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Una década casi perfecta

05 Sep 2015 10:09

¿Qué es una década? Según la opinión más extendida, es el decenio que trascurre desde un año 0 hasta el siguiente 9. Por ejemplo, desde 1990 hasta 1999. Los más puristas, sin embargo, aseguran que va del 1 al 0. La década de los noventa, entonces, transcurriría entre 1991 y 2000. Hoy esa discusión no nos incumbe, para nuestros intereses articulistas valdrían ambas explicaciones. A Fermín Cacho le faltó un año, por delante o por detrás, para completar la década perfecta.

Partidarios de las dos corrientes de contabilidad de décadas en una de sus habituales discusiones

Partidarios de las dos corrientes de contabilidad de décadas en una de sus habituales discusiones

¿Es Fermín Cacho el mejor atleta español de siempre? Quitemos las interrogaciones, pues no hay duda. Es, incluso, uno de los mejores deportistas españoles de la historia, por talento y por capacidad combativa. Hay que ser un competidor genial para lograr medallas de tanta calidad. Hay que ser muy bueno para correr los 1.500 metros en 3:28.95 (Zúrich, 1997), récord de Europa durante 16 años y marca que ningún blanco ha podido superar:

Tras la pequeña decepción del Europeo de Split ’90, donde acabó 11º, la leyenda de Cacho como gran finalista comenzó a forjarse en el Mundial de Tokio ’91, y desde entonces consiguió meterse entre los ocho mejores en todas las grandes citas, hasta Sevilla ’99. Su momento estelar, como sabemos, fue el triunfo en los juegos de Barcelona (3:40.12), uno de los hitos del deporte español.

El día en que gritamos todos

El día en que gritamos todos

Pero no todo acabó en Montjuïc. Brindó muchas más actuaciones magníficas, como los segundos puestos en los mundiales de Stuttgart ‘93 y Atenas ‘97, el oro europeo en Helsinki ’94 y la plata olímpica en Atlanta ‘96. Estupenda resultó también su prestación en su última final importante, la del Mundial de Sevilla, a pesar de que quedara fuera del podio. Fue, recordemos, una final a ritmo de récord del mundo, donde Cacho realizó su segunda mejor marca de siempre (3:31.34), y los tres atletas que le precedieron eran en ese momento muy superiores a él: El Guerrouj, el mejor de todos los tiempos (según el propio Cacho); Ngeny, el próximo campeón olímpico; y Estévez, la nueva estrella del medio fondo nacional. Un año después el soriano renunció a los juegos de Sydney, y entre lesiones y amagos de pasar al 5.000 se fue apagando, hasta abandonar definitivamente en 2003. He aquí sus puestos en los grandes campeonatos:

tabla-cacho

Los datos son asombrosos. Dos primeros puestos, tres segundos y un tercero. Seis medallas y tres puestos más de finalista. Ocho veces entre los cinco primeros. Y todo ello completado con la marca de Zúrich, con la que Cacho rebasó a grandes como Aouita, Cram, Ovett, Maree y Coe. Además, logró siete títulos nacionales al aire libre, en una época de competencia durísima en el 1.500 hispano (González, Pancorbo, Viciosa, Estévez, Redolat, Díaz…). Fue, por descontado, un digno continuador de los grandes milleros españoles de los ochenta, superando lo mejor de cada uno: el talento de González y la firmeza competitiva de Abascal.

Nos queda en el recuerdo algún gesto controvertido de Cacho, como esa diagonal marrullera en el Nacional del ’96 que tanto enfadó a Isaac Viciosa. Además, el estilo del soriano no maravillaba. Su correr era poco elegante, menos fluido que otros de su tiempo, como los de El Guerrouj, Niyongabo o Estévez. Y su propensión a mirar constantemente hacia atrás llegaba a irritar al aficionado (“¡mira adelante, que es ahí donde está la victoria!”, le gritaban).

Pero era un contrincante al que había que sudar mucho para ganar. En la gran competición no fallaba, solo podía ser batido por el que fuera claramente mejor y además tuviera un buen día. A su clase natural, su inteligencia táctica y su ambición unía su capacidad para aprovechar los contratiempos del rival, ya fuera una mala tarde de Morceli en Barcelona o una caída de El Guerrouj en Atlanta.

Cacho elude la caída de El Guerrouj en 1996

Cacho elude la caída de El Guerrouj en 1996

Aun con esas piernas superdotadas, lo mejor de todo lo tenía en su cabeza: antes de cada carrera estaba convencido de que ganaría, porque ahí, en ese momento, se consideraba imbatible. No dudaba. Al toque de campana le daban igual las marcas de sus contrincantes. Se presentó a los JJ. OO. de Barcelona con la 27ª mejor marca del año, y en la última vuelta nadie pudo con él.

Cacho, con su compañero de entrenamientos, Antón, y su entrenador, Pascual

Cacho, con su compañero de entrenamientos, Antón, y su entrenador, Pascual

Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.

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