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OPINIÓN

Harta de los hombres-croissant

ALGO MÁS QUE HABITUAL EN NUESTRO DÍA A DÍA. POR CORAL AJA
07 Oct 2015 22:10
Hombre-croissant | Ibizasla.es

Hombre-croissant | Ibizasla.es

Así es. Lo puedo decir más alto pero no más claro: estoy harta, hastiada, exasperada y cansada, muy cansada, de los croissant. Y no me refiero al delicioso postre. Me refiero a una especie, que lejos de estar en extinción (ojalá) prolifera cada vez más. Seguro que más de una vez lo habéis visto en el gimnasio, su hábitat natural. Su descripción física es la de un hombre cachas y muy fuerte… pero solo de brazos. Le puedes ver en las distintas máquinas de brazos y sobre todo en los bancos ejecutando su ritual diario: el sube y baja de las pesas, discos, mancuernas o cualquier objeto que vaya a aumentar el diámetro de su brazo, tríceps, bíceps, dorsal… Les da igual qué están musculando. El caso es tener los brazos más grandes de todo el «gim». Pero, por desgracia, eso es lo único que parece que trabajan. Sus piernas, finas como dos palillos trabajan lo mismo que su diminuto cerebro. Bueno, quizá me haya excedido en este punto. Seguramente en algún momento de su vida hicieron algún trabajo de piernas. Lo de utilizar el cerebro creo que es un caso perdido que la NASA sigue investigando.

Y ese espécimen común, conocido popularmente como hombre-croissant (pues su sobremusculado tren superior se asemeja a este dulce), no solo tiene la poca cabeza para entrenar o trabajar descompensadamente su cuerpo, sino que encima tienen la osadía de creerse e intentar hacer creer que son «el top del top», el novamás del gimnasio, el mejor, el «a-mi-nadie-me-mira-por-encima-del-hombro», el «¿terror de las nenas?». Un pimiento. Me chirría ver a gente así, que encima de descabezados van de superiores por la vida. Que si ya de por sí no aguanto a las personas que se creen más que nadie, menos si tienen forma de croissant. Son los mismos que cuando ven a una mujer en el gimnasio en seguida sueltan la típica carcajada de «¿qué haces tú aquí?». Pues desde ahora te digo que aguantar tus miradas despectivas no. Lo siento, pero para mí habéis perdido todo mi respeto.

Hombre-croissant parecidos razonables | risasinmas.com

Hombre-croissant parecidos razonables | risasinmas.com

Sí, efectivamente estoy enfadada, por eso escribo en este espacio tan necesario como es Wang enfurecido. Y es que yo no podía estar más enfurecida hoy. Como cada tarde, he salido a hacer  el entrenamiento que me tocaba. Cuento con la suerte de tener un grupo maravilloso de entrenamientos, pero mis clases en la universidad por las mañanas me impiden entrenar con ellos entre semana y tengo que hacerlo sola por la tarde. Hoy, para que os hagáis una idea, tocaba circuito de fuerza.

Me he ido a un parque que tengo cerca de casa, porque es ideal para esto. Escaleras, americanos, saltos, ranas, flexiones y demás ejercicios de fuerza que he ejecutado en un lugar apartado de este parque. Curiosamente, un grupito de hombres-croissant se encontraban cerca haciendo su rutina de sube y baja de brazos, en este caso con las recurridas dominadas en barra. Cuando han acabado, yo seguía a lo mío. Pero claro, siempre tiene que estar por ahí el tonto de turno y ¡bingo! era un personaje de estos. Cuando me he querido dar cuenta, estaban riéndose de mí e imitando (más bien intentando) hacer los saltos de rana por el parque. No han enlazado ni dos seguidos. Les he mirado con una cara que si las miradas mataran habrían caído en el acto, tras lo cual he pronunciado: ¡¿QUÉ?! (por no decir, qué c*** miráis o de qué c******* os reís).

Se han ido con sus risas y su rumba a otro lado. Puede, y soy consciente de ello, de que quizá mi técnica no sea perfecta, pero de lo que sí estoy segura es de que trabajo mi cuerpo por igual, dándole prácticamente la misma importancia al tren superior que al inferior. Equilibrio, en definitiva. Y también estoy orgullosa de decir que no solo cultivo mi cuerpo sino también, y sobre todo, mi mente. Seguro que estos mentecatos no saben ni tan siquiera qué es eso de «mens sana in corpore sano». Tan seguro como que ni tan siquiera sabían qué estaba haciendo. Probablemente pensaban que me había convertido en anfibio por un momento.

En definitiva, estoy harta de los hombres-croissant, de la superioridad en el deporte y de la falta de educación que este tipo de gente transpira por los cuatro costados. Y me ha pasado hoy, en un parque, pero no es la primera vez que tengo que aguantar actitudes como ésta. Y lo peor de todo, es que cada vez son más y más los hombres que se suman a la oleada del croissant. Pues yo no los quiero a mi lado. Yo a los croissants me los meriendo.

Coral Aja

Periodista por vocación y atleta por devoción. Marchadora y comunicadora a jornada completa a caballo entre el mundo aeronáutico y el deportivo. "No hay mejor manera de medir el grado de libertad de un país que consultando su prensa"


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Entrenamiento gimnasio

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