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‘Mi experiencia inolvidable en Moscú’ por Diana Martín Giménez

‘Mi experiencia inolvidable en Moscú’ por Diana Martín Giménez
19 Ago 2013 22:08

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Diana Martín en el paso por la ría | Diana Martín Giménez

Diana Martín, 11º del mundo | Diana Martín Giménez

La final de los 3.000m. obstáculos del Cto.del Mundo en Moscú ha sido mi objetivo desde que acabé mi actuación en los JJOO de Londres el año pasado. Un objetivo ambicioso y difícil que ha estado presente no sólo en mi mente durante toda la temporada, también en mis entrenamientos. Y es que para llegar en el mejor momento de forma, no sólo hay que correr, también hay que entrenar a diario con la vista puesta en ese día.

Moscú me ha parecido una ciudad de contrastes. La frialdad de su gente, el caótico tráfico, las aglomeraciones en el metro, e incluso cierta desorganización de la competición contrastaba con el impresionante estadio olímpico e instalaciones, la encantadora Plaza Roja que arranca una sonrisa de admiración a cualquier viajero o las innumerables bellas iglesias y estaciones de metro. También, me es difícil de entender cómo un país donde los prostíbulos están legalizados, puede sentir rechazo hacia la comunidad gay. Sin embargo, yo sí percibí como entre la gente mayor, que ha vivido el comunismo que les ha marcado una personalidad tan seria que roza la antipatía, se está haciendo hueco una sociedad de gente joven más abierta y con ganas de abrirse al turista y aprender inglés.

La semifinal era mi final. Tenía que darlo todo para poder cumplir mi objetivo. Mi semifinal era claramente más dura que la primera aunque siempre es una ventaja correr en la segunda porque sabes ya el tiempo de clasificación. Ya en pista, mi entrenador Antonio Serrano y el seleccionador Luis M. Martín Berlanas me dijeron que el pase a la final era de 9´42”. Aunque tuve buenas sensaciones, tengo que reconocer que corrí torpemente, dando muchos pasitos en los obstáculos y desacelerándome en cada ría. Además, corrí un poco desorientada porque al estar la ría por fuera, la vuelta mide 420m y los tiempos de paso son diferentes. Por suerte, oí a voces el paso del 2.000m (6´24”) y confié ya en pasar. Finalmente, clasifiqué 8º de mi serie y desde el momento que crucé la línea de meta, ya estaba pensando en cómo iba a recuperar las “patitas” después de una carrera a 9´39

Masaje con hielo y tirarme a la cama todas las horas posibles, eso fue lo único que pude hacer. Aparentemente parece fácil, relajante y hasta apetecible para cualquiera. Pero mentalmente se hace duro. La tensión de la final, la incertidumbre del resultado y la preparación al sufrimiento son 3 cosas que no se sobrellevan mentalmente tan fácil. El cuerpo, que es muy sabio, se prepara para el momento clave y automáticamente se comporta ahorrando toda la energía que puede, ¡al menos el mío!, y parece que todo te cansa, todo te molesta…hasta el ansiado día.

Martes y trece era la fecha de la final. No soy supersticiosa y sé que la carrera tiene que depender de mí y no de las demás. Si quería estar cerca de mi marca personal, a los 3 días de una dura semifinal, tenía que gastar la menor energía posible en carrera así que estuve muy concentrada en mejorar mi técnica de cara a la final. Parece imposible, pero yo sabía que esos “pasitos” antes de cada obstáculos eran dudas y no falta de técnica. Cuánto más fuerte afrontara la ría, más fácil iba a salir de ella.

Así que con ilusión, con muchas ganas de disfrutar de un acontecimiento único en mi vida y muy concentrada en la competición, afronté la final. La salida a pista me puso los pelos de punta con la ovación del público a Isinvayeba. Parecía que el estadio se caía. Ya desde el pistoletazo de salida, las tres kenianas y tres etíopes se escaparon a ritmos casi de record del mundo lo que dejó la competición en un primer grupo africano y un segundo europeo. La ucraniana y una de las alemanas, estaban por encima de las demás y el resto, aunque todas tenían mejor marca que yo, estábamos más igualadas.

Estoy muy orgullosa de haber podido llevar a cabo mi táctica. En cada ría, aceleraba y recortaba distancia o adelantaba puestos. Los obstáculos los pasaba limpiamente lo que me permitió, después de un primer kilómetro a 3´10”, disputar con Moldner y la ucraniana Zhudina el 8º puesto hasta casi el final. Aunque el último mil, con 3 rías, lo corrí en 3´11´´, en la última vuelta se me escaparon aquellas dos mujeres y en los últimos 200m tuve que apretar los dientes al sprint con la inglesa McColgan, la otra alemana Krause y la rusa Gorchakova. Las 4 llegamos a meta en poco más de un segundo.

Finalmente, un 11º puesto que me deja muy satisfecha por haber luchado hasta el final por ese soñado puesto de finalista (8º) y sobretodo por plantearme una final de un campeonato del mundo donde yo me centré en mi carrera y no esperar la actitud de las demás.


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