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Nos hundimos con todo (si callamos con esto)

OPINIÓN DE LA PSICÓLOGA Y ENTRENADORA SILVIA BARTOLOMÉ
Psicóloga deportiva y entrenadora de baloncesto
14 Ene 2017 12:01
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“Con 13 años no puedes entender que tu guía, tu mente, te traicione de esa manera”, no sé si saben quién firma esta frase. Está bajo la figura de Antonio Peñalver, ex medallista olímpico, quien ha certificado todos los presuntos abusos que se le imputan al – hasta hace poco- entrenador de atletismo Miguel Ángel Millán. Años de manipulaciones, abusos y maltrato psicológico. Años de encubrimientos institucionales

Este caso me repugna como persona y como profesional. Yo, como entrenadora de baloncesto de categorías inferiores y psicóloga, no concibo el deporte como otro signo más de crecimiento personal, diversión y aprendizaje, JAMÁS como trampolín para el abuso, el maltrato y la coacción de niños y niñas que depositan su confianza en sus entrenadores.

Para los jóvenes deportistas los entrenadores son personas de enorme influencia, casi a la altura de la propia familia, donde depositan su confianza, sus sueños, sus anhelos, sus ilusiones y todo su esfuerzo y sacrificio para que con su ayuda consigan subir un peldaño más cada día para alcanzar metas. 

Por favor, de sólo pensarlo entran escalofríos. Y de nada sirven estos nuevos “certificados de delitos sexuales”, indispensables para realizar actividades con menores más que para confeccionar un simple filtro que pretende limpiar superficialmente las conciencias de políticos y mandatarios que pocas veces han estado a la altura. 

Necesitamos una ley a la altura de una sociedad que aun no somos pero que debemos pretender ser. Un sociedad que ahora grita “este es un caso que ya se sabía, eran más que rumores”, pues aun peor. Aun peor que la sociedad y las instituciones que lo sabían hayan callado convirtiéndose en cómplices de un señor que destrozaba sueños apoyado en la falsa supremacía de un entrenador en palmas de mandatarios con más ganas de seguir ganando, vete tú a saber qué, más que dinero, propios escrúpulos.

¿Qué le ofrecemos como sociedad a aquellos que no hablaron hasta ahora por miedo? Miedo a no ser escuchados sin estereotipos, miedo a no ser creídos, miedo a ser apartados por la simple necesidad de contar los abusos soportados. 

Si como sociedad no damos espacio al grito y la palabra de estos jóvenes que necesitan contar lo ocurrido para comenzar a pasar página y no convertirlo en trauma, no somos nada. Ni somos sociedad de progreso, ni nos merecemos lo mejor, ni sabremos qué es el verdadero espíritu del deporte. Si callamos con esto, nos hundimos con todo

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