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Heroica batalla en Valencia: claves de la victoria de Andy Murray sobre Tommy Robredo

Heroica batalla en Valencia: claves de la victoria de Andy Murray sobre Tommy Robredo
Psicóloga deportiva y entrenadora de baloncesto
26 Oct 2014 23:10

Robredo y Murray, exhaustos tras finalizar el partido

Robredo y Murray, exhaustos tras finalizar el partido | RTVE

La gran final del Valencia Open 500 fue un partido agónico, de esos que hacen afición. Golpe a golpe, Andy Murray y Tommy Robredo se metieron en el bolsillo al público valenciano reunido en el Ágora. El escocés, que había levantado gran polémica en su país al pronunciarse a favor de la independencia escocesa en los últimos meses, se llevó un partido por 3-6, 7- 6, 7- 6.

El primer set fue para el español, 3-6, ante un Murray que sembraba incógnitas en cada punto. Maldecía su suerte y murmuraba mil lamentos con cada golpe del español. Robredo por su parte, muy serio, hacía bailar de lado a lado al escocés que no conseguía buscarle las cosquillas al de Hostalrich. El español debía intentar llevarse el partido por la vía rápida para evitar sufrir las consecuencias de la dureza de sus partidos anteriores, y evitar sufrir más de la cuenta ante un rival acostumbrado a este tipo de finales.

El segundo set fue el vivo reflejo del carácter sobre la pista del escocés, siempre muy escurridizo. Supo sobreponerse a cada punto de rotura del español y en un tie break de alto voltaje pudo apuntarse esta segunda manga en su casillero. El escocés sobrevivió a dos bolas de partido para Robredo, y desafiante miraba a su banquillo que empezaba a desesperar. El partido por tanto iba a decidirse en un tercer set, y ambos empezaban a sufrir las consecuencias de los partidos anteriores, de gran dureza, y los calambres comenzaban a hacer aparición.

El tercer set fue agónico. El escocés ya no podía sentarse para evitar aún más calambres, y el español apenas podía impulsarse para sacar. Un combate que llegaba al KO, a un “tie break” a quemarropa. Robredo disfrutó de dos bolas de partido que no pudo aprovechar, y en un partido de esta calidad, frente a un Top 10, no puedes perdonar este tipo de oportunidades. Y ahí quién sabe si a Robredo le aparecieron los fantasmas de la final de Shenzen, donde perdió hace apenas un mes frente al escocés, o los fuertes calambres en las piernas, pero terminó por sucumbir ante un Murray que, a pesar de sus altibajos, hizo alarde de su enorme calidad con puntos de verdadero top mundial.

Agradecer el enorme esfuerzo a tumba abierta que realizaron ambos jugadores, pues corrieron por toda la pista persiguiendo los golpes de su adversario, y disputaron un partido de verdadero Master 1000. Ofrecieron un nivel al que poco más se le podía exigir, y el Ágora supo agradecérselo con un sonoro aplauso en cada punto. A sus pies, Mr. Murray y Sr. Robredo.

Claves psicológicas del partido:

Robredo falló en los puntos clave, pareció desconcentrado en el tramo final. Cuando las piernas no funcionan, la mente aparece como gran aliada o gran enemiga, y hoy le pasó factura al catalán que no pudo mantener la concentración en el último tie break. Sí lo hizo en el primer tramo, muy sereno y concentrado. Robredo tuvo dos puntos de partido, merecidos, y, con golpes precipitados, de nuevo volvió a dejar pasar la oportunidad de derrotar al escocés. Es de alabar el juego que desplegó, de número 1, no mereció perder, sí ganar, pero no se puede perdonar tanto ante un top mundial como Andy Murray. 

Si algo quedó claro en el partido fue la necesidad del escocés de desafiar a su banquillo en cada punto crítico. Cuando parecía estar en el alambre, Murray sacaba su mejor juego, y miraba a su banquillo, encabezado por su entrenadora Amélie Mauresmo para recordarles que sabe lo que hace, que sabe sobreponerse a este tipo de puntos críticos. Parecía en la necesidad de sentir ese nerviosismo de verse sin capacidad de errar para sacar sus mejores puntos, y ahí, cuando golpeaba con fuerza el tenista catalán Murray aguantaba de pie. Sobrepasaba a Robredo y volvía a mirar a su banquillo, desafiante, como si el rival fuese su equipo técnico. En realidad buscaba la fuerza que en sus piernas parecía no contar, se abstraía del público que jaleaba a su rival y focalizaba su atención mejorando su concentración.

Y ahí está la estrategia del escocés, en marcar un punto de focalización ante situaciones estresantes, críticas en el partido, para sacar su mejor tenis, reducir los niveles de estrés y/o ansiedad y desplegar su mejor gama de golpes, y desde luego, en este partido, le ha funcionado.

Silvia Bartolomé

Psicóloga deportiva y entrenadora de baloncesto


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Andy MurrayComunidad ValencianaEscocia

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