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‘Ganar o perder’, por ‘Chiqui’ Barros

‘Ganar o perder’, por ‘Chiqui’ Barros
27 Abr 2014 08:04
El entrenador Chiqui Barros en el pabellón de Würzburg salmantino | Diego Berrocal-TheWangConnection

El entrenador Chiqui Barros en el pabellón de Würzburg salmantino | Diego Berrocal-TheWangConnection

Demasiadas veces, por no decir casi siempre, la reflexión y el análisis último en el deporte de competición se mide en términos de victoria o derrota. Parece que si ganas, todo lo has hecho bien; mientras que cuando pierdes resulta todo lo contrario. Nada más lejos de la realidad. Porque en ocasiones ganas puesto que no puede ser de otra manera y en otras pierdes y, pese a lo que el marcador señale, has ganado.

Pensando así  puedes, seguro, ir en contra de la sensación generalizada y de la opinión mayoritaria. Pero, es cierto. Al menos yo así lo creo. Por eso, entiendo que el análisis deportivo debe, debería, trascender el resultado, poniendo mucha más atención a lo que de verdad sucede sobre la cancha.

Resulta que como, faltaría más, el talento marca normalmente la diferencia, hay equipos horriblemente mal entrenados que ganan y, parece, convencen, a la vez que otros, con un excelente trabajo diario, están condicionados por los límites que sus propias capacidades les imponen.

Por eso, sería conveniente ver el juego en su globalidad. Se ha de estar al todo. Entonces se puede ver, entiendo que fácilmente, cuándo un equipo  está o no bien entrenado. Cuando, el trabajo diario hace que el valor del conjunto supere y mejore a la suma del valor de sus componentes. Tanto desde un punto de vista técnico o táctico como físico o psicológico.

Tácticamente, cuando un equipo presenta una buena estructura ofensiva y defensiva, con variantes acordes a las cualidades de sus jugador@s. Haciendo grande el campo en ataque, con espacios que permitan generar ventajas, con buenas líneas de pase, estando cada atacante colocado en aquellos lugares en los que haga más daño, creando dificultades a las diferentes respuestas defensivas, con buen juego de bloqueos, con responsabilidades claras en el rebote defensivo y en la organización del balance defensivo, con algunos movimientos de máxima efectividad que permitan anotar en aquellos momentos en que la ofensiva se atasca, con dominio de las situaciones especiales…

Reduciendo los espacios en defensa para que, al contrario que cuando ataques, el campo parezca pequeño, con unos movimientos defensivos coordinados que hagan que los cinco jugador@s  se muevan armónicamente a la vez, con trampas que minimicen las virtudes del rival, con variantes que controlen el tiempo de juego, con un buen trabajo del rebote defensivo, hablando, jugando con el cuerpo, las líneas del campo que nunca cambian, las manos y la comunicación. En definitiva, jugando al baloncesto como demande cada momento y cada situación.

Jugadoras del Embutidos Pajariel Bembibre celebran una victoria

Jugadoras del Embutidos Pajariel Bembibre celebran una victoria | thewangconnection

Técnicamente, porque se aprende y se mejora cada día, cada sesión. Viendo cómo son los jugador@s al principio y cómo son al final. No hay entrenamiento bueno que no lleve aparejada la mejora individual. Se puede, y se debe, pasar, tirar, botar, jugar sin balón, bloquear, defender, conocer y comprender el juego mejor con cada sesión de entrenamiento sea esta individual o colectiva, genérica o específica. Si no se crece durante el proceso es porque la metodología no es la adecuada…por mucho que se gane. Porque si no mejoras, llegará un día que alguien te lo mostrará justo en el momento en que más duela.

Físicamente, adecuando el entrenamiento a las necesidades propias del juego del baloncesto y a las características individuales de cada jugad@r. Con un método que permita que no se produzcan las lesiones evitables. Porque el pianista no da vueltas alrededor del piano, lo toca.

Psicológicamente, mejorando la concentración que no es otra cosa que estar a lo que hay que estar cuando hay que estar. Jugando cada acción y no la anterior ni la inmediatamente posterior. Enseñando que el buen deportista juega tres partidos. Antes, el que se imagina. Durante, el que se produce. Después, el que repasa e interioriza. Mostrándose como un grupo cohesionado en el que el respeto por el trabajo de cada uno de sus integrantes-todos y cada uno-es máximo sea cual sea su rol o papel. Poniendo el yo al servicio del nosotros. Haciendo bueno el dicho de que “la fuerza de la manada está en el lobo y la fuerza del lobo reside en la manada”. Sabiendo que yo no puedo ser todo lo que soy a menos que tú seas todo lo que tú puedes ser.

Al final se trata de eso. Es por lo que entiendo que los análisis no pueden ser tan pobres de basarse exclusivamente en el resultado. Deben trascenderlo e ir más allá. Porque lo realmente importante y bonito es el proceso, el camino. Y eso es algo que no deberíamos olvidar ni siquiera cuando ganamos o aunque lo hagamos, ganar, muchas veces. Porque un equipo sobre el campo no engaña. Al menos a quien entienda del deporte en cuestión. Aunque los resultados puedan taparlo todo. Saludos y, como siempre, nos vemos en los pabellones.


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