Síguenos en InstagramSíguenos en FacebookSíguenos en TwitterSíguenos en Youtube

Fútbol femenino: episodio I

Fútbol femenino: episodio I
29 Sep 2014 20:09

Corren malos tiempos, la economía mundial y por ende la española, inmersas en plena crisis se agarran, con una mano, al famoso clavo ardiendo; mientras con la otra sueltan como «lastre» todo aquello de lo que piensan pueden prescindir; como muestra, el deporte. El hecho de que la situación actual influya negativamente, en calidad y cantidad, en la iniciación deportiva (escolar o no) en los centros y medios para el público en general, y en los presupuestos que deberían sustentar a las federaciones, sus clubes y sus deportistas, sólo puede definirse como catástrofe.

No obstante, hayamos una curiosa paradoja en el fútbol. Es el deporte que «tiene derecho» a hacerlo todo mal, porque será perdonado una y otra vez. Si se rompe un sólo eslabón de la cadena que conforma el entramado económico tan grotesco en que se ha convertido hoy el fútbol, se produciría una fuga de capitales que no agradaría a muchos, quienes han convertido un deporte en un espectáculo, primero, y en un negocio después. Es por esto que todas las partes se ayudan, para proteger el conjunto. La paradoja está en que he dicho fútbol, donde debí decir fútbol profesional masculino, incluso dejando al margen a muchos clubes que entrarían en esta definición, pero que sin embargo, por desgracia, también se sitúan en la cuerda floja sin haber sufrido una gestión «interesada».

En acción, Vero Boquete con la Selección Española

En acción, Vero Boquete con la Selección Española | RTVE

Y es que el fútbol femenino, casi sin ayudas y en muchos casos al borde del desamparo representa exactamente lo contrario. En un claro alegato a favor del «futfem», presento la hipótesis de que el dinero no puede comprarlo todo y que, siendo tan necesario, existen una serie de valores que son más relevantes aún para la existencia y buen desarrollo de un club de fútbol. Toda hipótesis debe plantearse con una serie de afirmaciones que la argumenten pero creo poder sintetizar mi «tesis» lanzando una pregunta al aire. ¿Cómo es posible, que «con la que está cayendo», exista una liga de fútbol femenino que no tiene el seguimiento, el respaldo, la difusión, ni los medios de ningún tipo para afrontar dicha competición? La existencia misma del fútbol femenino es la propia demostración de que la ilusión, el deseo de cumplir un sueño y la más absoluta entrega a una actividad deportiva pueden concluir en que un grupo de chicas se unan para realizar juntas lo que más desean: jugar a fútbol y desarrollarse como personas, haciéndolo sin recibir el apoyo económico que, sin duda, merecen.

Porque ahí hallamos otra gran diferencia. Los chicos no se ponen techo a la hora de jugar a fútbol, y sueñan con la gloria, y en ser protagonistas de grandes gestas largamente recordadas…; jugar a fútbol es el techo de las chicas, que saben que sentirse realizadas en lo personal y en lo deportivo es su última meta. Y no necesitan más para levantarse cuando se caen, llorar cuando pierden, entrenar hasta que no les quedan fuerzas para ganarse un sitio en el equipo y en definitiva, dar todo lo que son por este deporte en la misma medida que lo hacen quienes tienen miles o tal vez cientos de miles de seguidores.

La situación descrita encajaría a la perfección, soy consciente, en un sinfín de disciplinas deportivas castigadas por la ausencia de sustento económico. La ilusión es la misma en todas partes y el derecho a luchar por lo que te gustaría hacer, universal. Mi alegato por el futfem lo es, y lo sustento precisamente en esta idea, porque a mí, lo que me gusta, no es el fútbol masculino, ni tampoco el femenino…; me gusta el fútbol. Porque el balompié lo es en todas partes, lo practique quien lo practique, y el hecho de que sean chicas no lo convierte en otra cosa. Presenciando el Sporting vs. Oviedo Moderno de hace dos domingos, determinada jugadora pasó de ser la mejor en su puesto a no rendir porque no juega en su posición, en menos de quince minutos…., ¡es la esencia misma del fútbol!; otros criticaron los cambios que se hicieron y alguno culpó a la Federación de todo lo que allí sucedía… Es como estar en Zorrilla, en el Pizjuán o en Balaídos, es el mismo idioma.

Y por supuesto, que lo practiquen chicas no lo convierte en algo peor. Nos han inculcado, desde pequeños, unos estereotipos válidos y generalizados para los chicos y otros, para las chicas. El resultante es un montón de «despistados», llamémosles así, que cuando piensan en fútbol femenino no reciben imágenes de chicas sudando, sangrando si se dan un golpe, o gritando mil maldiciones a la compañera que se ha comido la marca.

Pues, señores «despistados», si se acercan ustedes a una de ellas tras el partido comprobarán que también necesitan una ducha. Y ante un balón dividido reaccionan igual que un chico: jugándose la tibia y el peroné. A veces, como dijo Baresi del irrepetible Puyol, «ponen la cara donde algunos chicos no pondrían el pie» porque no hay diferencia alguna.

Los amantes del futfem sabemos que Verónica Boquete podría jugar en cualquier lugar del mundo. A los «despistados» les emplazo a que comprueben que se están perdiendo, sin saberlo, un trocito de fútbol. Véase lo que una chica llamada Alexia es capaz de hacer en una final de la Copa de la Reina; tal vez por lo espectacular y en el contexto que se produce, una buena primera opción para enganchar.

Continuará…

Tomás García

Diplomado en Magisterio, AA Salesiano.


Etiqueta asignada a este artículo
OpiniónFútbol femenino

Sin comentarios

Escribir un comentario
Todavía no hay ningún comentario Puedes ser el primero en comentar este artículo

Escribir un comentario

<

Introduce la respuesta: * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies