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La recta más bella

05 Ago 2015 14:08

El único duelo digno es el que enfrenta a contendientes con una fuerza similar. La única victoria hermosa es la que se produce en ese contexto

Sydney, 25 de septiembre de 2000. El keniata Paul Tergat sale de la curva del 200 con una ligera ventaja sobre Haile Gebrselassie. A cien metros se encuentra la gloria. Se siente fuerte, más que nunca, pero no se fía. Conoce bien al etíope. De hecho, ambos atletas pisaron los dos cajones altos del podio cuatro años antes, tras la final de 10.000 metros de los JJ.OO. de Atlanta. Abel Antón, doblado poco antes de la llegada en aquella carrera, contempló desde la distancia cómo Gebre se imponía con claridad a Tergat.

Salah Hissou, detrás de los dos grandes en el podio de Atlanta. El marroquí tampoco era malo

Salah Hissou, detrás de los dos grandes en el podio de Atlanta. El marroquí tampoco era malo

Después se enfrentaron en otras grandes citas, y el resultado siempre fue similar: la velocidad terminal de Gebre le otorgaba la victoria ante Tergat. Así ocurrió, tras Atlanta, en la final de los mundiales de 1997, en Atenas, y 1999, en Sevilla.

A Gebrselassie, muchos aficionados y especialistas lo sitúan en la cumbre histórica del atletismo. ¿Es el mejor fondista de siempre? Difícil, la competencia es seria. En todo caso, si no el mejor, es de los mejores, qué duda cabe. A su impresionante currículo (entre otros logros, 2 veces campeón olímpico, 4 mundial al aire libre y un buen número de récords del mundo, incluidos dos de maratón) y su dilatada carrera (casi 20 años en la élite) se unen otras virtudes intangibles, como su tirón mediático y popular, sustentado sobre todo en su simpatía. En ese aspecto, no tuvo difícil superar a su predecesor en lo alto del podio olímpico, Khalid Skah, el atleta más odiado de los que pisaron el tartán de Montjuïc en 1992, y del que hablaremos otro día.

Skah, campeón de 10.000 en Barcelona tras una desagradable carrera

Skah, campeón de 10.000 en Barcelona tras una desagradable carrera

Un momento… ¿Gebrselassie el más simpático? Moses Tanui no pensaba lo mismo:

Tanui amenaza con arrear un zapatazo a Gebre tras la final de 10.000 de Stuttgart ‘93

Tanui amenaza con arrear un zapatazo a Gebre tras la final de 10.000 de Stuttgart ‘93

Y Josephat Machuka tampoco:

Machuka propina un puñetazo a Gebre en la recta final de 10.000 del campeonato mundial junior de 1992

Machuka propina un puñetazo a Gebre en la recta final de 10.000 del Campeonato del Mundo júnior de 1992

Pero volvamos al duelo entre Gebre y Tergat, el asunto que nos ocupa hoy. El keniata era más austero, menos gestual, no transmitía tanto, no dedicaba al público esas estupendas sonrisas en la salida y la llegada, como hacía el etíope. Se deslizaba, sin embargo, con una elegancia máxima y, como Gebrselassie, tuvo una estancia en la élite muy prolongada. Aun con menos logros, Tergat también ostenta un currículo con el que muchos nos conformaríamos: pentacampeón mundial de cross, bicampeón de medio maratón y recordman de 10.000, medio y maratón.

En la final olímpica de Sydney, Tergat sentía amenazantes la respiración y las pisadas de Gebre a 80 metros de la meta. Aun así, resistía, con su zancada fluida, sin crispación. No se derrumbó ante el número uno. Aguantó, como solo los valientes aguantan. El etíope había vencido muchas veces, pero aquella tarde la racha se podía romper.

Últimos metros. A la gloria solo llega a través del sufrimiento | © Stu Forster /Allsport

Últimos metros. A la gloria solo llega a través del sufrimiento | © Stu Forster /Allsport

No ocurrió así: Gebre superó la cadencia de Tergat y se impuso. Por solo nueve centésimas. En la recta final Gebrselassie fue, hasta la aparición de Bekele, invencible. Nadie podía con él, Tegat tampoco. Fue una lucha bella, pero también desgarradora. Los seguidores del keniata lloraron su derrota, pero los del etíope lamentaron igualmente que la victoria de su ídolo privara al gran Tergat del máximo honor olímpico.

Aquí tienen el vídeo. “Oh là là là là”, exclama, emocionado, el locutor:

El saludo tras cruzar la línea de meta fue limpio, sincero. El keniata pasó el brazo por encima del hombro del pequeño etíope, y este respondió con su acostumbrada sonrisa. Acababan de protagonizar uno de los más brillantes episodios del olimpismo. La recta final del 10.000 de Sydney es el culmen del deporte. Por emoción y por estética. Por grandeza. Porque resume las enormes carreras de dos deportistas ejemplares. Lástima: es difícil que vivamos un episodio similar. Como pensamos los veteranos, esos tiempos no volverán.
Afortunadamente, los veteranos nos equivocamos mucho.

Dos grandes en Londres

Dos grandes en Londres

Óscar Monterreal

Doctor en Historia del Arte, profesor universitario, diplomado en Magisterio (Educación Física) y escritor.


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