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Juan Miguel Estévez: «Todavía no soy consciente de los kilómetros que he recorrido»

Juan Miguel Estévez: «Todavía no soy consciente de los kilómetros que he recorrido»
25 Nov 2013 21:11

JUAN MIGUEL ESTÉVEZ DE CAMINO A SANTIAGO

JUAN MIGUEL ESTÉVEZ

MERECIDO PREMIO DESPUÉS DE UNA BUENA ETAPA

JUAN MIGUEL Y ANUSKA EN NUEVA DE LLANES

EL HÉROE JUAN MIGUEL ESTÉVEZ

Han pasado ya varias semanas desde que Juan Miguel Estévez llegara a Santiago de Compostela a golpe de zapatilla. Nos reunimos con él pocos días después de su vuelta a Madrid. Eran las seis de la tarde de un viernes, y Juan Miguel nos recibió con la mejor de las sonrisas. No se apreciaba en él ningún signo de cansancio, ni tan siquiera un bostezo. Estábamos delante de un verdadero súper-hombre.

Una vez sentados y con la confianza de unos amigos que se conocen de toda la vida, comenzamos a hablar. Porque esto no era una entrevista, sino más bien una conversación más que agradable.

«Sólo quería correr, olvidarme del día a día…Y eso lo he conseguido»

Juan Miguel comienza haciendo un balance de todo su recorrido. Lo califica como “una experiencia inolvidable”, en la que ha disfrutado mucho porque nunca se había marcado unas pautas estrictas en cuanto al tiempo: “Sólo quería correr, olvidarme del día a día, del curro, de todas las cosas…Y eso lo he conseguido, porque mientras corría me ponía mi música y desconectaba”– nos cuenta con satisfacción.

Cada paso que daba y cada kilómetro que recorría lo iba viviendo con la intensidad de un niño que hace su primera excursión por el monte. Sin embargo, nuestro corredor es ya una persona habituada a este terreno. Además de estar muy experimentado en carreras de montaña, era la tercera vez que hacía el camino de Santiago: “Éste es mi tercer camino. He hecho uno andando, en enero de 2004, desde Roncesvalles hasta Burgos y de Ponferrada a Santiago. En el 2010 lo hice desde Ávila, en bici”. Pero esta vez ha sido diferente, lo ha encarado de otra manera: “Aquellas veces lo disfruté, pero esta vez lo he hecho de otra forma. Sobre todo en el sentido de ánimos y mentalmente”.

Nos confiesa que el camino, aunque lo ha disfrutado, ha sido en algunos momentos duro, pero que el apoyo que recibió de sus familiares, amigos e incluso de desconocidos le dieron la fuerza que en ciertas ocasiones fallaba: “Cuando flaqueaba un poco, miraba el móvil y veía tropecientos mensajes de apoyo de amigos, familiares y de gente que no conocía de nada y la verdad es que eso era increíble”.

El hecho de que cada vez más gente ajena a él se enterara del reto que estaba realizando, le llenaba de satisfacción, pues Juan Miguel corría con un claro objetivo: Concienciar a la población de la importancia de la donación de médula ósea. Él ya sufrió muy de cerca la enfermedad de la leucemia, cuando hace poco más de un año se lo detectaron a su hermana Ana. Por suerte, su otra hermana, Ángela, era compatible con ella. A pesar de que tuvo que esperar a que Ángela diera a luz (pues en ese momento estaba embarazada y no podía someterse a la donación), el trasplante se hizo efectivo y fue todo un éxito.

«Yo que ya había vivido lo difícil que es encontrar un donante quería que dejara de serlo»

Juan Miguel, ya tenía en mente ir a darle las gracias a Santiago por la llegada de su hijo el pasado año, pero con la aparición de la enfermedad de su hermana decidió no moverse de su lado. El abulense nacido en Gijón, con las esperanzas puestas en una posible y pronta recuperación, se prometió a sí mismo que si su hermana se curaba iría a Santiago a agradecérselo, pero de una forma muy especial, corriendo.

Sin embargo, no quería que éste camino fuera uno más: “Yo que ya había vivido lo difícil que es encontrar un donante quería que dejara de serlo. Entonces tuve una primera idea, que por diferentes motivos no pude ponerla en marcha, pero que consistía en conseguir 712 donantes, y yo correr 1 kilómetro por cada uno de ellos. Como esto no fue posible, con la ayuda de mis amigos hicimos la página Web y el día antes de marcharme grabamos las escenas del vídeo promocional”. Decidió entonces recorrer los 712 kilómetros que separan Bilbao de Santiago, puesto que “ya tenía ganas de hacer el camino del norte”. 

Y así fue. El 18 de octubre iniciaba un viaje, el de su vida, el de la vida de muchos. Un viaje que no ha estado exento de anécdotas ni de coincidencias: “El día que operaron a mi hermana fue el día de Santiago, y cuando yo llegué a Santiago de Compostela cumplía su día número 100, que es el gran hito, pues dicen que los trasplantados empiezan a partir de este momento a hacer una vida más normal y el riesgo de rechazo va disminuyendo. Entonces se sumaron una serie de cosas que sin ser planificadas se iban poniendo de acuerdo”.

«Se unieron una serie de cosas que sin ser planificadas se iban poniendo de acuerdo»

Pasaban los días y los kilómetros se iban acumulando en sus piernas sin ningún efecto secundario. Ni tan siquiera sufrió las temidas agujetas. Él mismo nos cuenta que esto era lo que más le llamó la atención: “Me quedé muy sorprendido por la recuperación de mi cuerpo. Por la noche al acostarme me dolía algo y cuando me levantaba por la mañana y ponía el pie en el suelo, ya no sentía nada. Y no hacía nada especial; estiraba, cenaba y descansaba. Y luego por las mañanas volvía a estirar”. Tan sólo atravesó un momento crítico con las molestias que le estaba provocando el cuádriceps, que tan pronto como vinieron se fueron. Juan Miguel, que siempre ha sido muy receptivo a todo lo relacionado con la espiritualidad y la filosofía oriental, cree que algo ha tenido que ver el Reiki que le estaba practicando una amiga a distancia: “Eso o que mi cuerpo se regenera a una velocidad de infarto (risas), pero yo creo que el Reiki me ayudó verdaderamente”.

Sin una preparación previa específica, y con su experiencia de corredor por bandera, este valiente hombre fue atravesando todo el norte a maratón diario, algunos días incluso llegando a los 50 kilómetros. ¿Su secreto? No se lo calla, su verdadera gasolina es nada más y nada menos que el chocolate: “El primer día que salí a correr me tomé dos tazas de chocolate de hacer para desayunar. Los primeros 20 kilómetros fui como una moto, y como luego iba comiendo no me pegaba el bajón. Yo siempre he sido un adicto al chocolate y cuando salgo a correr es la excusa perfecta. Algo bueno tiene que tener que incluso las monjas de clausura lo toman en el desayuno cuando están en ayunas, y con la experiencia que tienen… Eso sí, tiene que ser de más de un 70% de cacao”.

«Soy positivo por naturaleza. Si hoy lo he pasado mal,mañana lo pasaré mejor»

Algo que día a día, etapa a etapa, hemos podido comprobar era la capacidad de Juan Miguel de intentar ver siempre las cosas por su lado positivo. Él mismo admite que es “Positivo por naturaleza. Es una tontería ser negativo, porque te vas a pasar toda la vida sufriendo. Si hoy lo he pasado mal, seguro que mañana lo pasaré mejor”.

De hecho, al preguntarle por su peor momento en el recorrido, responde con un “apenas he tenido momentos malos”, y nos cuenta uno de los mejores días a nivel emotivo de toda su trayectoria: “El mejor día fue el que pasé con el Sporting. Conocer a mi ídolo de la infancia, Quini, y ver lo maravillosa persona que es, cómo se comportó y todo, fue espectacular. Porque no tenía ninguna obligación ni de recibirme ni de nada. Y mucho menos de sacar a toda la plantilla de allí, de llamar a todos los periodistas… Y luego cómo se comportó con mi familia, la equipación que le regaló a mi hijo… Fue maravilloso”.

No se olvida del momento de su llegada a Santiago, donde le esperaban parte de sus familiares. Y tampoco arrincona la gran noche que pasó en Nueva de Llanes, donde le ofrecieron alojamiento, servicio de fisioterapia y cena totalmente gratuitos: “Ese día no me faltó de nada, fueron súper atentos”-recuerda con una sonrisa.

Sus amigos y compañeros de trabajo también le han apoyado al máximo, algo que emociona mucho a Juan Miguel: “El apoyo de amigos y compañeros de trabajo ha sido espectacular, muchos de ellos aún tienen en sus mesas los carteles de “712 kms. Dona médula”. Se han movido mucho. Me fui sin hacer ruido y se fue corriendo la voz”.

«Si me dicen de repetirlo mañana, lo haría. Se me han pasado los días rapidísimo»

Si pudiera describir su gesta en pocas palabras, él lo tiene claro: “Ha sido todo un exitazo”. Tanto, que estaría dispuesto a repetirlo mañana mismo si se lo propusieran: “Si me dicen de repetirlo mañana, lo haría. No he llegado nunca al final de una etapa con la sensación de querer abandonar o estar cansado de correr. Al contrario, yo creo que con la motivación emocional era tan alta, se me han pasado los días sin darme cuenta, rapidísimo”. Eso ha sido un pilar muy importante, algo que no le ha dejado caer. “Creo que todavía no soy consciente de los kilómetros que he recorrido”– concluye.

Quizá él no sea consciente de todo lo que ha atravesado, vivido y recorrido en tan sólo 17 días, pero de lo que sí estamos seguros es que su mensaje ha llegado a casi todos los rincones de los hogares españoles. Despacio, pero sin perder fuerza. Ahora más que nunca, que se oiga: Dona médula.


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