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Zancadas para el recuerdo

Mennea y otros mitos del 200

Mennea y otros mitos del 200
El italiano Pietro Mennea haciéndose con su oro olímpico en Moscú '80 | IAAF
20 Sep 2016 22:09

El atletismo italiano está decaído. Así lo reflejaron los medios de comunicación de aquel país al concluir los Juegos de Río. Tras conseguir medalla de manera ininterrumpida durante sesenta años, desde Melbourne ’56, los azzurri se han quedado en blanco en la cita carioca.

La consecuencia directa ha sido la dimisión del director técnico de la Federación, Massimo Magnani, aunque no la también requerida del presidente, Alfio Giomi. Le preguntaron a Magnani en una entrevista en La Gazzetta dello Sport del 25 de agosto sobre su probable sucesor, Stefano Baldini, un viejo conocido de esta sección, y el dimitido respondió que confía en Baldini porque posee “personalità, competenza e carisma”. Que le vaya bien en su nuevo cargo.

El dimitido Magnani, con Ruggero Pertile

El dimitido Magnani, con Ruggero Pertile

En Brasil los italianos, medallas aparte, tuvieron un rendimiento por debajo de lo acostumbrado, con apenan unos cuantos finalistas. Tres mujeres quedaron cerca del podio, pero les faltó el último empujón para subir a los cajones: la marchadora Palmisano (4º), la amiga y competidora de Beitia, Trost (5º), y la cuatrocentista Grenot (6º). También fueron finalistas el relevo femenino del 4×400 (6º) y el marchador Giupponi (8º). A falta de la gran estrella del momento, el saltador de altura Tamberi, fuera de los Juegos por una lesión de última hora, el peso del atletismo italiano lo sostienen actualmente hombros femeninos.

Trost saluda al público

Trost saluda al público

Cero medallas, entonces. Qué lejos queda el gran momento del atletismo transalpino, los Juegos de Los Ángeles de 1984, cuando consiguieron siete preseas, tres de ellas de oro: Dorio (800), Andrei (peso) y Cova (10.000). Pero no solo importan las medallas. Si de esos Juegos nos quedásemos en el vil metal no repararíamos en el protagonista de las siguientes líneas, el velocista Pietro Mennea.

Mennea es una institución en Italia. Tres años después de su fallecimiento sigue siendo uno de los deportistas más populares de la historia del deporte italiano, y sin duda el atleta más admirado de siempre. No solo por sus logros deportivos, que ahora detallaremos, sino por los valores que transmitía: profesionalidad, integridad, respeto al adversario… Fue un tipo inquieto, abogado, profesor universitario, eurodiputado, director deportivo de un equipo de fútbol, promotor de entidades benéficas… Nadie en Italia lo olvida. Cada 12 de septiembre se celebra el “Día de Mennea” y en muchas ciudades se realizan diversos actos lúdicos y deportivos para recordar al velocista y recaudar fondos con fines sociales.

Un cartel del “Mennea day” de 2015

Un cartel del “Mennea Day” de 2015

Mennea fue un velocista versátil, con un palmarés sobresaliente en el que destaca por encima de todo el oro olímpico en 200 metros en Moscú ’80. Participó, en total, en cinco ediciones olímpicas, entre Múnich ’72 y Seúl ’88, y además del referido oro consiguió dos bronces y seis puestos de finalista, en las pruebas del 200 y los relevos corto y largo. Obtuvo también dos metales en el primer mundial, el de Helsinki ’83 (plata en 4×100 y bronce en 200), además de muchas otras preseas en europeos, juegos mediterráneos y campeonatos nacionales.

El oro conseguido en Moscú fue una proeza difícilmente igualable, en una carrera emocionantísima, con Mennea corriendo por la calle 8 y realizando una asombrosa remontada en los últimos metros. Desde entonces solo dos europeos, el ultramotivado Kenteris y Lemaitre, han conseguido infiltrarse en un podio siempre ocupado por atletas de raza negra. Un detalle significativo: si nos cruzásemos por la calle con Kenteris o Lemaitre, o cualquier gran velocista, quedaríamos impresionados y aun sin conocerlos de nada sospecharíamos que ahí hay buena materia prima. Pero Mennea era un tipo que podía pasar desapercibido, con un físico parecido al de cualquier cuñado oficinista que tengamos. Un señor con apariencia corriente que escondía unas cualidades deportivas estratosféricas.

Un oro olímpico es un triunfo incomparable, claro, pero no es el único logro que refleja la calidad de Mennea. Incluso esa victoria se podría minusvalorar, argumentando que en Moscú no estuvieron presentes los velocistas estadounidenses debido al boicot al enemigo rojo. ¿Hubiera ganado con ellos? Pues perfectamente podría haberlo hecho, pues no en vano se presentaba a la cita moscovita como recordman mundial, con una marca de 19.72, lograda en la Universiada de México D. F., el 12 de septiembre de 1979.

Pero ser tan grande no solo lo demuestra esa marca, sino el tiempo que se tardó en superarla. Hubo que esperar hasta 1996 y a la aparición de un atleta de la talla de Michael Johnson para que el récord de Mennea fuera primero batido (19.66) y después pulverizado (19.32), en sendas carreras en la ciudad de Atlanta. Y añadamos algo más. La grandeza de un récord no solo se sustenta en el tiempo que se tarda en batir y en quién lo bate, sino también en a quién se le quita. Mennea se lo arrebató a otro histórico, Tommie Smith, famoso por su victoria olímpica en México y su puño en alto en la celebración, reivindicando el black power.

El podio del 200 de México ‘68

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Vaya lista que podemos elaborar, ¿verdad? Smith, Borzov, Mennea, Lewis, Johnson, Bolt… ¿Hay otra prueba que acumule tantos mitos del atletismo?

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Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.


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