meditando las sensaciones y nuestro rendimiento en la competición. Conviene preguntarse qué objetivos teníamos antes de la competición (técnicos, físicos y tácticos) y cuáles hemos cumplido, anotar las cosas que han ido bien y los errores que hemos cometido. Por último, podemos hacer una “tablita” con los puntos a mantener y los puntos a mejorar de la competición, buscando siempre tener el mismo número de anotaciones en ambos lados de la tabla. De esta forma nos obligaremos a centrarnos también en aquellos aspectos de la competición que no han salido del todo mal, como: lograr controlar los nervios antes de salir a pista, haber sido capaz de cambiar el ritmo aunque haya sido algo tarde, haberme colocado bien en la salida…

Ningún fracaso es eterno, ni ninguna decepción es para siempre. Después de una experiencia no podemos quedarnos con “nuestra mochila vacía”. Debemos dejar pasar la rabia, quitar credibilidad a las emociones y sentimientos negativos de nuestra mente y procesar el cambio. 

Nada es tan terrible como pensamos. Se trata de esperar a que pase la tormenta, aceptar lo sucedido, no dejarnos llevar por la emoción del momento, observar desde la distancia, no identificarse con el fracaso y dejar pasar lo ocurrido. Solo si somos capaces de tener una mente abierta, seremos capaces de pasar página y convertir los fracasos en oportunidades.

Bruno Hortelano, tras finalizar 4º en la final de los 200 metros
Bruno Hortelano, tras finalizar 4º en la final de los 200 metros | Daniel Meumann-WangConnection

Miriam Costa

Mediofondista del Playas de Castellón y estudiante de Psicología en la UCM

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