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La heroína mozambiqueña

05 Ene 2016 12:01
Maria Mutola. | Michael Steele

Maria Mutola. | Michael Steele

La mozambiqueña Maria Lurdes Mutola corrió los 800 metros en 2:04.36 a los 15 años. Lo consiguió en los juegos olímpicos de Seúl, en 1988. A pesar de su buena prestación, no pasó de la primera ronda en una prueba en la que el oro lo ganó la alemana Wodars. No fue una experiencia improductiva, ni mucho menos. Mutola extrajo una interesante conclusión: no era en el fútbol, su deporte favorito, donde podía triunfar, sino en el atletismo.

Mutola haciendo lo que más le gusta

Mutola haciendo lo que más le gusta

Mucho tiempo después, tras su retirada como atleta, regresó al fútbol. Puso en marcha la Lurdes Mutola Foundation, con el fin de recaudar fondos para la promoción del deporte en su país y colaborar en campañas de prevención de enfermedades infantiles. Siempre fue una mujer comprometida.

También se dedicó a entrenar. Dirigió a Caster Semenya para los juegos de Londres, donde la sudafricana consiguió la medalla de plata. Aunque no fue tan divulgado su caso como el de Semenya, Mutola también sufrió en su carrera, sobre todo al principio, acusaciones sobre exceso de testosterona y sospechosa masculinidad, sin ningún fundamento. El deporte de élite sigue siendo un mundo machista, y que sus dirigentes dictaminen quién es o qué es ser “poco femenina” rellena espacio en los medios y entretiene a los aficionados.

Semenya luce músculos. Hace bien, si los tiene

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La mozambiqueña llegó más preparada al siguiente gran campeonato, el mundial de Tokio ’91. En la cita japonesa tuvo una actuación excelente, pero sus 1:57.63 solo le permitieron ser 4ª. Un año después, en los juegos de Barcelona, decidió doblar. Quedó 9ª en la final de 1.500 y solo fue 5ª en su prueba, ganada por la holandesa Van Langen, esa temporada casi imbatible.

Fue una decepción nacional, pues se confiaba en Lurdes para lograr la primera medalla del olimpismo mozambiqueño. Pero es que los metales en Barcelona estuvieron muy caros: el bronce lo logró Quirot con 1:55.99. Recordemos que el récord de España está en 1:57.45 (Mayte Zúñiga, 1988), y no ha sido una prueba débil de nuestro atletismo, ni mucho menos. Mutola se resarció batiendo a Van Langen en la final de la Copa del Mundo (¿se acuerdan de esa competición?) ese mismo año, en La Habana.

Van Langen celebra su triunfo en Barcelona

Van Langen celebra su triunfo en Barcelona

A partir de entonces, y por muchos años, Mutola se convirtió en la gran dominadora de la distancia, pero no de manera incontestable. Venció en el mundial de Stuttgart ’93, pero en el de Goteborg ’95 fue descalificada por pisar la línea interior en semifinales. Su error fue aprovechado por la cubana Quirot, que por fin se alzó con el triunfo. Al año siguiente llegó la mayor decepción de Mutola, en los juegos de Atlanta, al lograr solo el bronce tras Masterkova y Quirot. Al menos, tuvo el consuelo de conseguir el primer metal olímpico para su país.

Volvió a caer en los mundiales de Atenas ’97 (bronce, tras Quirot y Afanasieva) y Sevilla ’99 (plata, tras Formanova). Sin embargo, gobernaba de manera absoluta en la pista cubierta (fue siete veces campeona mundial) y en la reunión veraniega más prestigiosa, la Wetklasse de Zúrich, donde posee el récord de victorias: ¡doce!

Mutola, en uno de sus triunfos en Zúrich

Mutola, en uno de sus triunfos en Zúrich

Mutola era la mejor, pero no infalible. Con estas dudas se presentó en los juegos de Sydney 2000. Muchos especialistas creían que se encontraba ante su última oportunidad de ganar el oro olímpico. Era aún joven, pues llegó a la cita australiana con solo 27 años, pero llevaba muchos entrenamientos y competiciones en las piernas, sus rivales más jóvenes pisaban fuerte, y el momento parecía ser ese. Quién sabe si se repetiría. Las ocho finalistas fueron las siguientes:

Graf (AUT), Holmes (GBR), Fuchsova (RCH), Mutola, Langerholc (ESL), Clark (USA), Benhassi (MAR) y Calatayud (CUB). Mayte Martínez cayó en semifinales.

La carrera se desarrolló con calma tensa en el Stadium Australia durante el primer 400. Fuchsova y Langerholc tomaron la iniciativa. Mutola se mantenía agazapada en el grupo al toque de campana, y así continuó hasta el 250 final, cuando se decidió a adelantar contrincantes. Al llegar la curva del 200 Holmes lanzó un durísimo ataque que solo pudo ser respondido por nuestra protagonista, que aguantó con firmeza la estela de la británica hasta superarla, con cierta facilidad, a 50 metros de la meta. Solo le quedó aguantar la embestida final de la austriaca Graf para entrar campeona. Por fin. Mutola tenía su oro olímpico, y Mozambique su heroína:

Tras la victoria de Sydney llegaron dos grandes triunfos más, en los mundiales de Edmonton ’01 y en París ’03. A los juegos de Atenas ’04 llegó con problemas físicos, y aunque aguantó en cabeza hasta 50 metros del final hubo de conformarse con el 4º puesto. Al menos, tuvo el consuelo de asistir a la victoria de su compañera de entrenamientos y amiga, Kelly Holmes. El 4º puesto lo repitió en su último mundial al aire libre, el de Helsinki ’05. Y culminó su carrera con un excelente 5º puesto en los JJ. OO de Pekín ’08. Los que pronosticaban que en Sydney se apagaban sus energías se equivocaron: tuvo cuerda suficiente para competir ocho años más al primer nivel.

Mutola y Holmes, siempre amigas

Mutola y Holmes, siempre amigas

Me gustan los atletas longevos, esos que, como Gebrselassie, Ottey y Zelezny son capaces de mantener la constancia durante tantos años. Tantos años en la élite, con sus entrenamientos, sus competiciones, sus decepciones y sus lesiones. Es mucho tiempo, además de cuerpo hay que tener mente que lo soporte. Mutola está en ese grupo de privilegiados. Compitió desde Seúl ’88 hasta Pekín ’08. Seis juegos olímpicos.

sido la mejor ochocentista de los últimos tiempos, por no decir de la historia. Con unas rivales durísimas. Todas las referidas, más Ceplak, Jelimo, Jepkosgei, la tropa de rusas ultravitaminadas… En su palmarés, sin embargo, falta algo: una gran marca. Nunca se acercó al récord del mundo. En la lista de mejores marcas de siempre aparece en el puesto 17º en tiempos (1:55.19) y el 8º en atletas. Fue una valiente competidora, y quizá la que junto a Quirot (1:54.44) y Jelimo (1:54.01) más esperanzas levantó en llegar por fin a Kratochvilova (1:53.28, 1983). No pudo ser. Seguiremos esperando.

Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.


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Zancadas para el recuerdo

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