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La vida sigue igual

Contracrónica de Mario Torrecillas
La vida sigue igual
Mo Farah contra la Armada Africana en Londres | Uri Roura-WangConnection
05 Ago 2017 09:08

1.

Kenia hizo de Kenia. Etiopía de Etiopía. Y Mohamed Farah, “Mo”, para los amigos, hizo de “Mo” Farah.

2.

Y en los altavoces del estadio inglés solo faltó que sonara aquella vieja canción de Julio Iglesias: “La vida sigue igual.”

3.

Pero hay gestas que también son sentencias de muerte deportiva. Gestas y gestos que huelen a lo lejos a pescado podrido, y en el caso de Mo Farah, su gesta le otorga una relativa credibilidad que perdió hace mucho tiempo… ese olor a pescado podrido que viene lejano de aquel histórico ejercicio del 2015, cuando el 22 de marzo, en la Media Maratón de Lisboa, clavó un registro de 59:30… y sólo 4 meses después, como el que no quiere la cosa, hizo una aparición de ciencia ficción en las pistas de Mónaco, logrando un histórico y rimbombante, 3:28 en el milqui.

Nunca antes se había visto una genialidad similar en pruebas que quedan tan distanciadas entre sí como de la luna a Jupiter. Ni siquiera el mismísimo Bekele, el corazón más privilegiado del atletismo, pudo hacer sendas marcas en el milqui ni en la media. ¡Y menos en un plazo de 4 meses de diferencia!

Y no, por Dios, claro que no, Farah no es Bekele, ni siquiera Paul Tergat, mucho menos Gebrselassie. Es tan impensable de creer como si el pintor Antonio López consiguiera pintar una obra única y genuina como El Guernika. Imposible de imaginar, porque ni el trazo, ni la innovación, ni su don es el de un genio como Picasso.

4.

Desde entonces tiene su lógica que a Farah se le persiga como un proscrito. Tampoco es de extrañar que su cabeza pelona asome en la lista de los piratas Fancy Bears. Y lo raro es que no salga también en los papeles de Bárcenas.

5.

Inglaterra es un país con un agudo sentido del espectáculo y parece que alimentar a tanto hooligan requiere un ídolo con los pies de barro. Al precio que sea.

Victoria de Mo Farah | Alexander Hassenstein/Getty Images for IAAF

6.

Pero, ¡ojo! quien esté libre de culpa que tire la piedra piedra. También bajo los tejados de uralita de las chozas kenianas se intuye el mismo olor a química que en los brillantes despachos del Nike Oregon Project donde salvaguardan al ídolo Inglés. Solo que la diferencia entre unos y otros se encuentra en el lujo del mobiliario.

Este viernes teníamos en la línea de salida al keniano Paul Tanui, plata olímpica (bronce aquí), representado por ese italiano afincado en Kenia… un macarroni llamado Federico Rosa: otro que también tiene la moral y la ética relajada, y que un mundo más justo debería estar inhabilitado por cargar a sus espaldas a más de una docena de atletas pillados con dinamita corriendo por sus venas. Sin embargo, en este “totum revolutum”, también se encontraba este misterioso Tanui, de aspecto similar al personajillo de la bolsa de los Conguitos, que, casualidad de la vida, lleva todo este año escondido bajo un futón japonés para salvaguardarse de los chuzos de punta que llueven sobre el maizal keniano de su potentado. Como ven nada de todo esto es bonito.

7.

Y es algo tan feo que no me gustaría tener que contarlo a un hijo que quiera practicar el atletismo. Pero es algo que tristemente está ahí y se puede contar…

8.

A priori, por talento, en la noche solo había un hombre capaz de hacerle frente al ídolo increíble: y este no podía ser otro que el rocoso Geoffrey Kamworor, el único que ha sabido desarticular al madelman inglés con las rodillas ensangrentadas en el mundial de media maratón disputado el año pasado en Cardiff.

El keniano que milita en el equipo de la policía de Item (lo que no deja de tener retranca, en vista de que tenía que perseguir y dar caza a la sospechosa sombra del atletismo) no compareció esta vez con unas zapatillas escritas con el nombre de Eliud (Kiopchogue) con las que revalidó el campeonato del mundo de Cross en Kampala en este ejercicio. Lo hizo con otro modelo de zapatillas más discreto, sabedor que este año había ganado los trials de su país con 27:30, una marca que le alejaba a todas luces de asaltar el reinado del inglés. Pero lo intentó. A Dios puso por testigo que lo intentó.

Y en su defecto, no deja de ser irónico, que, el mismo Kamworor que ganara en Kampala se encontró vivo al chico al que derrotó y que fue hoy su mejor aliado, el que tiró desde el primer metro, el que se dejó la piel, y el que mereció la plata, (y el oro, por qué no decirlo), y ese no es otro que el gorrión Ugandés, llamado Josua Cheptegei, un atleta superdotado que ayer demostró que, después del mazazo que se llevó en el Mundial de Cross no tiene miedo ni a los leones de su continente.

La África atávica, gutural y hambrienta, representada en ugandeses y kenianos, se conchabaron contra Mo Farah, y el bueno de Cheptegei, con unos huevos más grandes que los de un toro, salió claramente a presentarle batalla imprimiendo un ritmo de récord del mundo que dejaba descolorada hasta la piel morena de aquellos otros africanos que no querían entrar en este pacto de alianzas, y del que nadie, creo, se esperaba en absoluto.

Por ejemplo, los mismo etíopes. Los pistachitos hicieron de lo que saben hacer, especular desde atrás, y que se maten los otros, y algo de razón tenían en no ir tras la quimera que planteaba Kamworor y Cheptegei. Pero los pistachitos no son tontos, y sabían de sobra que si querían vencer hoy a Farah, alguien tenía que ir a machete y hacer el trabajo sucio, picar suela muy profundo y aguantar el dolor de un tartán que, a 2:39 el kilómetro, era como si pisaran sobre una fundición incandescente de acero.

Aguantaban sin quemarse los pies.

Cada vuelta a 64 seg.

Los 10.000 de Londres | Andy Lyons-Getty Images for IAAF

Haciendo extraños tirones, como si la carrera tuviera detectado un principio extraño de Parkinson, con tembleques y con todos los protagonistas a punto de morir. Y ya en el cuarto kilómetro se estaban descoyuntando el grupo de atletas con una marca de 10 33, y con Aron Kifle, el eritreo fantasía, a la cabeza, dando un respiro a los kenianos y a Chepteguei, que habían bajado los pistones porque aquello era insoportable al desaliento.

En el Kilómetro 5 quedaban nueve atletas, y volvieron a darle al molinillo, asaltando el crono, los tres kenianos, y el onnipresente y descarado Chepteguei, en una propuesta que empezaba a tener toda la seriedad del mundo porque el paso que iban era para bajar ostensiblemente de 27. Y eso ya eran palabras mayores, suficientes para mosquear al propio Farah, que veía a su lado que los chicos de África eran tiburones que cortaban el tartán con las aletas hambrientos de victoria. En algún momento se vio a Chepteguei como azuzaba con la mano a los kenianos para que fueran más rápido. ¡Qué poderío! Solo le faltó tener un hacha de guerra.

De hecho los kenianos le miraban como si estuviera loco porque pedir ir más rápido era pedir que fueran en moto. Llegaron al último kilómetro, con el etiope Hadis, dando un hachazo, por primera vez, muy a la manera etiope, saliendo del cascarón, agazapado, y con Mo pegado a kenianos, controlando, pero viéndose que las iba a pasar caninas, y como no, con Cheptegei también que seguía firme, creyendo que el mundo es para los locos y los soñadores como él. ¡Madre mía! Qué manera de tirar, que emoción y cuánto nos estaban haciendo vibrar los palillos de África.

Al final, una locura así, se planteó en una última vuelta a 54 seg, con Cheptegei vendiendo cara su derrota, y con un Mo, que para entrar primero tuvo que hacer el último kilómetro en 2:30 con una marca personal de 26:49. 51. Por los 26:49.94 de Joshua Cheptegei, segundo, y Paul Tanui, el otro, con 26:50:60.

Nada, que de los 7 primeros que bajaron de 27, ya se pueden tatuar en el brazo que participaron sin duda en el mejor diez mil de la historia, y seguramente tendrán algo bonito que contarles a sus nietos cuando se lo muestren.

9.

Mo ha pisado dos veces fuera de la pista. O sea, que el inglés meó dos veces fuera de tiesto. El keniano Ezequiel Kemboi fue eliminado en Río por algo similar. Pero Mo, claro, si mea fuera de tiesto, es colonia inglesa. Perfume de otra fragancia.

10.

Después del espectáculo que brindó el ugandés en Kampala sumado al de este viernes, lo mejor que se puede decir es que ha nacido una estrella. Y esa se llama Joshua Cheptegei.

Joshua Cheptegei, Mo Farah y Paul Tanui

Joshua Cheptegei, Mo Farah y Paul Tanui | Richard Heathcote-Getty Images for IAAF

Mario Torrecillas

Mario Torrecillas, escritor y guionista.   Fue campeón de Taekwondo en la categoría de Peso Mosca. Estuvo en la selección española en el CAR de Sant Cugat, junto a compañeros que luego han sido campeones olímpicos de esa disciplina deportiva. Más tarde pasó por mil oficios (realizador de publicidad, guionista de cine y cómic). Durante cuatro años fue columnista de El Periódico y colaboró en RNE. Ha publicado dos novelas gráficas en Ediciones Glénat -Santo Cristo (2009) y El hijo (2010)- y una en la Ed. Penguin Random House (Mondadori), Dream Team (2015), actualmente pendiente de adaptación cinematográfica. En 2008 fundó PDA (Pequeños Dibujos Animados) pda-films, un proyecto que consiste en pasarlo bomba realizando películas de animación, con el que ha ganado premios en certámenes internacionales.  


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