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Las rumanas y Samolenko

20 Ago 2015 08:08

Si hablamos de la final olímpica de 3.000, sin obstáculos, los más jóvenes pueden sorprenderse. Esos muchachos crecidos en el siglo XXI deben saber que el 3.000 metros obstáculos no siempre fue prueba olímpica en categoría femeninani el maratón, ni la pértiga, ni la marcha, ni muchas otras. Los directivos de la IAAF pensaban que eran pruebas muy duras o técnicamente exigentes para mujeres. Como suena.

En la final de 3.000 de los juegos de Los Ángeles, en 1984, la heroína local, Mary Decker, tropezó con la sudafricana Zola Budd, se fue al suelo y allí se quedó. Decker gozaba de una popularidad similar a la de Carl Lewis, era “la novia de América”, y su ‘DNF’ provocó una gran conmoción en los espectadores barriestrellados. No es necesario que lo relate porque es un episodio suficientemente conocido: la afición, los medios y la propia atleta culparon injustamente a la frágil Budd, que corría con camiseta británica por estar su país vetado para las competiciones internacionales. Eran tiempos de apartheid, recordemos. Pero ahora olvidémonos de estas dos medio fondistas (y del racismo de estado sudafricano) para fijarnos en otras heroínas de los ochenta: las rumanas y Tatiana Samolenko.

Decker cae tras tropezar con la descalza Budd. Puica (316) y Sly (175) salen indemnes | © Rex Features

Decker cae tras tropezar con la descalza Budd. Puica (316) y Sly (175) salen indemnes | © Rex Features

Las rumanas Doina Melinte y Maricica Puica no eran dos atletas cualquiera. La última llegó a los juegos de Los Ángeles siendo bicampeona mundial de cross, por ejemplo. El público del estadio olímpico las ovacionaba cada día, simplemente por estar presentes. Rumanía fue el único país del bloque del Este que participó en los juegos, mientras que la URSS y el resto de sus países satélites boicotearon la cita. Puede ser algo que también sorprenda a los más jóvenes: se llamaba guerra fría. El rendimiento de las rumanas fue magnífico. Puica ganó el oro en 3.000 y el bronce en 1.500; Melinte, oro en 800 y plata en 1.500.

Gabriella Dorio gana el oro en 1.500 ante Melinte

Gabriella Dorio gana el oro en 1.500 ante Melinte

Dos atletas, cuatro medallas. Si añadimos el bronce de Fita Lovin en 800, cinco para tres. Las medio fondistas rumanas aprovecharon perfectamente la ausencia de otras ilustres, como la checoslovaca Jarmila Kratochvilova, a causa del boicot. Fueron malos tiempos para algunos deportistas, que se quedaron sin juegos en 1980 y 1984 (y los cubanos también en 1988) por culpa de la política de estado.

Kratochvilova, batiendo el récord (aún vigente) de 800 en Múnich: 1’53’’28

Kratochvilova, batiendo el récord (aún vigente) de 800 en Múnich: 1’53’’28

La pareja rumana continuó cosechando preseas, pero en el Europeo de Stuttgart ’86 apareció una rival de aúpa: Tatiana Samolenko. Un verano después, en el Mundial de Roma, se produjo la confirmación de Samolenko como estrella de la pista, pues consiguió los oros en 3.000 y 1.500, postergando a Puica y Melinte a la plata en la primera distancia y el bronce en la segunda, respectivamente.

La ucraniana Samolenko (entonces competía como soviética, integrada en la URSS) era una medio fondista aparentemente tímida, de mirada al suelo y correr liviano, que se deslizaba con sutileza sin que su presencia fuera muy notoria en el grupo, pero que poseía un gran sentido táctico y un final demoledor. Se presentó como una de las grandes favoritas en los JJ. OO. de Seúl ’88, pero se las tuvo que ver con la siguiente rumana de este artículo: Paula Ivan. Melinte y Puica no llegaron en forma a la cita olímpica, pero su compatriota vivió en 1988 su año mágico. Tras impresionar en las reuniones de verano, especialmente en Zúrich, Ivan arrasó en la final de 1.500 de Seúl (3:53.96), batiendo el récord olímpico, colocándose segunda en el ranking histórico y sacando más de 6 segundos a Samolenko, que hubo de conformarse con el bronce al ser superada en los cuadros por otra soviética, Baikauskaite. Así comentó la protagonista su triunfo, años después, en la TV de su país. (Nota: si saben rumano, les aprovechará más que a mí):

De esta manera tan contundente Ivan se tomó la revancha de la victoria de Samolenko al sprint en el 3.000, ocurrida unos días antes. La soviética marcó 8:26’.53, por 8:27.15 de la rumana, con una magnífica Yvonne Murray en tercer lugar. Fue una final emocionantísima, en la que Samolenko se impuso a su rival, a los pronósticos y a las preferencias de los espectadores:

Al contrario que Samolenko, Ivan era una atleta explosiva, muy llamativa, que acaparaba los focos antes y después de las carreras. Tuvo un paso por la élite fugaz (apenas dos años arriba) pero su competitividad y fiereza quedó en el recuerdo de todos. Samolenko protagonizó una carrera mucho más dilatada y exitosa, pero contó con menos atención de los medios. Son cosas que pasan.

Samolenko en Barcelona ’92 con la camiseta del Unified Team

Samolenko en Barcelona ’92 con la camiseta del Unified Team

Samolenko, después conocida como Dorovskykh, su apellido de casada, sería campeona de 3.000 y subcampeona de 1.500 en el Mundial de Tokyo ’91, con la camiseta de la URSS, y plata olímpica en el 3.000 de Barcelona ‘92, representando a esa cosa llamada “Equipo Unificado”, integrado por Rusia y las antiguas repúblicas soviéticas aún no independizadas deportivamente.

PODIOS EN LOS JJ.OO. Y MUNDIALES ENTRE 1983 Y 1992

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Fueron años de competencia dura y atletismo de primera magnitud. Como lo son ahora. Pero marcados negativamente por una serie de hechos que poco a poco van cayendo en el olvido. Apartheid, guerra fría, boicot olímpico… y trato paternalista a la mujer en el deporte. Afortunadamente, todo eso queda atrás. ¿Todo?

¿Cromos de atletas? Sé ve que alguna vez los hubo

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Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.

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