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Las expectativas incontroladas aumentan el riesgo de dopaje

Psicóloga deportiva y entrenadora de baloncesto
13 Oct 2015 04:10
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La oscuridad del dopaje | Archivo

Si los deportistas saben que doparse es ilegal y que van a ser pillados, y por lo tanto sancionados, ¿Por qué eligen el camino fácil? Hoy intentaré explicar la influencia de las expectativas sin control sobre las decisiones de los deportistas.

Los deportistas tienen entre sus objetivos adecuarse a las expectativas fijadas. Las expectativas pueden ser propias, las que el deportista se marca de forma personal, y externas, las que familiares, amigos, patrocinadores y estamentos públicos desean. En numerosas ocasiones, y si no se trabaja desde un entrenamiento psicológico correcto, estas expectativas incontroladas que provienen de forma externa al deportista, empujan a aumentar las propias. Es decir, «si ellos me piden mucho, me pediré yo más, y más, y más», sin cuidar todo lo que ello conlleva.

No conseguir lo que nos fijamos y entrenar en base a expectativas que están por encima de la realidad aumenta de forma excesiva la presión que sufre el deportista, y por tanto disminuye el rendimiento. Y cuando el rendimiento baja, estamos más lejos de cumplir lo que está fijado, lo que esperan, ¿Adivináis?

Si estas expectativas no se fijan en torno a unos parámetros racionales, bajo un control, y no se incrementan de forma proporcional al rendimiento del deportista, así como a sus cualidades, puede favorecer que un deportista que no posea un nivel madurativo suficiente para declinar la oferta del camino fácil termine en las garras del dopaje. No cuidamos a nuestro deporte y a nuestros deportistas si exigimos sin límites, sin saber qué pedimos y por qué, y si está bajo las posibilidades de la persona. Les empujamos al precipicio.

El entorno del deportista debe controlar qué le exige, pues la presión de estas expectativas puede favorecer el camino incorrecto. Un deportista que se ve acorralado entre resultados que no se adecuan a lo que le piden, puede decirle sí a lo que seguramente le lleve al final de su carrera. Por consiguiente, debemos cuidar los valores y exigencias de familiares, amigos, sponsors, estamentos públicos… es cuestión de cuidar el presente y el futuro.

Silvia Bartolomé

Psicóloga deportiva y entrenadora de baloncesto

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