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Mullera, el Ángel caído

Por Álvaro Rodríguez
El Tribunal de Arbitraje Deportivo confirma la sanción de Ángel Mullera
Mullera, el Ángel caído
Ángel Mullera tras su eliminación en primera ronda en el Campeonato del Mundo de Daegu 2011 | IAAF
Atleta olímpico español, especialista en 1500 metros
25 Mar 2016 14:03
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No se sabe muy bien si la credibilidad de Ángel Mullera saltó por una ventana, si huyó por la parte trasera de su casa sin dejar rastro o si ha dado con la puerta en las narices de aquellos que algún día creyeron alguna palabra de sus justificaciones ante sus repetidos escarceos con el dopaje. El caso es que se ha esfumado. La puntilla se la ha dado el TAD (Tribunal de Arbitraje Deportivo) que, tal y como adelantaba el miércoles el diario AS, ha ratificado su sanción de dos años por “negativa o resistencia” a pasar un control.

Mullera aseguró entonces en un comunicado que “en ningún momento me he negado a pasar un control antidopaje y siempre he seguido con rigor las normas de los procedimientos”. No es así lo que se infiere de la resolución del TAD.

El atleta de Blanes hacía hincapié en que los agentes encargados de realizar el control no le encontraron en el lugar y hora indicados por él a través del sistema ADAMS para aquel 16 de julio de 2015: las pistas de atletismo de Lloret de Mar, de 17:00 a 18:00. Incluso sorprende su discurso, en cierta medida victimista, al asegurar que “cada día acudía a las pistas a la hora acordada, pese a encontrarme lesionado, por si pudiera ser requerido para un control”, cuando el propio sistema de localización que utilizamos los atletas de élite nos permite modificar nuestras preferencias casi al instante y adecuarlas a nuestras circunstancias. En cualquier caso, los controladores no le localizaron y se dirigieron a su domicilio (que también debemos indicar en el ADAMS) siendo recibidos en un principio y rechazados una vez se identificaron. Este punto merece un importante matiz para los menos familiarizados con la normativa antidopaje: una cosa es fallar en la localización y otra bien distinta es negarse a pasar un control, una vez notificado. Respecto a la primera circunstancia, los deportistas no recibimos una sanción hasta la tercera falta en un plazo de 18 meses. Este beneplácito se antoja necesario, ante situaciones imprevisibles que a cualquiera nos pueden afectar y provocar una negligencia puntual (yo mismo he incurrido en una falta a lo largo de mi carrera deportiva). En el caso de una negativa o elusión a un control, la sanción es fulminante.

Ángel Mullera

Ángel Mullera | Facebook

Nada hubiera ocurrido, posiblemente, en caso de que los agentes encargados del control no hubieran encontrado a Mullera tampoco en su domicilio, ya que el atleta no tenía la obligación de estar allí en ese momento. Pero dio la casualidad de que sí estaba, ante lo cual la obligación de un deportista, y todos lo sabemos, es someterse al requerido control, ya que este puede realizarse “en cualquier momento y lugar, y sin previo aviso” tal y como indica la propia Agencia Mundial Antidopaje. Ésa es su obligación como deportista, y no solo “estar localizado una hora al día, los 365 días del año”, lo cual no ha sabido o no ha querido explicar adecuadamente el propio atleta, en un segundo comunicado hecho público el jueves. Valga el ejemplo de mi compañera Isabel Macías, que hace poco fue requerida para un control fuera de competición en el peor momento, que le hizo perder un vuelo cuando iba a competir al extranjero. Eso también es ser profesional. Habrá a quien la normativa de la AMA le pueda parecer excesiva, pero es la inevitable consecuencia del comportamiento de esos deportistas que juegan al gato y al ratón con las autoridades antidopaje en pro de sus trampas. Pagamos justos por pecadores.

En su huida (y nunca mejor dicho) hacia adelante, Mullera consideró preferible enfrentarse a una sanción por su negativa a pasar el control que por un posible positivo. Hasta cierto punto se habrá salido con la suya, ya que más de uno, me temo, le dará el beneficio de la duda. Pero para el que no lo sepa: ambas cosas son dopaje. Al igual que la tentativa de uso de un método prohibido, o la posesión, tráfico y administración de sustancias dopantes.

Para acabar el despropósito de sus “alegaciones”, Mullera ha recurrido a un viejo recurso ya anteriormente utilizado por alguna compañera de pillerías: la persecución política. Su último comunicado fue escrito en catalán “porque me avergüenza hablar el mismo idioma de la gente que lleva tanto tiempo haciéndome daño”.

No, Ángel, no existe ninguna conspiración política para acabar con tu reputación por el hecho de ser catalán, como tampoco la ha habido contra Marta Domínguez por ser “pepera”, sino por no respetar las normas y hacer un daño imperdonable a vuestros compañeros y al deporte que tanto amamos. Las mentiras no entienden de colores políticos ni se justifican por tales fines. Habéis caído por vuestro propio peso.

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Álvaro Rodríguez

Atleta olímpico español, especialista en 1500 metros


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