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FIRMAS

Siempre con amor

Para que uno brille, muchos apoyan en silencio y otros tantos continúan esforzándose
Siempre con amor
14 Feb 2019 13:02

Cada 14 de febrero se celebra, como todos sabemos, el día de los enamorados. Para algunos es un día comercial, para otros un día cualquiera, para otros el día del amor. Honestamente, me sitúo entre las dos primeras formas de pensar, no porque no crea en el amor, sino porque creo firmemente que no tiene porque haber un día concreto para celebrarlo, sino que debe trabajarse cada día.

Y, precisamente por ello, la mayoría de los días cuido y doy tiempo a dos de mis pasiones. 

Mi primer amor fueron los libros; el segundo, el deporte, y en concreto, el atletismo. Estas pasiones constantes aportan en ocasiones tantísimas alegrías y desilusiones como cualquier relación personal. 

Hay amores que odias porque te dan disgustos, te hacen llorar, y hay otros que temes pero a la vez adoras porque te hacen intentar superarte y mostrarte hasta dónde eres capaz de llegar (que, en ocasiones, es lo que más miedo da).

Hace unos días encontré un libro muy interesante sobre personas célebres que saltaron a la fama, personas que han realizado hazañas en el mundo de la ciencia, de las letras, de la música o del deporte (para los curiosos, se llama “Quién, qué, cuándo” y ademas de relatos, tiene unos dibujos maravillosos). Pero este libro posee una particularidad; no habla solo de las figuras que llegarían a ser leyenda, sino de aquellas influencias que fueron claves para que dichas leyendas pudieran llegar a serlo: las personas en la sombra, los cómplices olvidados. 

Una de las historias que más me dio que pensar fue la del jugador de baloncesto Dirk Nowitzki y su entrenador Holger Geschwindner. Para quien no lo conozca (como yo antes de leer el libro, pero todos los días se aprende algo nuevo) este entrenador se salía un poco de la norma; había estudiado metafísica, y en sus propias palabras: “Vengo de un lugar diferente. Nunca estudié educación física. Tenía que encontrar mi propio camino” (Revista Slam, 2010). 

Debido a ello, una parte del entrenamiento de Nowitzki se basaba en leer libros tanto de física como poesía que le mandaba Geschwindner, escuchar ópera de Wagner, o tener que bailar al son de la música del saxofón para captar el ritmo de los pasos, el ritmo del baloncesto, el ritmo del deporte; gracias a ello, su entrenador hizo posible el estilo único e implacable del que ha gozado y goza en la actualidad el jugador alemán. Hoy en día Nowitzki ha sido seleccionado 11 veces consecutivas para el partido de las estrellas y es uno de los mejores jugadores europeos de la historia del baloncesto.

Holger Geschwindner y Dirk Nowitzki

Y me dio mucho que pensar. Las leyendas solo hablan de los vencedores, puesto que los ganadores son los que escriben la historia. Y en el deporte, muchas veces se habla únicamente de los que quedaron en los tres primeros puestos del podio, lo cual es lógico, justo y meritorio, porque han conseguido esos puestos con tesón, trabajo y sacrificio, y solo ellos saben lo que les ha costado llegar hasta allí. Pero, si vamos más allá, ¿quién sabe el esfuerzo, trabajo y tesón que realizaron los demás deportistas? ¿Qué ocurre con los quedan en cuarto puesto, con el que queda en el decimotercero, con el que queda el último? 

¿Y qué ocurre con aquellos que quedaron en mitad del camino aún pudiendo dar más? A causa de lesiones, inseguridades, bloqueos… 

¿Y qué ocurre con las madres, padres, abuelos, entrenadores, hermanos, profesoras, familiares, parejas, amigos, que han apoyado en la sombra? 
¿Qué ocurre con todos aquellos que lo han dado todo desde un segundo plano para que esa merecida estrella deslumbre? 

Para que uno brille, muchos apoyan en silencio y otros tantos continúan esforzándose.

Si algo me gusta del deporte, es los valores que enseña, y uno de ellos es la humildad y la valoración del trabajo. Aplaudamos los éxitos de los ganadores pero también el esfuerzo de los que están intentándolo desde las sombras, de los que apoyan en un segundo plano, de los que hacen todo posible.

Y si se debe celebrar un día del amor como hoy, en lugar de festejar el enamoramiento, me gustaría reconocer dos cosas: el amor de los que hacen todo lo posible para que llegues hasta lo más alto y que lo dan todo, puedan o no económicamente, psicológicamente, para que la persona en la que creen pueda florecer; y el mérito de los que insisten y persiguen sus sueños a pesar de no obtener los resultados deseados, porque la fe y el amor que sienten por ellos es demasiado grande como para dejarlos ir… 

A todos ellos, hoy y siempre, feliz día del amor en lo que creen, feliz día del amor por el deporte, feliz día del amor en toda su expresión. 

❤

Adriana Barroso

Adriana Barroso. Graduada en Filología Hispánica. Atleta y soñadora.