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Lesiones

‘Consejos para afrontar las lesiones deportivas’ por Coral Aja

‘Consejos para afrontar las lesiones deportivas’ por Coral Aja
El saltador de altura ecuatoriano Diego Ferrín | Teledeporte
02 Sep 2013 17:09
 

Si consultamos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua, encontramos esta definición de lesión: “Daño o detrimento corporal causado por una herida, un golpe o una enfermedad”.

Y nada más lejos de la realidad. La lesión del deportista en la mayoría de los casos es causada por un golpe, una mala pisada, una caída, una enfermedad… Supongo que todos sabemos qué hacer y dónde acudir en caso de lesionarnos: al fisioterapeuta.

Mi consejo es que este fisio sea tu confianza, es decir, que conozca tu historial deportivo y de lesiones pasadas (si las hubiera). En el caso de ser la primera vez que acudes a un profesional, pregunta en tu círculo más cercano o a tu entrenador, ellos te aconsejarán por experiencia. Este paso, aunque obvio, es muy importante ya que es la persona que va a tratar tu lesión y la que va a ayudarte a recuperar. Debemos saber, por ejemplo, que un masajista no es lo mismo que un fisioterapeuta, ya que el trabajo que realizan es diferente. Por ello, primer paso: elige un buen profesional y de confianza.

Una vez superado el tiempo de tratamiento y posterior curación de la lesión (dependiendo del daño varía de días a semanas o incluso meses) viene la parte más importante de todo el proceso: la vuelta al entrenamiento.

Después de un tiempo sin entrenar o haciéndolo a “medio gas”, el deportista está ansioso por  recuperarse completamente. Esta ansiedad es la que provoca  que pasemos de 0 a 100 en dos días, forzando de manera casi antinatural a nuestros músculos. Debemos ser conscientes que en la recuperación de la lesión está implicada una progresiva adaptación del cuerpo al entrenamiento. Tenemos que empezar poco a poco, sin prisa, añadiendo más intensidad a los ejercicios a medida que nuestro cuerpo va asimilando todo el proceso. De ello dependerá en gran medida el éxito en la recuperación. Si, por el contrario, retomamos un nivel de entrenamientos similar al que teníamos antes de lesionarnos, lo más probable es que recaigamos, agravando el daño y sus consecuencias.

Y durante todo este proceso, ¿qué ocurre en el cerebro del deportista? Según varios psicólogos deportivos, la mente del atleta atraviesa distintas fases. La primera, tras producirse la lesión, podríamos calificarla de negación. El deportista experimenta diversos sentimientos, entre los que destaca el siguiente pensamiento: “Esto no me ha pasado a mí, no estoy lesionado”. Cuando el daño es diagnosticado, irremediablemente no queda otra opción que afrontarlo.

Una vez asimilado el daño, la siguiente fase es la más común: el miedo y la confusión. “¿Por qué me ha pasado esto a mí?”, “¿Qué he hecho para lesionarme?” o “Seguro que me pierdo toda la temporada” son sólo algunas de las dudas que se pasan por la cabeza del atleta. Está bien pensar en qué ha pasado para que se produzca la lesión, pero solo para evitar que ocurra su reaparición en el futuro. El resto, sobra. Lo último que tiene que hacer todo deportista es lamentarse por lo ocurrido.

No se puede vivir anclado en el pasado, pensando en el buen estado de forma en el que te encontrabas antes de lesionarte y las expectativas que tenías entonces. Y sobre todo, no pienses en que te vas a volver a lesionar en cuanto retomes los entrenamientos. Es el peor error de todos. La mente es mucho más poderosa de lo que creemos, y si vivimos con el miedo de volver a hacernos daño, al final nos  haremos daño. El miedo es el peor de los enemigos. Puede provocar desde un cambio inconsciente en la pisada (como forma de “proteger” el músculo lesionado) hasta evitar que estés al 100% en un entrenamiento o competición (por temor al posible daño).

Por ello, es importante alejar de nosotros todo pensamiento negativo que vaya en detrimento de nuestra mejoría. Hay que cruzar a la última fase: la recuperación definitiva. Piensa en positivo, cambia el chip y proyéctate en un futuro a medio-largo plazo. Márcate unos objetivos y ve a por ellos (con calma y progresivamente, como bien hemos detallado anteriormente). Intenta superarte día a día y no pienses en la lesión, pero tampoco te olvides de ella. Es una zona que hay que “mimar” más que otras. Por ejemplo, ponte hielo en la zona afectada después de cada entrenamiento, y todo lo que puedas hacer para evitar daños posteriores tanto en la zona afectada como en el resto del cuerpo, como estirar, hazlo.

Y recuerda: “No es grande aquel que nunca falla, sino aquel que nunca se da por vencido”.

Coral Aja

Periodista por vocación y atleta por devoción. Marchadora y comunicadora a jornada completa a caballo entre el mundo aeronáutico y el deportivo. "No hay mejor manera de medir el grado de libertad de un país que consultando su prensa"


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ConfianzaSaludFisioterapeuta

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