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Zancadas para el recuerdo

La doble caída

La doble caída
Mary Decker llora desconsolada tras su caída en la final de 3.000 metros de Los Ángeles '84 | COI
20 Jul 2016 10:07

Mary Decker despertaba pasiones entre los aficionados al atletismo, y su presencia en la pista del Memorial Coliseum de los Ángeles el 10 de agosto de 1984 fue recibida con una atronadora ovación. Lo tenía todo: norteamericana, guapa, blanca, atrevida… y la máxima favorita para hacerse con el oro olímpico en la prueba de los 3.000 metros lisos. Sí, 3.000, que no se sorprendan los más jóvenes. Hasta doce años después de esa cita no se introdujo la distancia de los 5.000 en categoría femenina. Eran otros tiempos. Fue en esos juegos de 1984 cuando las mujeres corrieron por primera vez el maratón, y el 10.000 femenino no se establecería hasta 1988. Y todavía esperaban los 20 km marcha, la pértiga, los obstáculos

Decker había conseguido un brillante doblete en 1.500 y 3.000 ante las enemigas soviéticas el verano anterior, en el primer mundial al aire libre, celebrado en la ciudad de Helsinki. Ese año de 1983 consiguió, entre otras distinciones, el oficioso título de mejor deportista del año otorgado por la revista Sports Illustrated. No fue una sorpresa, pues ya en 1982 había batido las plusmarcas mundiales de 5.000 y 10.000. Era la número uno del momento.

La mejor de 1983

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Pero en la final de Los Ángeles se empezaron a torcer las cosas para la que parecía llamada a ser una de las heroínas históricas del deporte. En realidad, la mala suerte le acompañaba de antes, al menos en las citas olímpicas. No pudo acudir a los juegos de Montreal ’76 por una lesión, ni a los de Moscú ’80 por el boicot de EE. UU. Ya en 1972 pretendió competir en los de Múnich, pero no se lo permitieron por tener solo 14 años. ¿Son muy pocos? No para ella, una atleta tan precoz que corrió un maratón a los 12 años, quedando muy cerca de las tres horas. Cierto, además de buena era versátil, y se manejó con solvencia en todas las distancias entre los 800 metros y los 42 kilómetros.

Hay casos más extremos: el indio Bhudia Sing corría maratones con 4 años

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Así que Mary Decker se presentaba en la final de Los Ángeles dispuesta a zanjar cuentas con el pasado, a demostrar que también era la mejor en la cita más importante. Al contrario que en Helsinki, decidió centrarse en una distancia, los 3.000, olvidándose de los 1.500. En la línea de salida se encontraban rivales temibles, como la rumana Puica, la sudafricana Budd, la alemana Krauss… pero ninguna tan fuerte como Decker, ninguna con su halo, ninguna como “la novia de América”. Todo estaba dispuesto para su oro. Pero…

… A mitad de carrera tropezó y cayó al suelo. Ahí se acabaron sus opciones. Los espectadores pensaron que, más que tropezar, la hicieron tropezar, y antes de que concluyera la carrera ya encontraron culpable: la sudafricana Zola Budd. Una tragedia de este tipo necesita, además de una heroína, una malvada, y ese rol se lo asignaron a la frágil Budd, una atleta pequeñita, de solo 18 años, que corría descalza y con la camiseta de Gran Bretaña porque su país estaba vetado en las competiciones internacionales a causa de la política racista de sus gobiernos. Recuerden, entonces los negros sudafricanos sufrían muchas restricciones, de todo tipo, y aún seguía encarcelado su líder, Nelson Mandela, acusado de terrorismo y conspiración contra el estado.

Ha cambiado de hábitos: Budd corre ahora con zapatillas

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Budd no era una cualquiera. Unos meses antes había batido el récord mundial de 5.000, aunque la marca no le fue reconocida por lograrla con licencia sudafricana. Por eso cambió de camiseta, de manera exprés, poco antes de los juegos, para normalizar su situación; pero desde aquella tarde en Los Ángeles su vida no volvió a ser normal, pues en cada reunión, en cada entrevista, todos le recordaban el incidente y los medios norteamericanos siguieron culpándola durante mucho tiempo de la caída de Decker. Injustamente. Como se puede comprobar en las imágenes, la sudafricana no cometió ninguna imprudencia, ningún mal gesto. Fue la mala suerte (o la torpeza) de Decker la única responsable de su caída.

El incidente aquella tarde en Los Ángeles fue aprovechado por la rumana Puica, que se hizo con el oro tras batir a la británica Wendy Sly. Budd, abatida, quedó en un discreto séptimo puesto. Mientras, Decker lloraba en el suelo.

Mary Slaney (su nombre de casada) trató de resarcirse en los siguientes juegos, los de Seúl ’88, pero solo consiguió la octava plaza en 1.500 y la décima en 3.000. No logró clasificarse para Barcelona ’92 pero sí para Atlanta ’96. Maldito el día, porque aquello le supondría su segunda caída, la personal. No por no conseguir meterse en la final del 5.000, sino por otra cuestión mucho más controvertida: analizadas las muestras de orina de los trials estadounidenses, Decker dio positivo por testosterona. Después de una pugna legal alargadísima la IAAF la suspendió por dos años, condenándola así al final de su dilatada carrera deportiva. ¿Saben quién era su entrenador entonces? Uno de los sospechosos habituales: Alberto Salazar.

Entrenador y pupila ruedan juntos

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Sin duda, Mary Decker-Slaney fue un personaje extraordinario en el atletismo de su tiempo. Una atleta valiente, excesiva, con una calidad inigualable, pero a la que se recuerda más por sus dos caídas. La primera, con angustia; la segunda con decepción. “La novia de América” dejó de serlo tras descubrirse su trampa.

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Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.

1 comentario

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  1. The Viexu
    The Viexu 27 julio, 2016, 09:10

    Muy bueno e interesante el artículo del Dr. Monterreal. El tropiezo de Mary Decker fue realmente un lamentable accidente en carrera que nos dejó sin ver, a los fieles amantes del atletismo, un final de carrera que se preveía apasionante con tanta calidad entre sus participantes. Injusto fue por otra parte todo lo que posteriormente hubo de aguantar la pequeña sudafricana Budd, pero la siempre prepotencia de EE.UU. les impidió aceptar que “su novia” no se llevase aquel oro. Fdo: The Viexu, coordinador Nacional de la Federación Peruana de Atletismo.

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