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OPINIÓN

En el programa de Axel Torres no lo hacen

En el programa de Axel Torres no lo hacen
Axel Torres, en "El Club" de BeIN Sports | BeIN Sports
17 Nov 2016 20:11

Todos tenemos ese programa de televisión con el que, cuando haciendo zapping topamos con él, concluye la ronda. Desde hace unos días he incorporado el programa de fútbol de Axel Torres a mi elenco de prioridades y no por lo que hacen, sino por lo contrario…

El azar puso delante de mí un espacio en el que se disponían a analizar la jornada futbolística y observé, para mi sorpresa, que de eso iba. Esto puede parecer raro, pero no es necesaria una gran reflexión para darnos cuenta de que muchos medios están más interesados en que sepamos lo que ocurre alrededor del fútbol, que lo que sucede en él, en el empeño de que el helado nos guste más por el envoltorio que por el helado. Recuerdo a Luis Enrique decir en una rueda de prensa que no le interesaba nada el anuncio publicitario de uno de sus jugadores, porque, ¿qué interés podría tener eso si estamos hablando de fútbol?

Había oído a Axel Torres tiempo atrás en la radio y me pareció alguien muy interesante desde el punto de vista futbolístico, no sólo por sus conocimientos sino sobre todo por su aportación más personal y su visión más subjetiva, sin más imperativos morales que lo que dictan sus sentidos. Sí, más subjetiva, porque es ahora cuando quiero acordarme del genial Woody Allen, que dice que la moralidad es subjetiva, pero también que la subjetividad es objetiva, por lo que si no aceptamos influencias ajenas a nuestro propio criterio cerramos el círculo dando una información viva, distinta, nacida de nuestro particular prisma pero a la vez sensata y real a nuestros ojos, al no admitir injerencias del exterior.

O de un modo más práctico: no había guión y no se trataba de un programa de variedades, sino de fútbol. Hablaron por turnos, no se interrumpieron y cada uno comentó lo que le tocaba sin meterse con nadie, y sin traerlo aprendido de memoria. En mitad del programa no sonó ningún móvil, y nadie se levantó fingiendo hablar por teléfono camino de los pasillos; de hecho no llegó ninguna exclusiva en el último momento y por supuesto ninguna, que fuera verdad.

Estos colaboradores no sufrieron ataques de histeria intercambiando puntos de vista, de hecho no se atacaban, como tampoco he visto que ninguno de ellos tenga colgado en Facebook ningún monólogo en el que reta a alguien a alguna pelea de gallos, mientras va leyendo lo que tiene que decir en el objetivo. Monólogo el que presencié el otro día de Toni Rodríguez y Luis Lara, eso sí que es un monólogo. No hablaron únicamente de dos equipos, por lo visto hay más, y no dijeron nada acerca de Guardiola ni de Mourinho, algo que no debiera ser tan extraño teniendo en cuenta que no participan en la liga que analizaban.

Las sombras que proyectaban las luces del plató detrás de los participantes eran las de ellos mismos, y no las de ningún presidente. Los mejores goles no estaban ordenados por presupuesto, sino por vistosidad y dificultad, y su celebración fue la única fiesta que mostraron. No hablaron de política, ni abierta ni veladamente, algo casi incognoscible hoy, oyendo la radio, viendo la tele o leyendo la prensa… deportiva. No hicieron moviola de los apartados erótico-festivo ni tributario de nadie, y mucho menos los criticaron por ello… ni defendieron.

Apenas hablaron de los árbitros; al parecer, a veces no se equivocan con los equipos grandes. Y sobre todo, nadie con una columna de opinión, con un micrófono o escondido tras un transistor trató de guiar a ningún rebaño a ninguna parte, ni dictó sentencia sobre lo que está bien y lo que está mal, y mucho menos soltando al final la vergonzante coletilla “a partir de aquí sois libres de pensar lo que queráis”, como si no hubieran hecho ya lo suficiente, además de suponer un nada sutil y muy soez insulto a la inteligencia.

Tomás García

Diplomado en Magisterio, AA Salesiano.

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