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Zancadas para el recuerdo

La búlgara y la sueca

La búlgara y la sueca
Stefka Kostadinova en plena acción | IAAF
05 May 2016 09:05

Lo bueno de asistir como espectador a una reunión de atletismo es que, normalmente, los vecinos de asiento son como tú: si no especializados, al menos interesados y buenos aficionados a nuestro deporte, y se pueden convertir en amenos interlocutores con los que comentar incluso aspectos estadísticos y técnicos. Compárese con el vecino de asiento de un partido de fútbol, por poner el caso más recurrente, que puede ser cualquiera con conocimientos deportivos ínfimos, incluso inexistentes. Por eso me sorprendí mucho aquel día, en una reunión atlética en Madrid, al comprobar que el señor de al lado era un gañán de manual, que comía como una bestia descerebrada y entre bocado y bocado comentaba la jugada con su vecina de asiento, que debía ser su mujer. Y sí, lo han adivinado, hizo el comentario más repetido por los señores de su condición: los “negritos” ganan porque están acostumbrados a correr delante de los leones. Eso fue hace unos diez años, mucho tiempo ya. ¿Quedará gente como él? Yo creo que sí, parece una especie extinguida, pero están ahí, siempre al acecho.

El señor aludido tenía cierto parecido a Cletus

El señor aludido tenía cierto parecido a Cletus

Recuerdo especialmente irritantes sus comentarios sobre el salto de altura. No entendía por qué saltaban de espaldas: “de frente se salta más”, comentó repetidas veces. “Como si hubieras saltado alguna vez en tu vida, cretino”, pensé yo. Quizá como reacción ante la injusticia de sus comentarios, y ante las injusticias en general de la vida, comencé a interesarme especialmente por el salto de altura, una disciplina que habitualmente no concita mucha atención de los medios ni de la realización de la TV en los grandes eventos. Inexplicablemente, porque es espectacular. Yo he visto a grandes saltadores, tan grandes como Sotomayor, Sjöeberg, Paklin, Astafei, Meyfarth…. Hoy, por acotar, voy a centrarme en dos saltadoras, las que detentan los récords mundiales al aire libre y en pista cubierta. Dos míticas de la historia, sobre todo la primera, pero sin desmerecer a la segunda. Son la búlgara Stefka Kostadinova y la sueca Kajsa Bergqvist.

Kostadinova llegó a 1984, con solo 19 años, como una de las mejores saltadoras de su tiempo, pero no pudo participar en los juegos de Los Ángeles por el boicot de los países del este. Un año después la espigada búlgara lideró el ranking mundial, y en 1986 batió el récord del mundo, superando el listón situado a 2,08 metros. Su gran momento llegó un año después, en el mundial de Roma, cuando batió su propia plusmarca, dejándola en los hasta ahora imbatibles 2,09. Aquí les dejamos el salto:

Tras acumular grandes marcas y muchos títulos culminó su carrera con el triunfo que desean todos los deportistas: se convirtió en campeona olímpica en Atlanta ’96, después de fallar en Seúl ’88 y Barcelona ‘92. Un año después de ese oro se retiró, pero su marca sigue intacta casi 30 años después. En los últimos tiempos se han acercado bastante atletas como Vlasic (2,08, en 2009), y Chicherova (2,07, en 2011), pero hoy no se atisba otra que pueda hacerlo, cuando los grandes campeonatos se ganan saltando dos metros. Tras su retirada, en 1997, Kostadinova ocupó diversos cargos deportivos y políticos en Bulgaria, llegando a ser ministra de deportes entre 2003 y 2005.

Chicherova y Vlasic celebran uno de sus triunfos

Chicherova y Vlasic celebran uno de sus triunfos

La segunda saltadora del día es Kajsa Bergqvist. La sueca fue (y sigue siendo) una de las deportistas más populares de su país, con una constante presencia en los medios de comunicación. ¿No saben que postre tomar? Anímense con un RisiFrutti:

Bergqvist detenta el récord mundial de pista cubierta, logrado en Arnstadt hace diez años. Es otra de las que se ha acercado mucho a la marca de Kostadinova, pues en la ciudad alemana alcanzó los 2,08. Aunque no logró ningún oro olímpico, también posee un palmarés envidiable, con un bronce en los juegos de Sydney 2000, un mundial y dos europeos al aire libre. Bergqvist fue además una de esas atletas a las que los medios denominan “carismáticas”, capaces de animar una competición con su sola presencia. Era una saltadora inquieta, eléctrica, que procedía con un ritual muy llamativo en cada salto. Se golpeaba los muslos con las palmas de las manos, miraba al frente con los ojos entrecerrados, movía los dedos como tecleando el aire y comenzaba su carrera. Diez zancadas, una curva y… ¡arriba! Así ganó el oro en el mundial de Helsinki 2005.

Bergqvist celebra uno de sus saltos en Helsinki

Bergqvist celebra uno de sus saltos en Helsinki

La altura no es una prueba decaída. Al contrario que otras disciplinas de concurso ha tenido unos últimos años muy interesantes, con las mujeres referidas y otros grandes saltadores masculinos como el catarí Barshim, el ucraniano Bondarenko y, cuando está sobrio, el ruso Ukhov. Los récords mundiales, tanto los femeninos como los masculinos, son difíciles pero, por lo visto, batibles. Esperemos verlos caer pronto.

Como esperamos ver caer pronto (entre rejas) al cirujano plástico de Kostadinova.

Kostadinova, en una imagen reciente

Kostadinova, en una imagen reciente

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Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.


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