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Las columnas de Hércules

Las columnas de Hércules
27 Mar 2014 21:03
Diana Martín Giménez, Juan Carlos Higuero, Pablo Villalobos, Antonio Serrano, Chema Martínez y Alessandra Aguilar,

Diana Martín Giménez, Juan Carlos Higuero, Pablo Villalobos, Antonio Serrano, Chema Martínez y Alessandra Aguilar,

Hace unos días, en esta ventana quisimos reconocer la labor del atleta Jesús Antonio Núñez a raíz de su medalla en el Nacional de Media Maratón y su inclusión en la lista de seleccionados para el Campeonato del Mundo de Media Maratón, que se disputa el sábado 29 en Copenhague, Dinamarca.Con ello queríamos resaltar que la recompensa siempre llega cuando se trabaja con rigor, honestidad, esfuerzo, voluntad. Antonio es un magnífico ejemplo de ello.

Ahora bien, atletas como él hay centenares. Unos reciben más reconocimiento que otros; unos acaban pareciendo estrellas y otros suelen acabar estrellados por los medios. De lo que no hay duda es de que todos ellos ponen todo de su parte, se entregan en cuerpo y alma para abrazar los sueños de la infancia, de la adolescencia o de su plena madurez.

No obstante todo lo anterior, muchas veces todo ello no es suficiente para que el deportista pueda contar con lo necesario para sentirse plenamente preparado para llegar a lo más alto, para levantarse cuando cae, para seguir luchando cuando las fuerzas escasean, para compartir las alegrías y las penas cuando unas y otras acontecen.

Es habitual escuchar y leer que los atletas agradecen enormemente el apoyo del público, de los espectadores, de los aficionados. Todo aquel deportista que alguna vez haya sentido, escuchado, los ánimos del pueblo puede dar fe de los aspectos positivos de los mismos y de que son de enorme ayuda en muchos momentos, no sólo en plena competición, sino también en otras circunstancias de la vida diaria.

El atletismo es un deporte eminentemente individual, incluso cuando se realiza en el marco de competiciones de clubes, equipos o selecciones. Aunque esa individualidad está fuera de toda duda, pues el que corre y entrena es el propio atleta, a su alrededor suele haber (si bien no siempre es así) personas fundamentales para que todo el esfuerzo, sacrificio, entrega llegue a buen fin. Me refiero a seres tan fundamentales como la familia y los entrenadores.

Comenzando por la segunda de las figuras, es tristemente común que los entrenadores parecen no contar. Puede parecer fácil que nuestros atletas corran de forma habitual pruebas de 10 kilómetros en menos de 29-30 minutos; media maratones en poco más de 60 minutos y maratones en tiempos que rondan las 2h10´.

También puede parecer fácil conseguir por parte de un entrenador que una chica corra los 1.500 en marcas cercanas a los 4 minutos; los 3.000 metros obstáculos en menos de 10 minutos. Pues no, no es nada fácil. Detrás, o delante, de atletas que consiguen esos registros hay muchas horas, días, semanas, meses y años de trabajo por parte del atleta. Claro. También está claro que para que ello pueda acontecer es necesario que, a la calidad y esfuerzo del atleta, exista la figura del entrenador que dedica horas, días, semanas, meses a programar y a planificar sesiones de entrenamiento y temporadas para que su atleta pueda entrenar y competir en la mejor de las condiciones.

Con tanto estudio y trabajo siempre trata de que el deportista pueda ser capaz de superar sus registros, de entrenar cada día más fuerte, de que el atleta pueda sentirse total y absolutamente tranquilo de que cuenta con el apoyo de una persona sobradamente preparada a fin de que pueda depositar en él o en ella toda su confianza.

Cuando las competiciones se ganan y/o pierden por centésimas o segundos todos los factores cuentan. El deportista puede y debe cuidar al detalle su alimentación, sus tiempos de descanso; debe entrenar fuerte, duro. Para ello, el entrenador debe analizar, valorar, pensar, predecir; también debe contar con la predisposición del atleta, con sus valores, con sus actitudes. Todo ello para intentar afinar al máximo, para preparar las sesiones de entrenamiento como si de un cirujano se tratara. Ha de cuadrar velocidad de carrera, ritmos, tiempos de recuperación, repeticiones sobre el tartán, en el gimnasio, en el campo.

En los tiempos que corren no es fácil pretender vivir del atletismo (afortunadamente hay atletas que sí que lo consiguen) para los deportistas. Si eso es así es fácil imaginar cuántos entrenadores de atletas pueden dedicar todo su tiempo a sus atletas. En la mayoría de los casos esta faceta se tiene que compaginar con una profesión independiente, más o menos autónoma. Entrenar a un atleta no acaba con los estiramientos y la ducha tras la sesión de ejercicio. Entrenar a un atleta no acaba nunca. Conseguir que los atletas mejoren y evolucionen requiere de la dedicación del entrenador dentro y fuera de las pistas, buceando en libros, en búsquedas por internet, en probar una y otra vez el método de ensayo y error.

Requiere desvelos, resolución de dudas, de preguntas. Necesita de tiempo para plasmar en un papel aquellas ecuaciones que, cual alquimista de otras épocas, sean capaces de catapultar a los atletas hasta el estadio ansiado, hasta la competición soñada, hasta la medalla de los desvelos y las pesadillas. En el caso de Antonio Núñez una de sus columnas es Antonio Serrano.

Y si el entrenador ha de estar en la pista, en la competición y en el día a día del atleta, no menos cierto es que junto al deportista suele existir la figura de la familia para que pueda sentir que el círculo se cierra y, con ello, pueda dedicarse a dar el 100% de su capacidad a luchar por encontrarse algún día viviendo el sueño más recurrente.

A veces pensamos o decimos que el atleta tiene una vida muy fácil, pues se dedica a lo que le gusta: a entrenar, comer, descansar y poco más. Aunque lo parezca, no es nada fácil poder afrontar una vida tan sufrida y sacrificada, llena de dolores causados por la dureza de los entrenos, por las efectos colaterales del ácido láctico o por las consecuencia del elevado volumen de kilómetros o la intensidad de las series. Para que todo ello sea más fácil es necesario que, cuando el atleta sale de casa, lo haga siendo conocedor de que bajo el mismo techo existe esa persona o personas que te empujan cuando ralentizas el ritmo; que te cogen por la axila cuando doblas las rodillas; que te secan el sudor cuando éste te nubla la vista; esa persona o personas son las que están, las que siempre están, las que te dan aliento cuando los pulmones o el ánimos se colapsan; son el soporte para que el espíritu siga intacto, para que la energía siempre corra por las venas a la par que la sangre, la hemoglobina o el glucógeno cumplen sus diferentes funciones.

Muchas veces no salen los tiempos en los entrenos, no se consiguen las marcas deseadas y esperadas en las competiciones. En ocasiones, ese ser que queda en casa paga el pato de los desaires del deportista, de su a veces llamado “egoísmo” por pensar o creerse el centro del universo. La confianza, el amor, el cariño, el entendimiento, son las claves, las llaves, para abrir las puertas a que nuestro atleta se sienta el Hércules de las pistas, del asfalto, del cross. Volviendo a Antonio, me consta que su familia es otra de las piezas fundamentales de estar donde está y de ser como es.

Gracias a estas figuras, nuestros héroes podrán sentir bajo sus pies tan necesarias columnas sobre las que cimentar su camino hacia las estrellas, el sol o hasta donde se proponga. Consideramos que es justo reconocer estas figuras sin las cuales ninguno de nosotros, ni de nuestros atletas, seamos como somos ni sean lo que son.

Fran Aguilera

Corredor, Diplomado en Educación Física, Monitor de Atletismo, Entrenador Nacional de Ciclismo. Mijas (Málaga)


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Jesús Antonio NúñezAntonio SerranoEntrenador

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