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VETERANOS

La otra cara del «Efecto Hortelano»

Pablo Martínez: el velocista que detuvo el tiempo
La otra cara del «Efecto Hortelano»
Pablo Martínez Miñarro encara la recta de meta en Perth | Alejandro Vivancos
22 Nov 2016 14:11

No hay nada mejor que la celebración de una gran noticia para ilustrar una reflexión de mayor calado. La noticia nos llega de la ciudad australiana de Perth, donde se acaba de disputar el Campeonato del Mundo de atletismo al aire libre para veteranos. Y el protagonista es un atleta español, murciano de 35 años, Pablo Martínez Miñarro, quien ha conquistado la medalla de plata en la prueba de 200 metros lisos en la categoría M35 con una marca de 21.95 segundos. Sí, han leído bien: subcampeón del mundo de 200 metros; la misma disciplina en la que nuestro Bruno Hortelano hace unos meses ha sido coronado campeón de Europa en categoría absoluta.

Los logros conseguidos por Hortelano en este 2016 han situado en el primer plano del deporte español una disciplina atlética -las pruebas de velocidad- de escasa tradición en nuestro país. Y, en principio, parece que lo  mejor de este atleta está por llegar, postulándose como firme candidato para acompañar al francés Christophe Lemaitre como segundo atleta de raza blanca capaz de correr los 100 metros por debajo de 10 segundos. Y en términos parecidos cabe hablar de Bruno Hortelano respecto a la prueba de 200 metros y la barrera de los 20 segundos.

Pero conviene tener presente, antes de continuar, que el «Efecto Hortelano», de español tiene sólo el nombre y la nacionalidad del atleta en cuestión, pues la formación deportiva de este velocista se ha desarrollado íntegramente en Estados Unidos.

La gesta de Pablo Martínez, obviamente con distinta repercusión mediática, nos da pie sin embargo a reflexionar sobre la intrahistoria del atletismo español; y arroja la duda razonable de si el llamado «Efecto Hortelano» bien pudo haberse producido mucho antes en nuestro país.

La historia de Pablo es la historia de un niño que soñaba con vivir una brillante carrera como atleta profesional. Condiciones no le faltaban, como así lo demuestra su magnífico palmarés desde bien pequeño.

Pero los niños crecen y, como diría Jaime Gil de Biedma, en ese momento en el que uno comprende que esto de la vida va en serio, hay que verlo todo muy claro o ser muy temerario para lanzarse al vacío a la caza de un sueño. Pablo miró a su alrededor y no viéndolo claro, colgó las zapatillas.

Optó de manera inteligente por apuntalar su vida profesional lejos del atletismo. Así lo hizo. Y sólo entonces volvió a ceder al impulso y a la pasión por este deporte. Pero habían transcurrido unos cuantos años, demasiado tiempo desacostumbrando el cuerpo a la enorme exigencia física, mental y en términos de disciplina que requiere el atletismo de alto nivel.

El reto estaba servido y Pablo aceptó el desafío. De la mano de su nuevo entrenador, el reconocido velocista español, en su día plusmarquista nacional de 200 metros lisos y atleta olímpico, Francisco Javier Navarro, Pablo Martínez tardó poco menos de un año en volver a reconocerse como atleta dentro de una pista.

Y su renacimiento, qué quieren que les diga, a mí me evoca a Fray Luis de León, quien tras estar encarcelado por la Inquisición durante 5 años, retomó sus clases en la Universidad de Salamanca dirigiéndose a sus alumnos en los siguientes términos: «Como decíamos ayer».

Así ha vuelto Pablo Martínez a la competición tras su prolongada ausencia, dirigiéndose a sus rivales del mismo modo que Fray Luis de León a sus alumnos; y haciendo con ellos lo que acostumbraba a hacer: ganarles. Ganarles, como si ganar fuera lo más natural del mundo, retomando el pulso a la victoria en el mismo punto donde lo dejó, como si el tiempo se hubiese detenido.

Pablo Martínez Miñarro en la entrega de medallas

Pablo Martínez Miñarro en la entrega de medallas | Alejandro Vivancos

Me aventuro a afirmar que la historia de Pablo bien podría ser la historia de otros muchos atletas españoles de distintas disciplinas, quienes, agraciados con un don natural para la práctica de este deporte, han visto no obstante cómo se diluían sus sueños a golpes de realidad. Siendo esto algo repetido generación tras generación en un país, como es España, instalado en el llamado primer mundo desde hace ya casi cuarenta años, con un clima absolutamente privilegiado para la práctica de deporte al aire libre. Pero un país que, al menos en cuanto a atletismo se refiere, sigue acumulando demasiado retraso con relación a los países de su entorno.

Barcelona ’92 supuso un indudable espaldarazo para el deporte español en general, también para el atletismo. Pero el rédito se agota y resulta ya inaplazable experimentar un nuevo paso adelante, un nuevo punto de inflexión en positivo, sin necesidad de esperar a organizar otros Juegos Olímpicos. Materia prima para ello ha existido históricamente en este país, como lo demuestran historias de superación con un final feliz como la de Pablo Martínez Miñarro.

1 comentario

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  1. Manu
    Manu 25 noviembre, 2016, 09:22

    Gran artículo! Enhorabuena

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