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Opinión

Valores del deporte (VI): El cáncer del ciclismo

Valores del deporte (VI): El cáncer del ciclismo
El canadiense Ryder Hesjedal (Garmin) vence en la Camperona en la Vuelta a España 2014 | La Vuelta
27 Ago 2015 18:08

Podríamos pasarnos la vida entera hablando sobre qué deporte es más duro, más bello, más emocionante, más épico. Es cuestión, en gran parte, de gustos, aunque también de las sensaciones, circunstancias y experiencias de quienes practiquen cualesquiera de las especialidades deportivas que se practican sobre el planeta azul. Ese es nuestro planeta, llamado Tierra.

Para mi peculiar gusto (muchos dicen que tengo gustos musicales muy raros, sobre todo para correr), el ciclismo es uno de los deportes que reúnen casi todas las cualidades para estar en lo más alto del ranking de todo tipo de valoraciones. Es duro, bello, plástico, emocionante, complejo. Podríamos no parar de tanto enumerar adjetivos achacables al deporte del pedal, que no el de las dos ruedas (por las motos), ni siquiera de las dos ruedas sin motor (por las supuestas bicis con motor que pululan por el pelotón profesional).

Antes de escribir una palabra más, para que nadie piense que tengo nada contra el ciclismo, confieso: yo fui ciclista. Durante unas temporadas competí a nivel regional con resultados aceptables. De hecho, mil veces mejores que los que ahora consigo como paquete máster. Tras mi confesión, mi duda, ¿por qué no confiesan más ciclistas? Leñes, que esta parrafada no va de confesiones. Esas llegarán algún día, o tal vez no.

A lo que quiero llegar es a afirmar que el peor enemigo del ciclismo es su propia actitud, su idiosincrasia, su interminable catálogo de reglas y normas no escritas en virtud del cual todos han de callar a riesgo de ser expulsado de un mundo inmenso, pero a la vez herméticamente sellado para según qué aspectos.

El ciclismo es un deporte que parece haber evolucionado mucho, pero en realidad sigue anclado a valores y actitudes del siglo pasado. Es una especialidad deportiva que, desde hace varios lustros, se encuentra en constante fase de cambios, de evolución, de limpieza general. Por desgracia para el ciclismo y los ciclistas, es habitual que se lean o escuchen en la misma frase las palabras ciclismo y dopaje. No es una exageración ni generalización, sino, más bien, una realidad que se han ganado por méritos propios los ciclistas, los equipos ciclistas y todos aquellos que ponen de su parte para haber hecho del ciclismo un deporte tremendamente desnaturalizado y puerco, sucio, hostil y guerrero contra las reglas del deporte limpio y los valores propios de una sociedad que pretende dar ejemplo.

No, no vamos a hablar del dopaje, esa lacra que también oscurece y nubla a otros deportes, como el atletismo. A ver si hay un cambio verdadero en la sociedad y se da algún día vía libre para que haya controles veraces 100% en deportes como fútbol, baloncesto, tenis … Eso es motivo de otras divagaciones.

Vamos a hablar de trampas, de aquellas tretas que se usan en el deporte, el ciclismo en el caso que nos ocupa, para sacar ventaja respecto de los semejantes, léase compañeros y rivales.

Toda esta disertación viene al hilo de lo que sucedió el otro día en dirección al Caminito del Rey, el lugar elegido por la Vuelta para ser final de su segunda etapa. Visualización: caída monumental; ciclistas por todos lados desparramados, por el asfalto, por la cuneta; bicicletas apiladas por aquí y por allí; nervios; auxiliares y coches de equipo; ambulancias; ciclistas evacuados. Continúa la competición: uno de los favoritos al triunfo, Vincenzo Nibali, se queda cortado y lucha denodadamente por alcanzar al grupo del resto de candidatos al triunfo final. Lidera un grupo en caza y captura del pelotón. Coche de Astana, su equipo, adelanta a su grupo, se coloca a la altura de Nibali, que extiende el brazo.

Conduce Aleksandr Shefer, ex-ciclista kazajo que desarrolló su carrera profesional, sobre todo, en los años 90. Llegó a ser octavo en el Giro de Italia de 1996, que venció Pavel Tonkov. Ahora es uno de los directores deportivos de Astana. Puede que al kazajo le diera un apretón de estómago y quisiera llegar pronto a meta, pues el caso es que, de repente, se le clavó el pie derecho al acelerador de su coche y Nibali mutó de tiburón a exocétido o pez volador. Dejó atrás a todo su grupo, compañeros y rivales y se adentró hacia el Camino del Rey como si estuviera dominado por alma poseída por el diablo. Y nadie dijo nada. Nadie reclamó. Ningún equipo con ciclistas en el grupo «abandonado». Ningún equipo con ciclistas en el grupo delantero. Ningún equipo con intereses en la general final. Son las cosas del ciclismo, un deporte en el que brilla sobre manera la ley del silencio u omertá cuando interesa. Es decir, casi siempre.

Nadie dijo nada hasta que lo hizo una imagen, la captada por una cámara de TVE. ¿Resultado? Nibali a la calle. ¡Chapeau!. Aunque parezca increíble, lo expulsaron de la carrera, algo que nos es normal, pues lo normal, habitual y extendido es que el reglamento ciclista se cumpla cuando les interesa, ya que esos agarrones son tan habituales como las visitas de equipos ciclistas al Teide para que sus deportistas se oxigenen como es debido, como mandan los cánones del ciclismo sucio y rastrero.

Nibali reconoce que se equivocó, pero alega que la sanción es desproporcionada. Ains el pobre squalo italiano que se ha de volver a casa en una prueba en la que tenía posibilidades de algún que otro triunfo. La conclusión es fácil y meridiana: la próxima vez, piénsatelo antes de agarrarte al coche. Ahí han de ir dirigidas las miras de los que luchan por un ciclismo limpio y transparente. Inflexibilidad en el cumplimiento del reglamento. El que la hace, la paga, algo que debería cumplirse, por ejemplo, cuando más de medio pelotón llega fuera de control y se les repesca … por miedo a quedarse sin ciclistas, pues que aprieten el culo y luchen por entrar en tiempo en lugar de ponerse de acuerdo para formar una grupeta y llegar todos de cháchara cual club de ciclistas domingueros. Hay que perder el miedo, hay que dejar de pensar que los ciclistas, los equipos y los medios son la mafia. ¿O lo son realmente? El caso es que la expresión omertá es tan común a ambos campos de nuestra vida que ya no sabe uno ni qué pensar.

Luego oye uno oír a Pedro Delgado diciendo que la culpa fue del director, que seguramente Nibali no quería engancharse, sino solo tomar un bidón de agua para refrescarse. Estimado Pedro, ¿dejaste ya el probenecid? Ese no es el camino, pues, de no abandonarlo, el ciclismo volverá a entrar en el más oscuro ostracismo y tendremos que dedicar las sobre mesas a sentarnos a oír cantar a las chicharras y a los ciclistas lamentarse de que no hay quienes les quiera. Si quieres que te quiera, deja de hacer trampas y lucha por llegar hasta donde puedas y seas capaz. De no hacerlo, el ciclismo ha de morir cercenado por una enfermedad creada y difundida por su propio mundo.

Fran Aguilera

Corredor, Diplomado en Educación Física, Monitor de Atletismo, Entrenador Nacional de Ciclismo. Mijas (Málaga)


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Valores del deporte

1 comentario

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  1. Joaquín Pérez Pérez
    Joaquín Pérez Pérez 27 agosto, 2015, 20:07

    Completamente de acuerdo con este artículo, especialmente con la frase: «Inflexibilidad en el cumplimiento del reglamento. El que la hace, la paga, algo que debería cumplirse,»… En este caso fue en ciclismo, pero es una frase que válida para todos los deportes (por desgracia en el atletismo también tenemos la mala costumbre de «ver para otro lado», y de disculpar a tramposos en «casos menores»).

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