Síguenos en InstagramSíguenos en FacebookSíguenos en TwitterSíguenos en Youtube
ATLETISMO

La mirada de Laura Muir

"Nada es imposible si crees en ello"
23 Sep 2016 21:09

Martes, 16 de agosto. Río de Janeiro. Nos situamos en la final olímpica femenina de la distancia reina del atletismo, los 1.500 metros lisos. Las casi cuatro vueltas a la pista comienzan con el pistoletazo de salida, y tras unos metros iniciales rápidos, el ritmo se ralentiza completamente. La carrera se para. El terreno se va poniendo más y más favorable para los intereses de una Genzebe Dibaba alejada de su mejor versión en la presente temporada.

A falta de 500 metros llega el hachazo. Cambio imponente de la etíope con el que en cualquier otra temporada hubiera dejado sin respuesta a sus rivales. Pero un destello pálido se pega a su espalda en esta ocasión, acompañada de Faith Kipyegon. Se trata ni más ni menos que de Laura Muir, la representante británica poseedora del récord nacional con 3:57.49. Sin mostrar miedo ni respeto a la actual plusmarquista mundial, en una disciplina en la que el dominio ha sido últimamente africano (o africano europeizado), la escocesa se lanza tras Dibaba dispuesta a disputarle el oro. Pero quizás ha sido muy valiente. A falta de 400 metros le fallan algo las fuerzas y en el último 300 éstas se desvanecen por completo, haciendo inútil su sufrimiento y alejándola de forma definitiva de las posiciones de honor. Acaba séptima una final olímpica, en la que la kenyana Kipyegon, líder del año hasta el momento, da la sorpresa relativa batiendo a Genzebe.

27 de agosto de 2016. Jueves. Apenas nueve días han pasado tras el fiasco olímpico de Muir. París, en la penúltima cita millera de la Diamond League, centra las miradas sobre la flamante campeona olímpica, con la duda de qué registro sobrehumano puede realizar. Pero ésta se pierde en la maraña de atletas que forman el pelotón, y ¿quién sale tras las liebres? Muir. Al paso del 800 se aparta la primera, y entra una segunda atleta a llevar el paso hasta los 1.000 metros, dando un importante cambio de ritmo. ¿Quién la sigue? Muir. A falta de 500 metros la última liebre se aparta, y ¿quién queda sola en cabeza? Muir. Sus rivales se han dormido y ella lo aprovecha. No mira atrás, eso hace perder tiempo. La mirada al frente, ni una duda a la vista.

A mantener el ritmo. Kipyegon no puede, pero viene Hassan desde atrás y enlaza. Laura ni se entera. Ella a lo suyo, zancada tras zancada. Llegan los últimos 200 metros y sus rivales se crispan, pierden la coordinación, están vacías. Ella a lo suyo. Técnica impoluta, mirada fija, concentrada, siempre adelante. Entra en recta de meta destacada, la carrera no se le escapará. Pero no mira al crono, ni al vídeo-marcador, ni mucho menos atrás. Sigue. 3:55.22. Bum.

Marca mundial de la temporada, 4ª europea de siempre y la mejor desde ¡¡1988!! 13ª atleta de la historia a nivel mundial, hubiera sido líder del año desde 1997 exceptuando a Dibaba la pasada temporada. Para colmo, Laura Muir acaba como líder de la temporada en un año en el que hasta nueve atletas han rebajado la barrera de los 4 minutos, el de mayor densidad de corredoras por debajo de esa barrera desde, por lo menos, 1999 (que es hasta donde llegan los registros en la web de la IAAF). Es decir, líder en uno de los mejores años de la historia de esta prueba femenina, si no el mejor.

El capítulo final tiene lugar en Zúrich, en la última parada del 1.500 del diamante. 1 de septiembre. Apenas una semana después de mostrar de lo que era capaz en París, Laura Muir luchará por la Diamond en el Letzigrund suizo. Sus bazas son ganar, o quedar segunda y que Kipyegon quede fuera del top-5. Conociendo a la keniata, la baza de la británica pasaba, a priori, por la victoria.

Con estos datos como telón de fondo, se daba el pistoletazo de salida a una prueba muy diferente a la de París. Kipyegon ya no se confía, y no deja margen, colocándose prácticamente hombro con hombro con la británica. Se aparta la liebre, y a falta de 500 metros, la keniata lanza su ataque. Mantiene el liderato hasta la entrada en recta de meta, pero ahí es sobrepasada brillantemente por Laura Muir en primer lugar, y por hasta cinco atletas más para acabar entrando séptima. En los metros finales, no obstante, la británica no pudo aguantar la fuerza de la americana Rowbury, que la sobrepasa en la misma línea de meta. Pero el diamante se iba a Escocia. Y no lo ganó Laura, lo perdió Kipyegon.

La keniata se precipitó. El ataque a falta de 500 metros resultó ser demasiado largo para sus fuerzas, y no hizo más que una labor de liebre para todas las rivales. Ahora bien, esa precipitación sí que fue provocada por Muir, que con el crono y la gran carrera realizados en París una semana antes, provocó las inseguridades de Faith Kipyegon, inseguridades que la empujaron al error. Porque Kipyegon hubiera tenido suficiente con entrar quinta en meta.

Y qué decir de la escocesa en la carrera suiza. En un 1.500 calcado al de Río en cuanto a estrategia, no dudó en irse con su máxima rival a falta de 500 metros, aún a sabiendas del fiasco que supuso realizar lo mismo en la final olímpica. Pero Laura iba a por la victoria, iba a por el diamante. Las dudas, de nuevo, no hubieran sido más que piedras en su camino, molestias que ella no se permitió tener y que, en cambio, hundieron a su máxima rival.

Pero, ¿qué valor tienen estas actuaciones además de los registros y los títulos? La valía del registro reside sobre todo en el poco descanso que tuvo la británica tras los Juegos. En ellos, las atletas que corrieron en la final realizaron tres carreras en el espacio de una semana, todas ellas a cara o cruz. El más mínimo error te dejaba fuera de la siguiente ronda. Por lo tanto, además del agotamiento físico, un factor muy importante tras un gran campeonato es el mental. Máxime cuando llega el día de la gran final y las fuerzas no te acompañan en el momento definitivo, en la culminación de, por lo menos, un largo año de trabajo.

Recuperar la confianza en uno mismo tras un chasco como el que se pudo llevar la británica, favorita a disputar las medallas, y ser capaz, sólo nueve días después, de correr una carrera como lo hizo en París, saliendo en cabeza y dejando atrás a todas las rivales sin girarse ni una sola vez, tiene un valor más allá de cualquier resultado. Muestra la fuerza de una atleta, que con apenas 23 años bajo el brazo, se ha hecho un gran hueco en la historia de la prueba reina de la pista.

Y todo ello, esa fuerza, esa raza, esa negativa a rendirse, y ese luchar el todo por el todo; todo eso queda reflejado en una imagen. La de los 120 metros finales de Zúrich. Cuando la joven británica cambia de ritmo para sobrepasar a la campeona olímpica. La mirada de determinación, de pensar y de creerse que la carrera no se le escapará, que el diamante no se le escapará. Aunque luego no gane, ella no duda de sus fuerzas. Por eso salió tras Dibaba en Río, y por eso lo hizo tras Kipyegon en Zúrich. Porque nada es imposible si crees en ello.

Laura Muir se postula ya como la referencia de la milla europea en los próximos años. Incluso me atrevería a asegurar que será la figura del medio fondo durante largo tiempo. Porque si algo hace falta para ganar a los africanos en las pruebas de medio y largo aliento, además de una indudable calidad, es actitud y fe en uno mismo, algo que la joven escocesa sin duda posee. Y todo esto lo transmite con una sola mirada. Una mirada llamada a ser el faro del medio fondo europeo. Una mirada de sólo 23 años de edad. Una mirada que ha hecho historia. La mirada de Laura Muir.

Laura Muir, Diamond League de Zúrich | Captura vídeo

Laura Muir, Diamond League de Zúrich | Captura vídeo

RELACIONADO

Marc Masip

Físico. Atleta y coordinador de la Escuela del Atletisme Gavá. Descubriendo los misterios de la pértiga. Parte de @WangConnection. ¿Un libro? Marina. #PasoaPaso


Etiqueta asignada a este artículo
Medio fondoLaura Muir