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Los bronces dorados

06 Nov 2015 11:11

Solo el oro sabe a oro. La plata sabe a plata y el bronce a lo suyo. Pero cuando algún deportista declara que “este bronce me sabe a oro” no miente. En ese momento la alegría de una gran actuación altera el sentido del gusto. Y con razón. Porque hay bronces difíciles de conseguir, pero otro son casi imposibles y para lograrlos hay que ser muy bueno, que el mejor estado de forma aparezca en el momento oportuno y competir muy bien. Hoy vamos a hablar de dos de esos bronces que tan bien supieron a sus ganadores. Sé que podría incluir en la lista muchos más, a cada uno de nosotros se nos pueden ocurrir unos cuantos. Pero hoy voy a circunscribir el artículo a una prueba atlética, los 1.500 metros masculinos, y un lugar, la península Ibérica.

Otro ejemplo de gran bronce. Lituania, baloncesto, Barcelona ’92. Con Sabonis, Kurtinaitis, Marciulionis, Iovaisha… Que el uniforme no despiste: eran muy buenos.

Otro ejemplo de gran bronce. Lituania, baloncesto, Barcelona ’92. Con Sabonis, Kurtinaitis,
Marciulionis, Iovaisha… Que el uniforme no despiste: eran muy buenos.

En el Memorial Coliseum de Los Ángeles se dieron cita, en la final olímpica de 1500 metros masculinos, tres atletas británicos que dominaban la distancia en ese momento. Coe, poseedor del título, obtenido en Moscú ’80; Ovett, recordman mundial (3:30.77); y Cram, el joven campeón del mundo que parecía destinado a sucederlos. Además, dos estadounidenses de gran nivel, Spivey y Scott; un keniata que se convertiría en un clásico, Chesire; y dos españoles, Vera y Abascal. Al podio más reciente en un gran campeonato, el del mundial de Helsinki ’83, se habían subido Cram, Scott y Aouita.

Llegada en el mundial de Helsinki ’83: Cram, Scott, Aouita, Ovett y Abascal

Llegada en el mundial de Helsinki ’83: Cram, Scott, Aouita, Ovett y Abascal

El marroquí Aouita optó por no participar en 1500 en Los Ángeles, pues las medallas se preveían muy caras, y decidió salir en 5000. La jugada le salió perfecta, pues conseguiría el oro (una decisión parecida, y con el mismo resultado, a la que tomó Niyongabo en Atlanta ’96). El marroquí sospechaba lo que todos: con los tres británicos en liza las medallas estarían muy caras. El favorito (al menos el mío) era Cram, aunque no había que descuidar a Coe. Ovett, aun siendo recordman en ese momento, parecía empezar su cuesta abajo, pero también contaba para el oro. Así que los otros aspirantes, como José Manuel Abascal, debían correr como nunca y estar muy atentos a cualquier contratiempo de los británicos. Así lo hizo el cántabro, en una carrera en la que impartió una clase táctica magistral. Estuvo en su sitio, expectante al principio y valiente cuando hubo de serlo. Aceleró la prueba a quinientos metros de la meta, aprovechó la retirada de Ovett, siguió la estela final de los otros dos británicos y aguantó el arreón de su perseguidor, Chesire. Su recompensa fue un gran  bronce, tras Coe y Cram.

Andrés Vera, uno de los grandes olvidados del mediofondo español, fue séptimo. Séptimo en una final olímpica de 1500. Quién lo pillara en los tiempos que corren, ¿verdad?

Andrés Vera, con el histórico uniforme del Larios

Andrés Vera, con el histórico uniforme del Larios

El otro ibérico del día es Rui Silva. El contexto, la final de Atenas ‘04. La situación era parecida a la vivida en Los Ángeles veinte años antes, pero con un tercer puesto más abierto. El gran favorito era, por supuesto, El Guerrouj (3:26.00, recordman entonces y recordman ahora), y más teniendo en cuenta su pifia cuatro años antes. No podía dejar escapar otra oportunidad.

Ngeny se impone en Sydney 2000. El Gerrouj no se lo cree

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No obstante, el marroquí se enfrentaba a un rival de cuidado, el todavía keniata Lagat, capaz de correr en 3:27.40 y que se presentaba en el Estadio Olímpico dispuesto a hacer sufrir al favorito, como así ocurrió en la recta final. Para el bronce optaban unos cuantos corredores de gran nivel, como Heshko, Estévez, Kaouch y Silva. Todos ellos con fuerzas similares y la misma aspiración, realizar la carrera de su vida y llegar justo detrás de los mejores. El premio se lo llevó el más listo. Al contrario que Abascal en Los Ángeles, Rui Silva nunca tomó el mando de la carrera. Era un suicidio. Incluso, se mantuvo lejos de la cabeza. Hasta el 200 final, cuando aprovechó la deceleración los más temerarios, Hesko y Estévez, para adelantarlos y llegar con mucha solvencia en tercer lugar, asistiendo de cerca a la batalla épica que presentaban los dos primeros cerca de la meta. Resultado final: El Guerrouj, oro; Lagat, plata; y Rui Silva, bronce.

Hesko se resarciría al ganar el oro en el mundial indoor dos años después, en Moscú

Hesko se resarciría al ganar el oro en el mundial indoor dos años después, en Moscú

El portugués abrazó por detrás a un decepcionado Lagat, que acababa de perder el oro por 11 centésimas. Su plata le supo mucho peor de lo que al portugués su bronce. Es la confusión de sabores a la que aludíamos al principio.

Podios masculinos de 1.500 metros JJ.OO. Desde Moscú 80 hasta Londres 12

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Aprovechamos para hacer un repaso de las medallas de estos años, por países: Kenia, 6 (3 oros); Gran Bretaña, 5 (2 oros); Marruecos, 4 (1 oro); España, 3 (1 oro). Argelia, solo 2, pero los dos fueron oro. Por continentes: África, 12 medallas (6 oros), Europa, 12 (3 oros); Oceanía, América y Asia, 1. Se diría que los atletas africanos y europeos están igualados, pero los africanos se han llevado los últimos 5 oros y 10 de las últimas 15 medallas. Y parece, a día de hoy, imposible el resurgimiento del viejo continente, a no ser que aparezcan más atletas como Farah.

Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.

1 comentario

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  1. Luis Montes
    Luis Montes 6 noviembre, 2015, 19:22

    Muchas gracias por un excelente artículo. Lo de LA de Abascal fue emocionante. Para mí, entonces, el favorito era Coe. Cram no tuvo suerte pues ese año estuvo en peor forma de el anterior y el posterior, en los que probablemente le habría ganado al mejor Coe, como sucedió en Stuttgart. Lo que siempre me he preguntado es qué habría sucedido si en Atenas Rui Silva no hubiese parado de correr cuando se vio bronce. A falta de 400 metros da la sensación de que está fuera. Es penúltimo. Hace la última vuelta más rápida de los participantes y cegado por el brillo del bronce renuncia a luchar por el oro. Ese día, con otra cabeza, Rui Silva habría sido campeón olímpico.

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