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OPINIÓN

El negocio de los ingenuos

Gran golpe de la Guardia Civil a la distribución de sustancias prohibidas en el deporte
El negocio de los ingenuos
Parte de los productos encontrados por la Guardia Civil en la Operación DIANU | Guardia Civil
25 Mar 2017 09:03

El dopaje en el deporte es una lacra de nuestra sociedad. Si bien no es un problema cuyo origen sea contemporáneo, pues ha existido desde que el ser humano vio la necesidad de engañar a su cuerpo para superarse, en las últimas décadas ha ido extendiéndose cada vez más. Y lo ha hecho a la par que la globalización y las nuevas tecnologías han avanzado.

Antes, para doparse, tenían que ir por ahí preguntando e indagando. Ahora entras en Google, tecleas lo que quieres y… ¡zas! Tienes miles de referencias para elegir a tu gusto. Además, hay foros a decenas, en los cuales los “deportistas” consultan, preguntan y cuentan los ciclos que se meten para estar petaos en verano y rompedores ante el espejo.

Hace unos días publicamos en WangConnection la noticia de la desarticulación de una red que supuestamente distribuía medicamentos ilegales y sustancias prohibidas en el deporte por toda España y otros países. El triángulo parece estar formado por la conexión entre China, India, España y el resto de Europa.

Como habrán podido darse cuenta, no ha tenido mucha repercusión la noticia. Seguramente ha sido porque no hay involucrado ningún deportista de renombre a nivel nacional o internacional, aunque sí se habla de dos conocidos competidores en el mundo del culturismo. En una infinidad de artículos creo que hemos dejado clara nuestra postura al respecto del dopaje en el deporte, sobre todo en el deporte de alto nivel. Tolerancia cero y a muerte contra los tramposos.

Sin embargo, poco hemos hablado de un tipo de deportista que entra en una red sumamente peligrosa como es la de los medicamentos ilegales, falsificados y aquéllos que usan para la mejora del rendimiento.

La suspensión de deportistas de alto rendimiento por culpa del dopaje suele dar mucho de qué hablar. Lo haría mucho más si ciertos deportistas, como los futbolistas, fueran controlados como mandan las normas y se descubriera que muchos de los que todos los días vemos en la tele también se “meten” ciertos productos para rendir en los partidos de Liga, Champions, selección nacional … No sé si eso sucederá algún día. ¿Os imagináis que los agentes de control antidopaje llaman a la puerta de la mansión de, por ejemplo, Cristiano Ronaldo, Leo Messi, Luis Suárez, etc., a las 7 de la mañana para sacarles sangre o tomarles una muestra de orina? Yo no, ni de coña. El día que eso pase tal vez cambiará… algo.

Lejos de todo eso, o más cerca de lo que parece, están otros deportistas. No salen en la tele, ni en la prensa, ni en medios como el que nos ocupa. Sus nombres no son conocidos por infinidad de seguidores y aficionados al deporte. Pero los tienes muy cerca. Puede ser tu vecino del quinto, tu compañero de trabajo o ese a quien ves entrenar a diario en el gimnasio, la pista o por el paseo marítimo de tu ciudad. Es muy probable que en comidas familiares o de amigos lo tengas sentado junto a ti o frente a tu silla. Son legión, son un ejército de personas que practican diferentes deportes de forma, sobre todo, recreativa, y competitiva.

¿Acaso no conoces a alguien que era un tirillas y en unos meses se ha puesto como un sapito al que le han metido una pajita por el recto y lo han inflado? Yo sí. Tú también. Seguro que le has oído hablar de dietas imposibles, de gramos y gramos de arroz, de pollo, de pavo, de agua, de tortillas de no sé cuántas claras de huevo. No me extrañaría que te hayas convertido en experto o experta en proteínas, recuperadores y suplementos varios tras oír una y otra vez las veces que se levanta de madrugada para ingerir las dosis de su dieta mágica.

Es indudable que el cuerpo de esos culturistas se ha conseguido gracias a mucho entrenamiento, esfuerzo y restricciones y sacrificios. No lo pongo ni lo pondré en duda. Y no creo que casi nadie dude de que en ese mundo hay una maraña de personas y grupos que se dedican a venderles la moto… y la ingente cantidad de productos milagrosos y medicamentos de todo tipo para estar como un armario, para marcar unos abdominales imposibles o para tener una espalda como una tele de plasma de tropecientas pulgadas.

¿Recuerdan aquel anuncio que decía que La potencia sin control no sirve de nada?

Si habéis leído nuestro último artículo sobre la Operación Dianu es probable que te hayas sorprendido más por la cantidad de lo incautado que por los productos en sí. Efectivamente, se trata de cantidades ingentes, casi industriales podríamos decir. Incluso ha quedado acreditada en la investigación que alguno de los implicados tenía una especie de laboratorio clandestino en el que se preparaban las pócimas mágicas. Nada nuevo. Sin embargo, quedan claras muchas cosas.

Imagen de la Operación "Dianu" | Guardia Civil

Imagen de la Operación “Dianu” | Guardia Civil

Los clientes finales de redes como la desarticulada son, sobre todo, culturistas y practicantes del fitness. El culto al cuerpo hace décadas que se convirtió en dogma de vida para millones de personas. Y eso está genial. El deporte es salud y fomenta la adquisición de hábitos de vida saludables. Sin embargo, algo falla cuanto aquel vecino tuyo del quinto indaga cómo conseguir productos para ponerse como ese tío o tía al que ven todos los días cómo se exprime y suelta quejidos en el gimnasio frente al espejo mientras levanta pesas. Ahí salta todo por los aires. En ese momento salen a relucir muchas facetas de las personas. La inmensa mayoría de los que recurren a productos dopantes lo hace de forma privada personal y sin la intención de competir, por lo que no son tramposos ni estafadores en el ámbito deportivo. Ahora bien, tal vez no se dan cuenta de que se engañan a ellos mismos, que, probablemente, sea peor aún.

Internet, que es la herramienta mágica de esta sociedad, tiene toda la información que precisamos. Es fácil conocer los inconvenientes y peligros de meterse cualquier cosa en el cuerpo para mejorar el rendimiento. Pero no importa, ellos “controlan”. ¿Recuerdan lo de la potencia sin control? Es un paralelismo con aquéllos que dicen que se meten unos gramitos de coca sólo los viernes y los sábados para pasarlo guay. Control. De domingo a jueves soy un tío algo más soso, pero sano y limpio. Al final, todos podrían estar metidos en el mismo saco y sus historias son tan idénticas que más de uno se asustaría.

Mientras el ser humano no sea consciente de que todos tenemos limitaciones nada cambiará. La gente seguirá recurriendo a hormonarse para parecer un Hércules del siglo XXI. Y esos Hércules tendrán que meterse medicamentos destinados a pacientes con cáncer para que no les crezcan los pechos de forma anormal. Y a chutarse insulina para contrarrestar los efectos de las hiperglucemias. Y a tomar potenciadores sexuales porque los ciclos de preparación a veces les quitan las ganas y las posibilidades de poder tener erecciones como manda la madre naturaleza para satisfacer esas necesidades biológicas que todo animal tiene de vez en cuando. Una pena, pero tu vecino del quinto o el mío de la planta baja se ve en esa tesitura muy a menudo.

Todos esos de los que hablamos no existirían sin otro tipo de ser humano que está cada vez más extendido. Me refiero a los distribuidores, a los que consiguen, además de internet, que los ciclados puedan tener sus viales, ampollas, pastillitas, a tiempo para poder complementar los duros entrenos y las dietas martirizadoras. Esos distribuidores son narcotraficantes del deporte, los que hacen llegar al mundo del deporte (recuerden lo del deporte es salud) tan ingente cantidad de “mierda” para que la masa aborregada siga sus consejos, planes de entrenamiento y el adoctrinamiento más salvaje para acabar, por supuesto, pasando por caja.

Si nos centramos en uno de los detenidos en la Operación Dianu, resulta que tenemos a un empresario con varios gimnasios. Tiene cientos de clientes que cada mes pagan religiosamente sus cuotas. Además, puede vender suplementos y complementos dietéticos y nutricionales si cuenta con los permisos obligatorios. Pero no, eso es poco, es insuficiente. Quiere más. Seguramente en sus años mozos recurrió a algún producto que le recomendaron y le funcionó. Y le emula… Pasa de ser un deportista a un consejero, un preparador, un dopador, un vendedor. Y el dinero comienza a fluir, la cuenta corriente comienza a abultarse… Mola, tío. Y de ahí al desenfreno hay un paso… China, India, Centroeuropa, cuentas encriptadas, cocaína, marihuana… Ya no hay quien les pare. Para colmo, en su entorno son estrellas, modelos a seguir: campeón del barrio, del pueblo, de la provincia, de la comunidad, el mejor de España. Eso vende, como subir vídeos a las redes mostrando sus ¿cuerpos?

Es una pena que los vídeos no muestren lo que hay dentro del cráneo. Cerebro, se llama cerebro y sirve para pensar, para discernir, para distinguir entre el bien y el mal y para obrar en consecuencia. Se me ocurre preguntarme si hay estudios que han podido investigar si los anabolizantes y las hormonas producen hipertrofia muscular y aumento de la fuerza, pero, en cambio, reduce el tamaño y la capacidad del cerebro…

No, esos deportistas narcotraficantes no se pueden quedar ahí, en los límites de la legalidad. En su día les llegó el momento de desear ganar dinero … a costa de los pobres borreguitos que se chutan lo que sea con tal de estar hechos unos toros en verano y unos esclavos en invierno… Esos narcos no tienen escrúpulos en ser partícipes de que parte de nuestra sociedad esté enganchada a los narcóticos, las hormonas y medicamentos que fueron creados para curar a personas enfermas. Sin embargo, éstos lo usan para enfermarse. Paradojas de la vida, de unas vidas que muchas veces quedan sesgadas cuando se pasan de dosis o cuando mezclan churras con merinas y se meten un cóctel mortal.

Es una plaga sin control, sin medida, sin visos de que vaya a parar. No es fácil poner cerco a esta gentuza y a esta gentecilla. Se suele decir que la prostitución es la profesión más antigua que existe, pero tal vez esté por delante la de los tramposos, la de los maquiavelos que son capaces de cualquier cosa. O tal vez sean lo mismo, pues quizá es, tan sólo, una forma de prostitución en la que el dinero y el cuerpo son los protagonistas.

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Fran Aguilera

Corredor, Diplomado en Educación Física, Monitor de Atletismo, Entrenador Nacional de Ciclismo. Mijas (Málaga)