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La competición transforma la mentalidad del judoka adolescente

La competición transforma la mentalidad del judoka adolescente
04 Abr 2013 22:04

Competición infantil catalana de judo | Carlos Figueras Ruiz

A lo largo de estos dos últimos años he podido observar con claridad meridiana las competiciones a nivel autonómico y nacional de la categoría infantil (chicos y chicas hasta los 15 años de edad) de judo, correspondiente a los cursos de 1º y 2º de la ESO.

Lo que más me ha llamado la atención ha sido el profundo cambio de actitud que tienen estos deportistas cuando llega una competición. Sin dejar de ser unos niños y niñas adolescentes de edades comprendidas entre 13 y 15 años, pueden llegar a tener una actitud y comportamiento que no se diferencia mucho de los grandes campeones.

Cuando están llegando a las instalaciones deportivas el día de la competición, la mayoría está sonriendo y haciendo bromas de todo tipo, pero todo cambia, por completo, cuando se ponen el judogi y empiezan a calentar. Su rostro se vuelve más serio, todos concentrados en cada uno de los combates que les esperan para llegar a conseguir su objetivo; bajan la cabeza, la mirada perdida con la finalidad de recordar y visualizar todo aquello que han trabajado las últimas semanas para preparar el campeonato. Dejan de ser niños y niñas para ser deportistas de gran rendimiento.

Durante el combate se puede observar en sus miradas una gran dosis de tensión, agresividad, concentración y miedo a la vez, intentando  encontrar en su entrenador esa mirada cómplice que le transmita la solución para que la victoria caiga de su lado, ya que ellos solos no son capaces de conseguirlo. Dos opciones posibles: ganar o perder, por supuesto el afán de competitividad es colosal, no dan ni un segundo del combate por perdido y luchan hasta el final como héroes y heroínas. A pesar del cansancio que se ve reflejado en sus caras y en su cuerpos, siguen adelante porque, a veces, en los combates, cambia la suerte, y ellos lo saben.

Cuando finaliza la batalla, dependiendo del resultado, por un instante vuelven a la infancia para disfrutar del éxito conseguido, en este momento se puede reflejar en sus rostros la infinita felicidad, y a veces la incredulidad de haber conseguido la victoria, pero con la firme convicción de que no se ha terminado la guerra, porque hay que seguir concentrado y preparado para el siguiente combate. En caso contrario solo queda sacar la frustración y la decepción de la derrota y aprender de los errores para seguir mejorando día a día.

Una vez finalizado todo campeonato y ya de vuelta a casa, vuelven a ser esos chicos y chicas de miradas inocentes y sonrisas en sus caras con sus bromas y batallitas del colegio. No son conscientes que hace apenas unas horas luchaban por lograr su objetivo, aquello que ansiaban a toda costa y por lo que se han esforzado para conseguirlo.

Y como niños y niñas, que son al cabo de unas horas, todo queda olvidado. Ni el sabor amargo de la derrota puede con unos espléndidos momentos que viven junto con sus compañeros-amigos de fatigas,  porque en unos meses, o en la siguiente competición, volverán a tener la oportunidad de luchar por conseguir su pretendida victoria.

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