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Un maratón no se conduce por la izquierda

El punto de mira, siempre distinto, de Mario Torrecillas
Horario y actuación española en el Mundial de Londres
Un maratón no se conduce por la izquierda
Marta Esteban, durante el tramo final de la Maratón mundialista de Londres | Daniel Meumann-WangConnection
07 Ago 2017 09:08

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Los ingleses son así: conducen por la izquierda. Tienen una moneda distinta. Toman el té a una hora distinta. Y son tan chulos y diferentes que han sido capaces de plantar dos maratones de chicos y chicas en un mismo día, habiendo por delante otro fin de semana holgado de campeonato.

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¡Ole sus eggs!

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Dicen también que son unos caballeros con las damas. Eso será con respecto a quien sale primero en el ascensor: ahí puede que tengan el amago de dejar pasar primero a las chicas.

Pero estaba visto que la salida de un maratón no es igual a la de un ascensor, y han dejado a las pobres chicas a que se frieran de calor a gusto a las 15 horas de la tarde. Sin compasión.

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Que me perdonen si estoy o no en lo cierto, pero el único sentido que tenía correr una maratón a las 3 de la tarde es solo como acto de protesta activista para reivindicar las consecuencias que tiene el cambio climático en el planeta. Y, por ende, hoy querían experimentar qué ocurría con las mujeres del maratón, si conseguían que salieran vivas o, por el contrario, llegaban a la meta con el pellejo asado como una bolsa del día reutilizada.

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Y como los chicos salieron primero, no nos toca más remedio que decir que, en su caso, está claro que este viaje dominical por las calles de Londres, sin Kipchoge, ni Bekele, ni Kipsang (y a falta de casi todo el top 10), hizo que se cayera en picado el glamour de la prueba, y esto de la maratón de un campeonato del mundo cada vez más se asemeja a cuando los jugadores de la NBA mandaban a sus universitarios para jugar el mundial de baloncesto, mientras las grandes estrellas se reservaban para disputarse el anillo de campeones.

Solo que en este caso, hay que cambiar el anillo del poder único NBA por el peso de plomo de La Bolsa que ofrecen las grandes maratones comerciales.

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Kenia vs. Etiopía. Etiopía vs. Kenia.

No se supo quién ganaría mientras se iba a 3:05 el kilómetro. Ahí podían ganar los dos países cogidos de la mano, en sana fraternidad. Amigos para siempre. Ya que a ese paso, etíopes y kenianos, parece que tienen un pacto tácito de no agresión, una especie de tregua para disfrutar del entorno occidental como buenos y amigables turistas.

Y todo eso se rompió, lógicamente, del 10 al 25 cuando se pasaba con el corazón vibrando en 14:25. Y del 25 al 30, en otros 14: 45, dos parciales en los que solo cabía escuchar con fuerza el tantan de los tambores africanos, acallando cualquier otro instrumento que venga de fuera de su continente.

En ese punto, la cosa parecía que esta vez Etiopía se llevaría el gato al agua, representado en la figura espigada de Tamirat Tola, un atleta que corre bien por tierra, mar y aire; en cross, pista y asfalto. Una especie de navaja multiusos, que lo mismo corta, que saca el corcho. Parecía, por fin, que Tola iba ha resarcirse en el laberinto londinense del bronce de Río en el diez mil, y de la medalla de chocolate de Cardiff, en el Mundial de Media.

Pero de golpe emergió de la ultratumba Geoffrey Kirui, de 24 años, nacido en el año 93, natural de Katplagat y casado nada menos que con la hermana de Faith Kipyegon, la reina del milqui, y entonces, todo él, alto y guapo, con su seriedad de militar, (pertenece a la Kenya Defence Force), de hombre del campo, dio un golpe de efecto a Tamirat Tola en una subida, que dejó al etíope con la cara mustia como una margarita, al ver que sus piernas ya dejaban de estar alegres.

En esa subida, la carrera se decantaba del lado keniano; simple y llanamente porque Kirui, mucho más listo, supo medir mejor sus fuerzas, las calculó con seriedad espartana, y jugó sus cartas, dejándole ir unos metros al etíope con una experiencia asombrosa, sabiendo lo que hacía, para luego asestarle un zambombazo y enseñarle una máxima inquebrantable que dice: “Nunca des por muerto a un keniano, a menos que cruces la línea de meta.”

El keniano, oro, y el etíope, plata de ley.

Geoffrey Kipkorir Kirui de Kenia, campeón de la maratón de Londres 2017

Geoffrey Kipkorir Kirui de Kenia, campeón de la maratón de Londres 2017 | Alexander Hassenstein-Getty Images for IAAF

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Los pasos fueron bastante rápidos. Parecían pasos dobles, sobre todo en la segunda parte, 63 minutos, toma, tomate….(nada que ver con los universitarios que planteaba al principio). A pesar de que estamos en Agosto y la ventana de las calles londienenses parecía que estaba cerrada para que no se escapara el gato.

De ahí que tenga mucho más mérito las marcas conseguidas y los puestos del italiano Meucci y del inglés Hawkins: “Sí, sí se puede” Aunque la pena es que no sea aplicable del todo a Guerra, Lamdassem e Iván Fernández, que hicieron una actuación discreta, teniendo en cuenta, sobre todo, la buena campaña que está realizando el segoviano Guerra: otra vez volvió a salir con un sabor agridulce de la capital inglesa.

No sería de extrañar que, a partir de ahora, Londres lo tenga como su último destino elegido para irse a pasar unas plácidas vacaciones, después de las dos palizas que lleva en la ciudad en este mismo año.

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Y de las chicas…, entre el juego y la profesión.

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Hace pocos días Ana Lozano, el dulce pájaro de juventud del atletismo patrio, afirmaba con su sonrisa de sol naciente, que para ella «el atletismo era un juego», siempre desde su nobleza como atleta y lo atrayente de su personalidad.

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De forma muy distinta es la visión de atletismo para la maratoniana-keniana, Edna Kiplagat, ganadora en Boston y segunda clasificada hoy en Londres.

Para ella este deporte va más allá de la razón,de una cosa tan simple y visceral como una cuestión de vida o muerte. Porque esta mujer tiene que tirar sola de una familia con cinco hijos, tres de ellos adoptados, y uno de su vecina que murió en el parto en unas condiciones de salubridad inhumana. La puta realidad en Kenia, por un lado. Y la gran bondad del gesto de Edna por el otro.

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Todo esto es para dar a entender las diferentes motivaciones que cohabitan en este deporte. Quizá la gracia sea esa, ver el esfuerzo y el sacrificio que conlleva compaginar la vida de estudiante y atleta, en el caso de Lozano, siendo una persona joven, y por el contrario, está el de una madre como Kiplagat, que tiene que alimentar a sus hijos al precio que sea, y sabiendo que es de ella misma quien depende que la cacerola de casa no tenga el fondo vacío.

Edna Ngeringwony Kiplagat, plata. Rose Chelimo, oro. Y Amy Cragg, bronce.

Edna Ngeringwony Kiplagat, plata. Rose Chelimo, oro. Y Amy Cragg, bronce. | Shaun Botterill-Getty Images

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Seguramente para una chica como Lozano, el atletismo es más una vocación, desde luego, algo que sale de dentro de una forma mucho más natural, como todo lo que nace del juego. Muy distinto a cuando se practica por una condición de supervivencia, y se convierte más en una profesión que en una vocación, como el caso de Edna.

Dos actitudes igualmente loables y dignas. Pero lo cierto es que estudiantes unas, o madres coraje las otras, cada una de su padre y su madre, una prueba como el maratón en un mundial (aunque Lozano no es maratoniana: solo era un ejemplo) es lo más parecido a una convención de las Naciones Unidas.

Aquí confluyen estudiantes y superviviente. Muchos países. De todos los continentes. Religiosas y ateas. Pero una cosa sí parece clara: existe un verdadero esfuerzo del trabajo, independientemente cual sean los objetivos de cada quien, y mucho más loable que la sede real de las Naciones Unidas, donde se trabaja menos que el sastre de Tarzán.

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Y hablando de supervivientes y de madres coraje, la ganadora de ayer se llama Rose Chelimo, que ganó a la otra madre coraje Edna Kiplagat.

Rose, en realidad, es keniana, natural de Keringet, y nacionalizada de Baréin solo hace un año. Es una mujer muy bonita. Pequeña de estatura, pero en el fondo más grande que el propio Gulliver.

Ha ganado en una carrera que ha sido muy compacta hasta la mitad de la prueba, cuando el grupo parecía un chicle alargado y pegado en el suelo por el fuerte calor, y solo ha sido desfragmentado por seis corredoras que, a la postre, se han turnado las seis primeras plazas con especial mérito el de la americana Amy Cragg (bronce).

El final ha sido realmente emocionante, conmovedor por el fuerte calor, y a mi modo de entender, Edna, pagó con sangre en el último kilómetro el esfuerzo de Boston. Rose, en cambio, venía mucho más fresca porque este año ha corrido mucho menos.

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Marta Esteban. 21ª. 2h30. Me flipa esta mujer, porque no tiene complejos. Todo le viene bien y lo mismo se va al Mundial de cross, así de flamenca, que se planta en la Media Maratón de Barcelona a verlas venir con Florence Kiplagat.

No tiene respeto alguno a correr fuera. Ni para enfrentarse a las primeras espadas, sin importarle donde vaya a caer. La única manera de vencer el miedo es ir a por él, y Esteban es de esas pocas atletas de aquí que saben dar la cara a los cocos con los que hoy ha tenido que bailar, porque después de todo, cuando pierdes el miedo, al final puedes conseguir tocar el fantasma con la mano.

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Mario Torrecillas

Mario Torrecillas, escritor y guionista.   Fue campeón de Taekwondo en la categoría de Peso Mosca. Estuvo en la selección española en el CAR de Sant Cugat, junto a compañeros que luego han sido campeones olímpicos de esa disciplina deportiva. Más tarde pasó por mil oficios (realizador de publicidad, guionista de cine y cómic). Durante cuatro años fue columnista de El Periódico y colaboró en RNE. Ha publicado dos novelas gráficas en Ediciones Glénat -Santo Cristo (2009) y El hijo (2010)- y una en la Ed. Penguin Random House (Mondadori), Dream Team (2015), actualmente pendiente de adaptación cinematográfica. En 2008 fundó PDA (Pequeños Dibujos Animados) pda-films, un proyecto que consiste en pasarlo bomba realizando películas de animación, con el que ha ganado premios en certámenes internacionales.  


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Marta Esteban

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